Propósitos de Año Nuevo

publicado en: Desarrollo personal | 0

Lámparas de Año NuevoCuando comienza el año es de lo más habitual hacer revisión del año pasado y propósitos para el año recién estrenado.

Y la realidad es que, al final, lo normal es quedarnos exactamente igual.

Es lógico.

¿De verdad esperamos que cambien las cosas por algo que, como mucho, es una triste lista de tareas? O ni eso. Este año me gustaría cambiar de trabajo. Este año me gustaría hacer más ejercicio. Este año…

Da igual. ¿De qué sirve eso? Lo olvidamos en un par de días, si llega a tanto.

¿Por qué?

Porque nos quedamos en cosas externas que no interiorizamos. Porque ni siquiera nos planteamos objetivos concretos en plazos concretos.

Porque esperamos llegar a conseguir algo sin cambiar nada.

¿Quieres que este año sea diferente? En lugar de esos propósitos, define algo que de verdad sea un cambio positivo. Por ejemplo, nada de perder peso, sino estar en forma. Una de esas opciones es fácilmente olvidable. La otra, no.

Y, tras definir esa meta (déjate de propósitos, formula metas), ponte objetivos más cercanos, encuentra los patrones que tengas que cambiar para lograrlos, ponte fechas límite. Y, sobre todo, mételo en tu identidad.

Siguiendo con el mismo ejemplo, no te identifiques con alguien con sobrepeso, sino con alguien que está mejorando su estado físico. En el momento en el que cambias el chip de esta manera, estás mucho más cerca de lograr tu meta.

No permitas que este año sea como los demás.

Feliz Año Nuevo.

Eligiendo la alegría

publicado en: Desarrollo personal | 0

Este artículo ha sido publicado en el número 70 de la revista Punto de Encuentro, de la Obra Social de Acogida y Desarrollo. El hilo conductor de este número ha sido la alegría.

Eligiendo la alegría

Mujer alegreHay una interesante paradoja en lo que se refiere a la alegría, y es que no son raras las situaciones en las que te encuentras a personas que «deberían» estar alegres, sea por lo que tienen, por lo que han logrado en la vida o por lo que sea y, en realidad, basta con fijarse un poco para darse cuenta de que no lo están. Se encuentran en una especie de vacío que a veces tratan de llenar con distintos tipos de sustancias y que, incluso, puede llevarles a querer acabar con su propia vida.

En cambio, otras personas que no «deberían» tener ni siquiera la más mínima gana de estar alegres, hasta arriba de problemas serios, incluso en situaciones por las que a nadie le gustaría pasar, resultan ser como un faro para quienes se ponen cerca. Siempre te iluminan porque su alegría es auténtica y, por tanto, pegadiza.

¿Cómo puede darse este contraste?

Podemos enumerar tres factores que influyen de forma determinante en nuestro nivel de alegría.

Para el primero, permíteme proponerte un experimento: cierra los ojos y piensa únicamente en lo que te falta, en lo que no has conseguido, en lo que has perdido, en las personas que te han hecho daño. Solo en eso. ¿Cómo te sientes?

Ahora, abre los ojos, respira profundamente un par de veces, vuelve a cerrarlos y céntrate tan solo en lo que tienes, en lo que sí has conseguido, en lo que disfrutas, en la buena gente que has conocido, en esa persona que te echó una mano. ¿Cómo te sientes ahora?

No pocas veces nos empeñamos en elegir la tristeza en lugar de la alegría. Porque, en efecto, podemos elegirla. Podemos decidir vivir en positivo, tratando de aprender y salir reforzados de los malos momentos, que siempre los habrá.

Es más fácil estar triste, solo hay que dejarse llevar. Pero podemos cambiar esa tendencia. No se trata de cerrar los ojos a lo negativo, sino de utilizarlo no para que nos lleve al fondo, sino para aprender y seguir adelante, centrándonos en avanzar.

El segundo factor implica pensar que hemos llegado a lo que se supone que teníamos que alcanzar. Entonces, nos preguntamos: y ahora, ¿qué? Ese empuje que teníamos para lograr nuestros objetivos va desapareciendo y nos vamos adormeciendo. Ya no sabemos hacia dónde ir. En teoría, tenemos lo que queríamos. Pero nos falta algo muy importante: un propósito al que dirigirnos. Por eso es necesario que nos paremos con calma y nos interroguemos acerca de lo que queremos que sea nuestra vida. No en términos de tener, sino de algo más importante, algo que esté por encima de todo eso.

Y, de ahí, pasamos al tercer factor: contribuir. ¿No te llama la atención que la gente más alegre suele ser la que más ayuda, la que más hace por los demás? Se trata de una expresión de amor, y el amor lleva alegría incluso en el sufrimiento. El amor es un propósito por sí mismo, ya que trata de mejorar la vida de aquel a quien se ama. Y, si amamos como debemos amar, siempre habrá posibilidad de mejora, de avance, de seguir contribuyendo.

Si elegimos el amor auténtico, el de verdad, elegimos la alegría. Es así de sencillo y de complicado. Pero es una elección que tienes que tomar tú.

RENACE, LIBÉRATE, TRANSFORMA TU VIDA

¿Por qué lograrlo todo no te hace feliz?

publicado en: Desarrollo personal | 0

El gran engaño del logro

Un hombre mira por una ventana con expresión triste y pensativaLa sociedad nos ha enseñado a valorar los logros: dinero, un cuerpo atlético, un negocio con éxito. Nos ha llevado a vivir buscando todas estas metas.

Sin embargo, ¿cuántas veces ocurre que conseguimos aquello que tanto queríamos, que deseábamos con locura y, una vez allí, nos damos cuenta de que no nos llena? ¿De que sigue faltando algo?

Eso sí que es un enorme fracaso, ¿no te parece? Lograr lo que quieres, quizá incluso lo que otros harían cualquier cosa por conseguir… Y sentirse vacío, sentirse frustrado.

Pero ¿por qué ocurre esto, esta desconexión tan fuerte?

Porque nos centramos en conseguir cosas externas, mientras por dentro no cambiamos. Creemos que todo estará bien cuando obtengamos todo eso que buscamos, creemos que eso nos llenará, pero lo exterior no puede llenar el interior.

La crisis de identidad

Todos necesitamos ser coherentes con quienes creemos que somos. Alguien que se define como fumador, por ejemplo, siempre acabará volviendo a fumar, porque eso está incluido en su identidad. Para un cambio tan profundo no basta con mera motivación superficial. Dar unos cuantos motivos por los que no le conviene fumar no sirve de nada si no redefine su identidad.

¿Por qué? Porque intentará crear un cambio inconsistente con quien es. Con quien su identidad especifica que es.

Entonces, ¿qué sucede cuando alcanzas el éxito externo, pero tu identidad interior está en conflicto?

El precio de la desconexión

Seguro que conoces ejemplos de personas que lo tenían todo. Que eran envidiadas, casi idolatradas. Y que resultó que vivían un infierno por dentro. Alcohol, drogas… algunos incluso llegaron a quitarse la vida.

Por desgracia, no son pocos los que tienden a simplificar estas tragedias en extremo, convirtiéndolas en el final lógico de una vida, según ellos, de desenfreno y vicio. Esto, aparte de la enorme falta de empatía que muestra, no permite llegar a lo más hondo del problema: la profunda desconexión entre el éxito externo y lo que sentían por dentro.

Muchos creen que el dinero o el éxito les darán seguridad, alegría y valor. Pero la riqueza real es emocional, psicológica y espiritual.

Si falta esa riqueza, da igual cuánto tengas: siempre estarás con ese vacío que no se llena, que sigue gritándote que el cambio tiene que ser más profundo.

La reconfiguración de la identidad

El sufrimiento, a diferencia del dolor, que es parte de la vida de todos y cada uno, es una elección. Yo decido cómo reacciono ante lo que considero negativo.

Centrarse en la pérdida de algo que valoro.

Centrarse en tener menos alegría, éxito, dinero…

Centrarse en el nunca: nunca seré feliz, nunca tendré la oportunidad.

En definitiva, centrarse en lo negativo que me ocurre o, más habitual aún, que me puede ocurrir.

Este enfoque obsesivo es lo que te desconecta de la belleza de la vida. La solución no es trabajar 20 horas al día, sino cambiar tu enfoque interno y reconfigurar tu identidad.

Necesitas empezar a centrarte en lo bueno, en lo que tienes, en lo que has ido consiguiendo, en lo que puedes conseguir.

Necesitas crecer. No quedarte estancado tras conseguir algo. Para ser feliz tienes que progresar, seguir avanzando, seguir aprendiendo.

Y, particularmente importante, necesitas contribuir. Ayudar a los demás. Salir de ti para encontrarte con el resto de personas que te rodean, aportar tus dones, sonreír, escuchar a quien lo necesite. Eso te va a llevar a un verdadero éxito, a una felicidad más plena.

Dentro del terreno profesional, demasiadas veces vemos a jefes que creen que los que están por debajo de ellos están ahí para servirlos. Para obedecer y callar.

Y no es así. Eso no es liderazgo. Eso no te acerca a la felicidad. Ni siquiera sirve para tener un equipo fuerte y bien engrasado.

Que tengan una posición inferior en el escalafón de la empresa no los convierte en inferiores, ni a ti en superior. Tu deber como líder es entregarte, aportar todo lo que puedas, con confianza, con serenidad, guiándoles.

Pero el punto de partida tiene que ser tomar la decisión solemne, con todo el ser, de hacer ese cambio. De vivir en ese estado.

Algo que pocos están dispuestos a hacer, porque es más fácil dejarse llevar por la programación que ya tenemos en el cerebro y que, muchas veces, ni siquiera es nuestra, que esforzarnos en crear una nueva.

Es más fácil aceptar las creencias que nos limitan en lugar de cambiarlas por otras que nos potencien. Nos gusta más el malo conocido que el bueno por conocer. Lo cual es absurdo a todas luces. ¿Cómo puede ser que prefiramos quedarnos en lo que sabemos que nos hace mal a buscar una forma de pensar, de ser, que nos va a liberar de ese dolor?

Tienes en este mismo blog un artículo en el que te explico cómo puedes cambiar tus creencias limitantes.

¿Qué ocurrirá si no haces nada, si no te cuestionas lo que haces o lo que piensas?

Exacto: no ocurrirá nada. Todo seguirá igual.

¿Qué ocurrirá si, por el contrario, te decides por fin a dar pasos hacia un éxito de verdad?

La respuesta a esta pregunta te la dejo a ti.

Solo tú puedes decidir. Solo tú eres responsable de tu vida.

Y eso incluye ser responsable de tu identidad. De cómo quieres verte, de quién quieres ser. Definirlo con precisión y actuar en consecuencia.

La tarea de tu vida

Si has intentado cambiar tus resultados, tu comportamiento, sin éxito, es porque has estado tratando de cambiar el efecto en lugar de la causa.

La tarea real no es buscar otra estrategia, otro producto o trabajar más duro. La tarea real es preguntarse quién está dirigiendo tu vida.

Tu mente te contará historias de limitaciones, pero tú eres el autor de tu propia historia. Las decisiones que tomes sobre quién eres y en qué te enfocas controlan tu destino.

Decídete a no conformarte con menos de lo que puedes ser. El cambio empieza en tu interior, con una decisión.

Y, cuando te decides a cambiar tu identidad, tu forma de actuar se alinea con esa nueva verdad interna para vivir en coherencia.

Renace. Libérate. Transforma tu vida.

RENACE. LIBÉRATE. TRANSFORMA TU VIDA.

Conviértete en el líder que puedes llegar a ser

publicado en: Desarrollo personal | 0

Liderazgo y responsabilidadUna de las preguntas más habituales de quienes han alcanzado el éxito o van en camino hacia él suele ser cómo mantener el control y el crecimiento a lo largo del viaje.

Es llamativo que algunos líderes parecen navegar las crisis con facilidad, mientras que otros, igualmente talentosos, se hunden. La respuesta no está en la suerte, la educación o los contactos, sino en una única cualidad mental: la responsabilidad incondicional.

No te voy a hablar de teorías, sino de un principio inevitable, tan inexorable como la ley de la gravedad y que a muchas personas les aterra: tú estás a cargo de tu vida.

Presta atención porque, si aplicas esto de lo que vamos a hablar, tu liderazgo personal y profesional va a ser más eficaz y eso puede llevar a unos mayores ingresos.

EL FUNDAMENTO DEL LIDERAZGO

Lo primero que hay que tener en cuenta es lo que Brian Tracy llama la Ley del Control. Esto es, cuanto más te sientas en control de tu propia vida, más sensaciones positivas tendrás hacia ti mismo y tu liderazgo. Si te fijas bien, una buena parte del estrés, la infelicidad y el bajo desempeño proviene de la sensación de que las circunstancias externas —el mercado, la competencia, la política— te están controlando.

Sin embargo, un verdadero líder, una persona que quiera avanzar en su vida, se ve a sí mismo como el arquitecto de su propio destino.

El liderazgo en su vida, tanto personal como profesional, empieza cuando acepta el 100% de la responsabilidad por todo lo que es y todo lo que será.

Es importante distinguir la responsabilidad de la culpa. Si yo cruzo una calle sin mirar a los lados porque el semáforo está en verde para mí y un coche me atropella, ¿tengo yo la culpa?

Evidentemente, no. Es el conductor del vehículo el que se me ha llevado por delante.

Pero ¿tengo responsabilidad en lo que ha ocurrido?

Por supuesto que la tengo. Debería haber estado atento. Debería haber comprobado que no suponía un peligro cruzar.

Esto implica dos reglas de oro:

La primera: Cero excusas: la persona responsable es aquella que no pone pretextos. Los hombres y mujeres de verdad no se quejan de las dificultades de la vida, solo las aceptan o hacen algo al respecto. Si no te gusta cómo van las cosas, es tu responsabilidad cambiarlas. Así de sencillo.

La segunda: Debes verte como el presidente de tu propio ser. Tus ingresos, tu desarrollo profesional y personal, tu equipo y tus resultados son tu total responsabilidad. La aceptación de esta verdad es lo que te otorga poder.

La diferencia entre la madurez y la inmadurez es aceptar el hecho de que estamos a cargo de nuestra vida. La irresponsabilidad, en cambio, se relaciona directamente con las emociones negativas, como el temor y la duda. La responsabilidad mira al futuro con esperanza, con aprendizaje y fuerza.

LA MAESTRÍA DEL JUEGO INTERNO

En el liderazgo, y recuerda que hablo tanto a nivel personal como profesional, la mayor parte del proceso es mental. Y ese proceso mental, ese mundo interior, se refleja en el mundo externo. Lo que creas de ti mismo lo vas a mostrar en tu lenguaje, en tu forma de caminar, en tu forma de actuar.

Dentro del terreno profesional, por tanto, si eres un líder y a tu alrededor encuentras confusión, bajo rendimiento o crisis, el primer lugar en el que mirar es en tu interior.

Además, es vital conocer el efecto Pigmalión: la gente tiende a comportarse según las expectativas que pones en ellas, según cómo las etiquetas. Así pues, si crees que tu equipo no puede lograr metas ambiciosas, eso será lo que les transmitas, sea de forma consciente o inconsciente. Y eso afectará a su propia manera de verse y comportarse.

El resultado, te lo puedes imaginar.

Por ello, para cambiar los resultados de los demás, lo primero que debes hacer es cambiar tu forma de pensar. Eso pasa también por cuidar tu autoestima, ya que esta determina tu desempeño, al partir esta de cómo te concibes a ti mismo.

Para ello, puedes utilizar algunas estrategias como:

  • La visualización. La mente no distingue entre la realidad y lo que imaginas con intensidad y asociando emociones. Puedes utilizarla, por ejemplo, para prepararte para una reunión, imaginándote llevándola lo mejor posible, sintiéndote bien, emocionado, cómodo.
  • Las afirmaciones. Repetirse frases puede parecer un ejercicio absurdo. Y, no te equivoques, lo es, si lo haces como un papagayo. La diferencia está en las emociones. En asociarlas a lo que decimos. Y en decirlo siempre de forma positiva. Puedes decirte todas las mañanas o con más frecuencia frases del tipo: «yo soy responsable» o «soy capaz». Pero hazlo con fuerza, con emoción. Con este sencillo ejercicio irás elevando tu autoestima.
  • Modelado. Identifica a tres personas a las que admires. Pregúntate qué cualidades suyas son las que tanto te atraen y empieza a actuar como si ya tuvieras esas cualidades. Es ese famoso principio de fingir hasta lograrlo.

LA ESTRUCTURA DEL ALTO DESEMPEÑO

Tanto tú como tu equipo necesitáis claridad y estructura en la responsabilidad. Para eso, es importante poner metas claras y específicas. He estado en empresas en las que las tareas a realizar eran más una carta a los Reyes Magos que unos objetivos o metas claros.

Por otra parte, tenemos el principio de Pareto, el clásico 80/20. Esto nos lleva a pensar que el 20% de las tareas dan el 80% de los resultados. Entonces, la pregunta que hay que hacerse como líder es: ¿cuáles son esas tareas en las que debería invertir mi tiempo?

Es también vital tener una lista de las tareas a realizar diarias, semanales y mensuales, priorizarlas y ejecutarlas según esa prioridad. Aportar claridad y estructura es tarea de un buen líder.

El liderazgo exige, además, un compromiso con la excelencia. Los grandes líderes dirigen con el ejemplo. Desde luego, nada que ver con los meros jefes, que se contentan con mandar. El líder es alguien diferente.

El líder es un fabricante de equipos. Esto significa organizar, motivar, y desarrollar a las personas para que sean mejores de lo que eran antes.

El líder invierte en conocimiento práctico y útil. No se queda estancado pensando que ya lo sabe todo. Eso implica leer libros, escuchar podcasts, ver vídeos que den alimento a su cerebro.

Además, es decidido. No se queda dudando, sino que toma decisiones rápidas y aprende de ellas, de sus resultados.

Y, como punto final, es persistente. No se rinde. Adopta la actitud de que cada obstáculo o retroceso ha venido para instruirlo, no para detenerlo.

CONCLUSIÓN

Recuerda el lema de los responsables: Si debe ser, debo hacerlo yo.

El éxito no se mide por lo que has hecho en comparación con los demás, sino al compararlo con lo que tú mismo eres capaz de hacer. Y para liberar todo tu potencial necesitas autoestima y hacerte responsable de tu vida.

Ahora ponte en marcha. Elimina la palabra «pero» de tu vocabulario, te lleva a buscar excusas. Y hemos dicho que sin excusas.

Avanza en serio, sin timidez. Toma una decisión ya.

Comprométete con buscar la excelencia.

Y recuerda: el camino hacia la grandeza comienza con un solo paso. Toma el control, acepta la responsabilidad y actúa en serio.

RENACE, LIBÉRATE, TRANSFORMA TU VIDA

Encuentra tu perro rabioso

publicado en: Desarrollo personal | 0

Motivación brutalEstás tan tranquilo, viendo la vida pasar y, de repente, te das cuenta de que un perro enorme se te está acercando enseñando los dientes, tenso, con unas intenciones nada positivas para ti.

Te mira con furia, como el depredador que es, y te empieza a ladrar.

¿Qué haces?

¿Sigues ahí? ¿O más bien procurarías apartarte, poner obstáculos por si acaso sigue acercándose, alejarte lo más posible?

Y, llegado un cierto punto, quizá hasta te pones a correr como alma que lleva el diablo. En dirección contraria al perro, por supuesto.

Está claro que el perro te ha dado una motivación enorme para actuar, para dejar atrás la comodidad en la que estabas parado.

Quizá te sorprenda lo que te voy a decir, pero necesitas encontrar tu perro rabioso.

Necesitas encontrar tu perro rabioso.

Vives estancado porque el dolor, el malestar en el que te has instalado es soportable. Te has acostumbrado a él. Un trabajo que vives en una sensación constante de ansiedad, una falta de sentido en tus actos que te hace avanzar por la vida arrastrándote, unos hábitos poco saludables que sabes que no son buenos para ti, pero, aun así, sigues manteniendo…

Estás cómodo en esa situación. Pero sabes que quieres cambiar.

Necesitas encontrar tu perro rabioso.

Necesitas encontrar esa motivación, esa razón que te haría moverte sin dudarlo, que te llevaría a dar un primer paso. Y luego otro, y otro, y otro…

Pero esa motivación tiene que ser tan fuerte como el perro que, si te alcanza, te va a destrozar.

Tienes que reaccionar con decisión, con fortaleza, sacando todo lo que llevas dentro. Porque tienes más capacidades, más posibilidades, de las que hayas llegado a imaginar. Están ahí, en tu interior, esperando a que decidas ponerlas en juego.

¿Cuál es tu perro rabioso?

¿Quizá la convicción de que si sigues en ese trabajo vas a acabar amargándote a ti mismo y a tu familia?

¿Quizá las enfermedades y dificultades físicas que vas a tener si mantienes esos hábitos?

¿O se trata de alguna otra cosa?

Sea lo que sea, encuéntralo y utilízalo para salir de la comodidad de una caída lenta y anestesiada en el abismo de la mediocridad.

Eres mucho más de lo que crees.

Avanza hacia el cambio que quieres en tu vida.

RENACE, LIBÉRATE, TRANSFORMA TU VIDA

Deja de sentirte un fracasado

publicado en: Desarrollo personal | 0

No eres un fracasadoSi sientes que has fracasado en tu vida, sigue leyendo. Lo que te voy a dar en este artículo no es motivación barata ni autoayuda de mercadillo. Es reprogramación mental e inteligencia emocional aplicada.

Sé exactamente cómo te sientes. Viví 13 años atrapado por la ansiedad y por la sensación de ser un fracasado, de no valer para nada, de falta absoluta de sentido.

De que mi vida estaba estancada por completo.

Yo era escéptico con todos estos temas, pero la PNL y la inteligencia emocional no es que me salvaran; me dieron el sistema para salvarme a mí mismo.

Hoy, como experto en coaching, PNL e inteligencia emocional, te voy a dar algunas nociones para renacer. Vamos a desmantelar la creencia de fracaso y reencuadrar tu propósito en solo tres pasos. Si estás listo para pasar de la intención a la acción, lee hasta el final.

PRIMER PASO: RECONCILIACIÓN

En primer lugar, descubrí que esa parte de mí que me decía que era un fracasado, en realidad tenía una intención muy positiva: quería protegerme para que no sufriera por nuevos desencuentros o nuevos fallos. Así que me recordaba mis fracasos para evitar que me volviera a meter en algo en lo que pudiera fracasar.

Por eso, lo primero que tienes que hacer es encontrar esa intención positiva de tu mente. Quiere ayudarte, aunque lo está haciendo de una manera muy poco adecuada. Tenemos, tienes, que enseñarle cómo lograr su objetivo. Establecer una nueva ruta neuronal que sustituya a la anterior.

Así pues, pregúntate esa intención positiva. Y, cuando la hayas descubierto, ya habrás dado un paso muy importante, porque habrás empezado a comprenderte. A comprender a tu mente.

Sé amable contigo mismo. Agradece a esa parte de ti su intención, y dile que ya no vas a necesitar que actúe de esa manera. Reconcíliate con ella.

SEGUNDO PASO: EL DIÁLOGO INTERNO

La motivación por sí sola no sirve de mucho. No se trata de poner un parche motivacional que, en un par de días, se apague. El cambio tiene que ser profundo. Tienes que reprogramar tu mente y eso pasa por cambiar tu diálogo interno.

Reconciliarte con esa parte que te insistía en tus fracasos puede que te haya dado la solución. Sí, es cierto. Sin embargo, también es importante cuidar cómo te hablas cada día. Porque todavía puede que, por la fuerza de la costumbre, pienses en términos de fracaso.

Eso tiene que acabar, porque lo que nos decimos a nosotros mismos, nuestra forma de hablar, no es neutral en absoluto. Si permites que tu cerebro asuma la etiqueta de «fracasado», eso es lo que considerará lo correcto, lo adecuado para ti. Verá fracaso en todo lo que hagas. Tenderá al fracaso, a aceptarlo como el estado normal.

Necesitas romper esa programación.

Para ello, cada vez que te des cuenta de que vuelves a ese patrón de pensar en términos de fracaso, cambio tu foco. No te permitas volver a pensar así. Céntrate en que un fallo, un error, no es un fracaso, sino un nuevo aprendizaje. Porque lo es. No se trata de una frase bonita, al contrario: son palabras duras. Nos gusta quedarnos en las quejas, es mucho más sencillo que cambiar. Pero tú quieres cambiar. Necesitas cambiar.

TERCER PASO: PROPÓSITO

Esto nos conecta con el tercer paso que vas a dar: pregúntate para qué haces lo que haces. Sigue tirando del hilo hasta que ya no haya más posibilidades de respuesta, hasta llegar al núcleo de lo que te impulsa.

Un ejemplo: ¿para qué estoy en ese trabajo? Para ganar dinero.

¿Para qué quieres ganar dinero? Para comprar una casa.

¿Para qué quieres comprar una casa? Para que mi familia viva en ella.

Si ese fuera el último paso, por no hacerlo más largo, tu objetivo realmente es cuidar de tu familia. Darle una casa a tu familia.

Esto te ayudará a encontrar ese propósito que habías perdido, el objetivo hacia el que estás caminando. Visualízalo ya realizado, siéntelo.

Quizá descubras otra manera de llegar a él, ahora que lo tienes más claro. Lo que es seguro es que, con propósito, hablándote de manera que te potencie en lugar de limitarte y reconciliado contigo mismo, tu vida va a cambiar de forma radical.

CONCLUSIÓN

Estos tres pasos son solo una pequeña parte del sistema que yo utilicé para superar 13 años de ansiedad y pasar de sentirme un fracasado a alguien dispuesto a avanzar a toda costa.

Si este proceso ha resonado contigo, es porque estás listo para algo real y probado, dejando atrás la motivación superficial.

Recuerda: vale más un gramo de acción que un kilo de intención. El fracaso, en términos de PNL, no existe. Solo existe el aprendizaje. Y así vas a verlo a partir de ahora.

Suscríbete a mi lista si quieres más herramientas de este tipo.

Renace. Libérate. Transforma tu vida.

RENACE, LIBÉRATE, TRANSFORMA TU VIDA

Donde pones el foco pones la energia: enfócate en lo positivo

publicado en: Desarrollo personal | 0

¿En qué te centras?

Decide en qué enfocar tu menteAquello en lo que te centras, en lo que enfocas tu atención, es en lo que pones tu energía. Y, por tanto, es aquello que define cómo vas a actuar.

Lo sabemos bien por las clases de conducir: siempre hay que mirar hacia donde queremos ir. Si desviamos la mirada, corremos un grave riesgo de girar el volante hacia ese punto y, por tanto, tener un accidente.

Si vamos andando, pasa lo mismo. Como nos quedemos mirando hacia un lado, acabaremos desviándonos de nuestro camino para ir poco a poco hacia ese punto.

¿Qué crees que va a pasar si, desde que te levantas, estás centrándote en lo que te falta, en lo que no tienes, en lo difícil que está todo, en lo aburrido que es el trabajo, en las discusiones que has tenido, en los problemas que surgen una y otra vez?

¿Cómo crees que va a estar tu ánimo?

Haz la prueba si quieres. Céntrate en ese tipo de cosas de forma consciente. Te sentirás decaído, triste, desesperanzado, inquieto.

Ahora, en cambio, céntrate en lo que ya tienes, en lo que disfrutas, en los buenos momentos con tu familia, en tu capacidad para encontrar soluciones, para seguir adelante ante los problemas.

La cosa cambia bastante, ¿verdad?

Los problemas no han desaparecido, por supuesto. Sin embargo, ahora estás en disposición de afrontarlos de otra manera mucho más constructiva, mucho más útil. Tienes una energía interna diferente, muy superior.

¿Te das cuenta del increíble poder de poner el foco en cosas que construyan, que aporten a tu vida?

Aquello en lo que decides centrar tu atención es lo que controla tu vida. Lo acabas de comprobar con este rápido experimento. Puedes cambiar tu manera de vivir con algo tan sencillo como elegir bien en qué centrarte.

Educa a tu cerebro

El problema es que vivimos en un mundo en el que hay miles de elementos luchando por tu atención. Por tu foco.

Por tu vida.

Buscan que vivas la vida que otros quieren. Mantenerte atado. A las notificaciones del móvil, al qué se le va a hacer, al estrés, al miedo. A lo que hace tal o cual influencer que ni te conoce ni le importas ni mucho menos le conoces tú.

Una vida adormecida y mediocre.

El cerebro recibe millones de estímulos a cada momento, como la temperatura, el tacto de la ropa, el brillo de la pantalla, las letras que hay escritas ante ti, la voz de alguien que pasa a tu lado, la brisa que te acaricia… No puede manejarlo todo, así que filtra. Y lo hace según la manera en la que le enseñemos. Si lo hemos acostumbrado a que lo más importante es atender a la vibración del móvil, en cuanto la notemos o nos parezca que la notamos, miraremos a ver qué es lo que ha llegado. Seremos sus esclavos.

Si lo hemos acostumbrado a tomarse como importantes las opiniones de otras personas sobre asuntos de los que no tienen ni idea, o sobre nosotros, les prestará especial atención. Con el consiguiente sufrimiento.

Si lo acostumbramos a centrarse en lo que nos ayuda, en lo que nos hace crecer, en la gratitud por la vida, por todo lo que tenemos, por las lecciones aprendidas, por cómo avanzamos en nuestro camino, nuestra vida dará un giro lleno de fuerza. Comenzaremos a poner nuestras energías en esas cosas, en las soluciones más que en los problemas, en los aprendizajes más que en las dificultades, en ayudar más que en tu beneficio.

En avanzar, más que en quedarse estancado.

No te encierres en un ciclo de dolor, de mediocridad, de que pasen los días uno tras otro sin más.

Rompe ese ciclo. Renace de él. Desecha los estímulos que solo buscan tenerte atrapado y céntrate en lo que te hace crecer.

Y verás un cambio en tu vida como no te imaginas. Porque te han enseñado a no imaginarlo, a creerlo imposible.

No lo es.

Te lo digo por experiencia.

Avanza hacia el cambio que quieres en tu vida.

RENACE, LIBÉRATE, TRANSFORMA TU VIDA

Sobreviví a 13 años de ansiedad

publicado en: Desarrollo personal | 0

El infierno de la ansiedad y el estrés

Jorge Sáez Criado, life coach - coach de vidaViví con ansiedad unos 13 años.

Yo era informático, pero este trabajo llevaba ya mucho tiempo sin llenarme.

La escritura me ayudaba (y me sigue ayudando). Al escribir, de hecho, me siento completo, y es algo que me encanta.

Sin embargo, ya sabemos que el mundo laboral puede ser aplastante. En mi caso, fue una mezcla de temas laborales, sobre todo, y también personales, la que me lanzó al mundo de la ansiedad generalizada.

Un mundo que no le recomiendo a nadie visitar.

Un mundo que me robaba la vida por completo día sí y día también. Que me tenía encerrado en un bucle de sensación de fracaso que no hacía más que fortalecer la ansiedad.

Me sentía un inútil, un cero a la izquierda. Una basura.

Mis domingos eran solo la antesala del lunes. Tenía palpitaciones, me faltaba la respiración. Visité a cardiólogos y a neumólogos.

Ni siquiera podía disfrutar de las vacaciones. Mentalmente solo contaba los días que me faltaban para volver a un trabajo que me destrozaba.

Un reencuentro con la libertad

Llevaba un tiempo barajando la idea de estudiar coaching, ya que uno de los motivos que hacía que no me llenara la informática era que me faltaba la dimensión humana, de poder ayudar a alguien concreto. Sin embargo, siempre me había echado atrás la cantidad de absurdos que me encontraba. Coaching mezclado con tarot, astrología, cábala y todo tipo de ridiculeces similares.

Fue mi mujer la que me convenció de estudiar una doble certificación que encontré en coaching con PNL e inteligencia emocional porque quizá me ayudara. Se trataba de una escuela seria y no había mezclas extrañas. Lo que decían tenía sentido.

El caso es que, machacado, hice el curso.

Vaya si me ayudó.

Mi vida cambió por completo. Recuerdo sobre todo el momento en el que la vocecita que me machacaba día sí y día también diciéndome que era un fracasado se apagó.

Un ejercicio en el que no tardé más de media hora me liberó de años de sufrimiento.

Por supuesto, la medicación también hizo su parte, me ayudó a tener la mente lo bastante clara como para poder aprovechar ese ejercicio y lo que iba aprendiendo. Pero solo con la medicación no habría logrado salir de ese mundo tan rápido, de una forma tan limpia.

El renacer

Fue el comienzo de una pasión por el desarrollo personal, tantas veces ridiculizado por culpa de quienes lo convierten en pensamiento positivo de baratillo.

El comienzo de una nueva forma de ayudar, en primer lugar, a mí y a mi familia.

En segundo lugar, a todo aquel que se sienta como estaba yo, que viva su vida en piloto automático, que intuyan que pueden dar de sí mucho más, pero no sepan cómo.

Terminé la doble certificación y, a continuación, me certifiqué en experto en coaching ejecutivo para ayudar a las empresas a que no ocurran casos como el mío, que había sido totalmente evitable.

También en coaching familiar, porque la familia es un lugar de descanso, de aprendizaje y de afecto en el que deberían darse las condiciones para estar al ciento por ciento y, a veces, no llegamos hasta ahí por temas que se enquistan o malos entendidos.

He vuelto a ser yo mismo, pero multiplicado, después de años tan muerto por dentro que ni siquiera recordaba cómo era antes de la ansiedad.

Y sigo aprendiendo nuevas cosas a diario.

Si estás en una situación en la que sientes que necesitas un cambio, una mejora, ¿por qué no reservas tu primera sesión gratuita y das el primer paso para transformar tu vida como hice yo?

Te espero.

RENACE. LIBÉRATE. TRANSFORMA TU VIDA.

No tengo tiempo para rezar

publicado en: Vida cristiana | 0

OraciónComo sabe todo el que tenga hijos, muchas veces encontrar un rato un poco extenso para la oración individual puede ser un esfuerzo titánico. Pero también es verdad que no es necesario que nos obsesionemos con ello.

No es raro tener la sensación de que, si no pasamos un rato más o menos largo rezando, no hemos rezado. ¿O no? A mí al menos sí que me pasa a veces. Y esto tiene su parte de razón. Al fin y al cabo, en el amor es vital relacionarse con la persona amada. A nadie se le ocurre que un chico y una chica puedan ser novios sin hablar nunca, sin comunicarse, sin conocerse. Eso da origen a largas charlas prácticamente por cualquier tema. Estás a gusto con la otra persona y quieres conocerla más.

Por tanto, cuando el amado es Dios, vemos también la necesidad de tratar con Él ratos largos hablando con Él, adorándole… Pero las miles de responsabilidades de cada día van haciendo que vayamos posponiendo ese momento hasta hacerlo inviable.

Pues bien, una buena posibilidad es olvidarse un poco de la cantidad y centrarse en la calidad. En hacer oración más breve, quizá más intensa, cada menos tiempo. Parar cada cierto tiempo en el trabajo para tener presente a Dios, rezar quizá una jaculatoria, elevar el corazón hacia el Amor.

Posiblemente, la mejor definición que he visto de oración es: «la relación consciente con Dios». Eso es mucho más que el clásico «hablar con Dios». Implica que el mero hecho de, por ejemplo, hacer tu trabajo teniendo presente a Dios u ofreciéndoselo ya es oración, porque eres consciente de su presencia, porque te estás relacionando con Él. Esos breves momentos en los que le recuerdas son oración. Y todas esas pequeñas oraciones, al final, hacen una oración mucho más larga y continuada que un rato de oración al día. Se trata de orar todo el día, desde las oraciones al levantarse hasta las oraciones al acostarse.

Muy bien, esa forma de orar proporciona, al final, una relación continuada con Dios. ¿Eso invalida la oración «larga»? En absoluto. Recordemos el ejemplo de los novios: todos queremos pasar un buen rato con la persona amada. Así nos impregnamos de ella, nos llenamos de ella. Esto es más cierto aún en el caso de Dios. Es importante lograr encontrar algún momento a la semana en el que estar en intimidad con Dios durante un tiempo. Por motivos obvios, yo recomiendo ir a alguna de las capillas en las que se expone el Santísimo e ir a adorarle una hora a la semana. Si se puede más, pues más.

Esa oración breve pero continua sumada a la oración larga de vez en cuando nos mantendrán cerca de Dios. No se trata de preguntarse si la oración debe ser larga o corta, sino que tenemos que buscar hacer de todo una oración.

Glorifica a Dios con tu vida.

Libro para ayudarte en la adoración eucarística
Ante el Santísimo

¿Por qué el mal?

publicado en: Vida cristiana | 0

¿Por qué existe el mal?El problema del mal es un misterio y no tiene sentido intentar dar explicaciones vanas que, muchas veces, son más humillantes que beneficiosas para el que sufre. Es lo que ocurre con los tres amigos que van a visitar a Job, conocedores de la teología tradicional y, por tanto, convencidos de que algo ha tenido que hacer mal Job para que le ocurran tantas desgracias.

Se sucederán los discursos de estos tres hombres y Job, ellos insistiendo en la culpa de Job y la inocencia de Dios. Job, a su vez, defenderá su propia inocencia porque él sabe que es cierto, que no ha cometido pecado alguno, y se exaspera, ya que no le ve el sentido, no entiende por qué, si él siempre ha sido justo y bueno, lo ha perdido todo y se ha convertido en la burla de aquellos que antes lo respetaban.

Job quiere dialogar con Dios de forma imparcial. Quiere exponer ante Él su caso, llevarlo a juicio, porque está convencido de que el Señor ha cometido un error. Pero también se da cuenta, en su desesperación, de que él no puede nada ante Dios y de que este no tiene por qué escucharlo. «Te pido auxilio y no respondes» (Job 30, 20), clama Job. Y, en esas mismas palabras, podemos ver reflejados a tantos inocentes que sufren.

A pesar de todo, los tres amigos acaban quedándose sin palabras ante el alegato de Job. Si este sigue convencido de que no ha hecho nada malo y ellos mismos saben que su amigo es inocente, han llegado a un punto en el que no pueden dar ninguna respuesta. Todo lo que habían dicho hasta el momento parece fallar y prefieren dejarlo así, que sea el propio Dios el que se defienda de las acusaciones de Job.

Por sorprendente que parezca, esa es una respuesta más sincera al dolor de Job que todo lo anterior. Es preferible acompañar al que sufre que intentar darle explicaciones que no llevan a nada más que a más sufrimiento. Más aún cuando esos razonamientos no son ciertos.

Ante el silencio de los tres amigos, aparece un nuevo personaje que viene a retomar la discusión, creyéndose más sabio que los otros tres, aunque no va a hacer más que volver a exponer la misma teología de la retribución y avanzar algunos de los puntos de los discursos de Dios.

El mal entró en el mundo por el pecado. Lo cual no quiere decir, ojo, que cuando a alguien le pasa algo malo es porque haya pecado. Son dos cosas distintas.

Sin embargo, también sabemos que Dios puede sacar del mal un bien mayor. Y podemos darnos cuenta de que el hecho de que el mal exista en el mundo permite que el bien crezca. Permite que nos superemos, que avancemos, que crezcamos.

Sin el mal, nos quedaríamos estáticos. No podríamos mejorar. No veríamos cómo el bien es superior al mal. Serían imposibles virtudes como la bondad, la valentía o la fortaleza.

Lo importante es acompañar al sufriente, tal como hace Jesús con nosotros, que no nos dio una lección magistral sobre el sentido del mal, sino que pasó por los mismos sufrimientos que cualquier humano, llegando a una muerte humillante con la que nos salvó, mostrándonos que le podemos dar un sentido al sufrimiento.

Y que, tras la muerte, viene la resurrección.