Un santo un poco olvidado

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San Judas TadeoRecuerdo hace tiempo, bastante tiempo, que había unos anuncios en los periódicos que me llamaban mucho la atención. No eran anuncios en sí, sino agradecimientos a san Judas Tadeo.

Era extraño. En aquellos tiempos no tenía ni idea de quién era ese santo.

Y creo que, para haber sido uno de los doce apóstoles, nada menos, es sorprendentemente desconocido.

Es más que probable que sea por su tocayo, el otro Judas, el que sí nos sabemos todos: Judas Iscariote. Al final, oímos Judas y, simplificando, quitamos dos por el precio de uno.

La cosa es que no es ninguna tontería conocerle, ya que su propio nombre nos habla de una característica que se ve demasiado poco hoy en día.

Resulta que Tadeo significa «valiente», lo que demostró ser proclamando su fe.

Es importante leer la carta de san Judas, justo antes del libro del Apocalipsis (uno de los libros más fascinantes y que, por cierto, me inspiró para escribir mi novela Apocalipsis: el día del Señor). En ella nos habla de combatir por la fe y edificarnos sobre el fundamento de la fe.

Además, es curioso, pero se cuenta que a santa Brígida, en una visión, el mismo Jesús le dijo que para conseguir favores difíciles acudiera a san Judas.

No me parece mal consejo, así que será cuestión de seguirlo, ¿verdad?

San Judas fue desde Galilea a Samaría a Siria, Armenia y la antigua Persia, proclamando la verdadera fe junto a san Simón, lo que llevó a la conversión de miles de personas.

Como no podía ser de otra manera, intentaron forzarlos a adorar a otros «dioses». Por supuesto, se negaron. Eso llevó al martirio de los dos compañeros.

San Judas Tadeo, como san Simón, se mantuvo fuerte en el Señor. Ambos continuaron llevándole a los demás a pesar de las dificultades.

La historia de este santo nos inspira para ser valientes, para dejar atrás los miedos al qué dirán. Para olvidarnos de ese catolicismo de perfil bajo que tanto se ha propagado.

Nuestra fe no es algo que tengamos que tener escondido y sobre lo que tengamos que ser tímidos.

Sé valiente.

Glorifica al Señor con tu vida.

Fantasía más allá del cinismo: en busca de historias con alma y valores

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Creo que nadie puede negar que la narrativa fantástica contemporánea ha caído masivamente en el cinismo y la desolación.

Entrar hoy en una librería, sea física o digital, y echar un vistazo a la sección de fantasía suele ofrecer una experiencia bastante homogénea. La corriente dominante, encabezada por el mercado anglosajón y secundada por las tendencias comerciales, se ha volcado hacia el grimdark: universos oscuros donde la moralidad es relativa, la crueldad es la norma y los personajes actúan movidos por puro egoísmo o supervivencia.

También aparecen a montones copias de copias de copias de lo que han dado a llamar romantasy, que no dejan de ser meras historias románticas, por lo general muy explícitas, con un barniz de fantasía.  

Sin embargo, la fantasía no tiene por qué quedarse en esta situación, dejando al lector desamparado frente al vacío. El género fantástico ha sido y puede seguir siendo un vehículo privilegiado para explorar los grandes dilemas del alma, la lucha entre el bien y el mal, y la grandeza del sacrificio. Un espacio de luz, trascendencia y sentido profundo sobre la condición humana.

Un par de problemas de la fantasía comercial contemporánea

El cinismo moral como norma narrativa

Se confunde el realismo con la desesperanza. Los personajes no buscan la virtud ni la justicia, sino el poder o la venganza. Al eliminar la frontera entre lo correcto y lo incorrecto, la trama se convierte en un espectáculo de sombras sin contraste.

Personajes vacíos frente a la trascendencia

Se priman las habilidades extraordinarias sobre el mundo interior. Se echa en falta una antropología rica donde los personajes duden, sientan la necesidad de sentido y enfrenten dilemas morales reales que apelen a la conciencia del lector.

La respuesta: fantasía con profundidad espiritual y esperanza

Frente a esta saturación de vacío, la alternativa no consiste en huir de la realidad o escribir historias infantiles ni ñoñas, sino en abordar lo extraordinario desde una propuesta con valores sólidos y esperanza.

Que es justo donde entro yo. En mis obras de ficción busco ofrecer una alternativa al nihilismo reinante. Concibo la fantasía y la literatura en general no solo como un escape, sino como un espejo que nos muestra lo que hace al ser humano profundamente humano.

En mis obras lo que vas a encontrar es:

  • Personajes realistas y diálogos vívidos: protagonistas con los que conectar desde la cotidianeidad, que enfrentan sus dificultades con dudas reales y búsquedas sinceras.
  • Profundidad espiritual y visión trascendente: una exploración del interior del hombre, sus sombras y su deseo innato de sentido, integrada de forma orgánica en la trama sin caer en sermones.

La esperanza como motor indispensable: en todas mis historias, la esperanza no es un deseo iluso, sino una fuerza real y victoriosa. El bien y la verdad siempre tienen la última palabra. Siempre.

Volver a una literatura que deja poso

Creo firmemente que apoyar y leer propuestas narrativas con valores no es un acto de nostalgia, sino una apuesta por la cordura y el crecimiento personal. Los lectores merecéis obras que respeten vuestra inteligencia y alimenten vuestro espíritu.

Existe una alternativa a la fantasía oscura. Está en aquellas historias que se atreven a mirar al abismo no para regodearse en él, sino para recordar que la luz brilla con más fuerza justamente en medio de la oscuridad.

Rezando el Rosario de carrerilla

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El Rosario tiene un problema: es demasiado fácil caer en la tentación de rezarlo de carrerilla.

Vale, de acuerdo, que ya sé que alguien me dirá que el problema no es del Rosario. Pero ya me entiendes.

Esto lo acabamos haciendo sin maldad, por supuesto. Sencillamente, acabas repitiendo avemarías en piloto automático mientras la mente está en otra parte.

Porque los problemas y las preocupaciones de cada día siguen ahí.

Pero siempre hay que tener en cuenta que el Rosario no es una fórmula mágica ni un monólogo.

Es una ventana para contemplar la vida de Jesús a través de los ojos de su Madre.

Cada avemaría es el fondo musical que suena mientras tu corazón se detiene a contemplar un misterio concreto: la Encarnación, la Crucifixión, la Resurrección…

No se trata de un simple ejercicio de decir muchas palabras, sino de adentrarte en los misterios de nuestra fe de forma encarnada y real.

Meternos en ellos. Vivirlos. Tenerlos realmente presentes no solo mientras rezamos, sino también en nuestra vida.

Así que aprovecho para recordarte que, precisamente para ayudarte a meditar y contemplar los misterios del Santo Rosario he escrito Meditando el Santo Rosario. Solo tienes que pulsar en el botón. Desde allí puedes también leer el capítulo correspondiente al primer misterio gozoso.

Glorifica a Dios con tu vida.

Meditando el Santo Rosario

Los tres silencios

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Una de las grandes maravillas de la Adoración Eucarística Perpetua es que se hace en silencio. O debería, que también es cierto que hay personas que parece que son incapaces de mantenerse en silencio ni cinco minutos.

El silencio es justo ese espacio idóneo para encontrarse con Dios. Para relacionarnos con Él. Apartándonos del mundanal ruido, parafraseando a fray Luis de León. El autor de esa poesía que, en realidad, podría aplicarse también a la adoración:

¡Qué descansada vida  la del que huye el mundanal ruido y sigue la escondida  senda por donde han ido  los pocos sabios que en el mundo han sido!

Sin embargo, no pocas veces somos nosotros quienes nos llevamos el ruido de nuestra vida a ese momento de adoración y dificultamos, sin querer el encuentro.

Por eso hoy te voy a contar los tres silencios que tienes que hacer en la adoración.

En primer lugar, el silencio corporal. Esto no es solo no hablar ni murmurar. También implica ponerse en una postura que nos permita estar atentos al Señor con comodidad.

El segundo es el silencio mental. No se trata de dejar de pensar ni de impedir que aparezcan en nuestra mente las preocupaciones del día. De hecho, si intentamos hacer algo así descubriremos que fomentamos justo lo contrario, estos pensamientos vendrán con más insistencia. No tenemos que luchar contra estas distracciones, sino dejarlas pasar como las nubes que pasan por el cielo y ofrecérselas al Señor.

El tercer silencio es el silencio del corazón. Pídele al Señor la gracia de escucharle en lugar de hablar y hablar. Mírale. Escúchale. Déjate transformar.

Vive el silencio sagrado en el encuentro de la adoración.

Por cierto, ¿conoces Ante el Santísimo? Pulsa el botón:

ANTE EL SANTÍSIMO

Una confesión incómoda (y mi plan para los próximos años)

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Tengo que hacerte una confesión incómoda. Y voy a ir directo al grano, sin rodeos de marketing ni falsa modestia.

En los entornos católicos nos hemos acostumbrado a una mentira muy peligrosa: la idea de que todo lo que tiene que ver con la fe, la evangelización y el crecimiento espiritual debe ser 100% gratis.

Bajo la apariencia de «caridad», lo que realmente estamos sembrando es mediocridad.

Queremos libros profundos, acompañamiento personalizado de primer nivel y contenido de calidad constante. Pero no queremos que le cueste nada a nuestro bolsillo.

¿El resultado?

Evangelizadores asfixiados por el estrés financiero, proyectos excelentes que mueren a los pocos meses por falta de recursos y un mercado saturado de discursos genéricos que no resuelven nada en realidad.

Yo mismo he estado ahí. He escrito más de 40 libros, publicado decenas de artículos y acompañado a personas a salir del pozo de la ansiedad en el que yo mismo estuve atrapado durante 13 años.

Y te aseguro que mantener este nivel de compromiso, investigación y producción técnica y espiritual no es gratis. Requiere tiempo, herramientas profesionales y, sobre todo, una dedicación absoluta para no ofrecerte soluciones baratas estilo autoayuda que no funcionan.

No quiero jugar a lo pequeño. Quiero llevar este mensaje de esperanza a miles de personas que hoy se sienten fracasadas, vacías y aplastadas por el ritmo del mundo.

Pero no puedo empujar esta pared yo solo. Tampoco es mi misión hacerlo solo; la Iglesia es un cuerpo místico.

Por eso he abierto mi comunidad en Patreon.

Apoyar la misión en Patreon

No te estoy pidiendo una limosna. Te estoy proponiendo que te conviertas en socio estratégico de esta misión evangelizadora y de transformación de vidas.

Al unirte a mi Patreon, no solo sostienes la creación de libros de fe y esperanza que tanto hacen falta hoy en día. También te aseguras de que este proyecto siga siendo inquebrantable e independiente.

He diseñado tres niveles de apoyo para que elijas el que mejor se adapte a tu situación y a tu compromiso:

  • Apoyo al proyecto: para quienes quieren sostener la siembra y estar en primera fila.
  • Camino a Emaús: con acceso a los libros de espiritualidad que vaya escribiendo en formato digital en cuanto los publique.
  • Camino a Jerusalén: con todo lo que incluye Camino a Emaús más un libro físico dedicado cada cinco meses.

Si crees que la esperanza es un activo que vale la pena defender en este mundo ruidoso, te invito a dar un paso al frente y unirte hoy.

Pulsa en el enlace de aquí abajo, elige tu nivel de compromiso y empecemos a construir este legado juntos:

Quiero unirme al proyecto en Patreon

Nos vemos dentro. Un fuerte abrazo en Cristo.

P.D.: Si decides no unirte, está bien. Seguirás recibiendo mis correos y seguiré publicando contenido mientras pueda con los medios que tengo. Pero si alguna vez te has beneficiado de mis libros (como Ante el Santísimo) o de mis palabras, esta es la oportunidad de sostener esta misión. Tú decides.

El camionero que casi provoca una tragedia (historia real)

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Hay situaciones que nos ponen a prueba de maneras que no habíamos imaginado.

Esto nos ocurrió en el camino hacia Santander. Gracias a Dios no ocurrió ninguna desgracia.

Imagínate que tienes uno como el de arriba pegado al culo del coche en una carretera de estas tan buenas que tenemos en España. Velocidad máxima, 90 km/h. Yo oscilaba entre 80 y 90.

De repente, en un tramo con poca visibilidad, el camión sale al carril izquierdo para adelantar. Yo iba a 90. Me pega una pitada (supongo que esperaría que frenara en seco para dejarlo pasar) y vuelve a meterse en el carril derecho, detrás de mí. Poco después, otro coche pasaba por el carril de la izquierda.

Es decir, el camionero en cuestión podría haber provocado un accidente, porque no le habría dado tiempo a adelantar.

Después de un rato, de repente vuelve a salir al carril izquierdo mientras me pita. Un coche viene de frente, pero le da igual. Al final, yo tengo que frenar y el coche que venía por el otro carril se ha tenido que meter al arcén.

Pero ojo, que eso no es todo.

Supongo que quería ir delante porque tendría algún tipo de problema que le hacía verse inferior si no adelantaba. Hay mucha gente así. El tema es que, más adelante, había una glorieta.

Llegamos a ella casi a la vez. Vamos, que no se puede decir precisamente que hubiera ganado mucho tiempo poniéndonos en peligro dos veces.

Pero va, frena en la glorieta, se sale del camión y se pone a increparme. La furgoneta que iba delante de nosotros pasa de largo y yo, como es lógico, sigo su ejemplo. Allí se quedó el camionero echando pestes.

Buena parte del resto del viaje fuimos con miedo por si lo veíamos aparecer por detrás para embestirnos. Con gente así, uno nunca sabe lo que puede ocurrir.

¿A qué viene todo esto?

A hacer un llamamiento a la prudencia.

Yo reaccioné bastante bien. No perdí los nervios. Pero también es verdad que las cosas salieron de la mejor manera posible dadas las circunstancias.

Si hubiera frenado un poco más tarde, quizá el camión nos hubiera sacado de la carretera.

Si, en vez de pararse a un lado de la glorieta, lo hubiera hecho de otra manera, no habría podido pasar de largo y, como mínimo, el coche seguro que hubiera sufrido daños. Ante alguien así, no dudo en absoluto de que se hubiera puesto a golpearlo.

En cualquier momento te puedes encontrar en una situación peligrosa. Sin pedirlo, sin buscártelo.

Así es la vida.

Lo mejor que podemos hacer es estar preparados.

Preparados espiritualmente, por lo que pueda ocurrir.

Preparados mentalmente para reaccionar lo mejor posible.

Preparados físicamente, porque puede que necesitemos nuestros reflejos al máximo. O, incluso, puede que tengamos que defender a nuestra familia.

La prudencia incluye todo eso.

Los problemas llegarán. La diferencia está en hasta qué punto estamos preparados para afrontarlos.

Un merecido descanso

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Hace nada volví de unas merecidas vacaciones con mi mujer y mis hijos. Días de playa y, sobre todo, de descanso.

Agua en la playa

Es curioso, hace años no me gustaba la playa. Comenzamos a ir por mi primer hijo, para que la viera, y fue un amor a primera vista.

Literalmente.

Recuerdo conducir hacia el hotel y encontrarme, de repente, con esa enorme masa de agua delante. Y sentirme al instante más relajado, como si el tiempo hubiera dejado de tener relevancia.

Si conoces mi libro Antes de que nazcas, te quiero contar…, ya sabes que el mar tiene algo que lo hace muy especial para mí. Es como una imagen de lo divino, de lo permanente, de lo accesible a la vez que misterioso.

Me encanta verlo romper en los acantilados, pero la playa me dio esa cercanía que no podía tener de otra manera.

Ante algo tan inmenso y que tanto invita a la contemplación, la mente se relaja y te permite ver tus problemas desde otra perspectiva.

Encontrarte contigo mismo.

Descubrir opciones que no sabías siquiera que tenías.

Y, por supuesto, disfrutar con la familia. Incluso con alguna actividad más o menos literaria, como invocar a Cthulhu. 😂​😂​😂​

¿Y tú? ¿Estás teniendo un buen verano?

Cuéntame, me encantará leerte.

El nacimiento de «Apocalipsis: el día del Señor»

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¿Cómo surgió la idea de Apocalipsis: el día del Señor?

Apocalipsis: El día del Señor, una novela de suspense sobrenatural

Tras escribir Llorando sangre me sucedió algo muy curioso: me encariñé especialmente de uno de sus personajes, a pesar de que no era el protagonista. Nada menos que del padre Nowak. Por supuesto, estaría acompañado por el padre Munker, protagonista de Llorando sangre.

Ahora bien, ¿sobre qué sería la novela? Eso fue fácil. Había un tema que me apasionaba y que era, como habrás podido adivinar, el Apocalipsis de san Juan. El fin del mundo. Y, por supuesto, todo lo que conllevaba: el Anticristo, la gran apostasía, la persecución final…

Documentación y trabajo previo a la escritura de Apocalipsis: el día del Señor

En esta novela influyeron unos cuantos libros, tanto de ficción como de no ficción, que me sirvieron tanto para afianzar conocimientos como para descubrir algunas ideas sobre la interpretación del Apocalipsis. Seguramente me deje alguno, pero intentaré hacer una lista más o menos exhaustiva:

Ficción

Sobresalen en esta categoría los libros de Michael D. O’Brien, pero hay otros que también hay que tener en consideración.

  • El librero de Varsovia, Michael D. O’Brien.
  • El padre Elías: un Apocalipsis, Michael D. O’Brien.
  • El padre Elías en Jerusalén, Michael D. O’Brien.
  • La última escapada, Michael D. O’Brien. Sobre este libro debo decir que es profético y que merece mucho la pena leerlo. En él se refleja a la perfección la situación actual.
  • Cyclus Apocalypticus, José Antonio Fortea.
  • Señor del mundo, Robert Hugh Benson.

No ficción

  • Daemoniacum, José Antonio Fortea.
  • Summa daemoniaca, José Antonio Fortea.
  • Cuatro sermones sobre el Anticristo, John Henry Newman.
  • La última palabra es de Dios, Klemens Stock. Este libro es una pequeña joya.

Escritura de Apocalipsis: el día del Señor

Soy un escritor más de brújula que de mapa, con lo que en cuento tuve una idea más o menos clara del principio de la novela y de los personajes que iba a tener me lancé a escribir sin preocuparme demasiado de que siguieran de forma estricta una línea de actuación. Cuando escribo me importa especialmente que los personajes sean coherentes y que actúen como corresponda a sus personalidades y a sus vivencias. Son ellos los que tienen que evolucionar a su ritmo.

Un ejemplo lo vemos en el personaje que se convierte en el Anticristo. Al principio quiere hacer algo bueno, pero se va corrompiendo. La evolución de Bianca y la de Itzak son también ejemplos muy claros de lo que digo. Incluso para Nowak y Munker llega un momento en el que tienen que tomar una decisión vital.

Pero ojo, que procure que mis personajes estén vivos no hace que descuide lo demás. En la novela conjugo el misticismo de Nowak con el ambiente opresivo contra el cristianismo, primero de forma solapada y después abiertamente, que habrá en esa época; la fe de Munker con la corrupción cada vez mayor del Anticristo; la dureza de Itzak con la delicadeza de Bianca. Todo dentro de un mundo acelerado en la cuesta abajo que ha tomado, en el que la influencia del Maligno es más evidente cada minuto.

Y el final… Bueno, no creo que le destripe a nadie la novela si digo que el final de una novela titulada Apocalipsis es el fin del mundo. Mi mujer, que es una santa y se lee todo lo que escribo varias veces para proponerme correcciones, me dijo que le faltaba algo a la novela. Que no podía acabar así. Y la verdad es que tenía razón, así que continué la historia y llegué a donde no suelen llegar normalmente este tipo de novelas

Título y cubierta

Apocalipsis: El día del SeñorEl título y la cubierta están muy relacionados. Como ha habido un cambio de cubierta para la segunda edición, hablo primero de la cubierta original.

Sobre esta cubierta, hubo quien me dijo que no le gustaba porque metía miedo. Creo que se equivocaba. El título tiene un subtítulo: El día del Señor. Lo importante no es tanto cómo el mundo se acaba, sino de quién es la victoria. Es el día del Señor, en el que juzga a la humanidad. Como refleja también la fantástica cubierta que diseñó mi mujer, sí, el Dragón está muy presente. Parece que es él quien va marcando los tiempos. Pero, como dice el título de uno de los libros que utilicé para documentarme, la última palabra es de Dios. Al final, es la Cruz la que brilla, la Luz destruye las tinieblas.

Apocalipsis: El día del Señor

 

Con el tiempo, quisimos darle a la cubierta un toque más vivo y más de acuerdo a las tendencias de libros como mi querido El Padre Elías.

Una vez más, el diseño es de mi mujer, y todo el que haya leído el libro sabrá quién es ese misterioso monje que está en el Vaticano.

Y no añado más para no destripar la novela a quien no la haya leído.

La esperanza

En definitiva, a pesar de la muerte, la destrucción, el caos, la persecución… la clave de la novela y, me atrevería a decir, de la vida, es la esperanza. Gracias a ella podemos afrontar el día a día incluso cuando las cosas no salen como nos gustaría. Incluso cuando van rematadamente mal.

Incluso en medio de una persecución tan brutal como la que llegará antes del Fin.

SUMÉRGETE EN EL APOCALIPSIS

El camino de la disciplina

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Este artículo ha sido publicado en el número 71 de la revista Punto de Encuentro, de la Obra Social de Acogida y Desarrollo. El hilo conductor de este número ha sido la disciplina.

El camino de la disciplina

El camino de la disciplina

El talento, al igual que las ideas, es muy barato. Todos tenemos algún talento. El que sea. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando confrontamos a alguien con un talento sin afilar con alguien con disciplina férrea para formarse y aprender esa misma habilidad?

Sencillo: el segundo logrará la victoria. Porque el talento, en efecto, es un gran punto de partida. Pero queda en nosotros la responsabilidad de trabajarlo, de hacerlo producir, de llevarlo al máximo nivel que podamos alcanzar con él.

Y eso precisa de un concepto que gusta muy poco hoy en día: disciplina.

Elbert Hubbard definió la disciplina como la capacidad para obligarte a ti mismo a hacer lo que debes hacer, cuando debes hacerlo y tengas o no tengas ganas de hacerlo.

No se trata de apetencias ni de gustos. Se trata de saber qué debemos hacer y seguir un plan para avanzar.

Para ello, lo primero es, necesariamente, entender e interiorizar nuestra motivación. La disciplina no se alcanza con mera fuerza de voluntad. Esta, sin algo que nos impulse desde dentro, se acabará por desgastar. Si nuestro «para qué» no es lo bastante fuerte, acabaremos dejándonos llevar por lo fácil. Por dejarlo estar. Por poner excusas del tipo que sea para lo que solo puede definirse como rendición.

Una vez sabemos lo que nos mueve, qué es lo que queremos alcanzar, tenemos que asumir que las cosas no se logran mágicamente con solo desearlas. Hay que actuar. Y hacerlo cuando tengamos ganas y cuando no las tengamos. Cuando estemos inspirados y cuando no lo estemos.

Todo artista marcial, todo buen profesional, sabe bien que la excelencia se logra con repetición y mejora constante. Una técnica hay que repetirla una y otra vez, sin conformarse con que haya salido más o menos bien.

El camino puede ser duro, pero la única manera de llegar al punto que queremos alcanzar es avanzar. Y, para ello, necesitamos definir por dónde tenemos que pasar. Cuáles son los hitos que nos mostrarán que el avance es real. Y decidir, porque todo cambio comienza con una decisión, seguir adelante pase lo que pase.

La disciplina no es algo que tengamos de nacimiento, se puede (¡se debe!) entrenar. Igual que los músculos se fortalecen con el uso repetido, la disciplina se hace más fácil, más fuerte, según nos vamos haciendo disciplinados.

Algo tan simple como comprometerse con uno mismo a realizar determinados actos cada día, como leer media hora o hacer un pequeño examen al final del día para evaluar nuestros aciertos y fallos y definir qué hacer el día siguiente, puede marcar una gran diferencia a la hora de fortalecer la disciplina.

Además, la disciplina fortalece el carácter y la mentalidad. Algo que se echa mucho de menos en estos tiempos de principios blandos y volátiles, de emociones efímeras y nula determinación. Porque, quien decide ser disciplinado, deja de ser un instrumento de sus emociones y de la motivación propia de la autoayuda barata. Se convierte en alguien más difícil de manipular, con mayor autoestima, con mayor capacidad para alcanzar sus objetivos.

Así pues, es vital pasar del «debería hacer tal cosa» al «debo hacerlo». Y, a partir de ahí, no mirar atrás. No buscar excusas. No esperar a que se dé la situación perfecta.

Solo avanzar. Pase lo que pase. Tengamos ganas o no. Porque solo nosotros somos los responsables de nuestra vida y de lo que hagamos con ella.

Confiar en ti mismo SÍ es cristiano

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Confía en ti mismoPor lo general, la gente te dirá: no confíes en ti mismo. Confía solo en Dios.

Pero esto tiene un problema. Aquí tienes los versículos 18 al 24 del capítulo 32 del libro del Eclesiástico:

«El hombre sensato no olvida la reflexión, el malvado y el orgulloso no tienen miedo a nada. No hagas nada sin aconsejarte, y no te arrepentirás de tus acciones. No vayas por caminos escabrosos, y no tropezarás con las piedras. No te fíes de un camino inexplorado, e incluso con tus hijos mantén distancias. En todos tus actos confía en ti, que también esto es guardar los mandamientos. El que confía en la ley observa los mandamientos, y el que confía en el Señor no sufrirá ningún daño».

Literalmente dice: En todos tus actos confía en ti, que también esto es guardar los mandamientos.

¿Cómo encaja esto con la confianza en Dios?

Pues lo cierto es que con mucha facilidad.

Confiar en uno mismo en ningún momento anula la confianza en Dios, siempre y cuando no nos empeñemos en que se trate de una confianza exclusiva. Es decir, que excluya a Dios de la ecuación.

Sin embargo, si mantenemos la confianza en nosotros mismos arraigada en la confianza en Dios, no hay ningún problema. Dios mismo nos ha dado la capacidad de utilizar la razón. En estos mismos versículos nos habla de la importancia de la prudencia, de reflexionar, de pedir consejos. De igual manera, nos dice con claridad que el malvado y el orgulloso no tienen miedo a nada. ¿Por qué? Porque no son prudentes. No confían en Dios, sino solo en sí mismos. Es una confianza solitaria, egocéntrica en lugar de teocéntrica.

En definitiva, sí, puedes y debes confiar en ti mismo, con una confianza enraizada en Dios. Una confianza valiente, gozosa y abierta a la voluntad de Dios.