¿Cómo saber qué carrera estudiar?

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Elegir la carrera universitaria correctaQuieres ir a la universidad, pero no sabes qué estudiar. Tienes muchas posibilidades y no quieres equivocarte, ya que es una decisión muy importante.

Una decisión que va a modelar tu vida.

Lo primero que quiero decirte es que se puede cambiar de carrera. No es obligatorio terminar aquella en la que te metas en un principio. No tengas miedo a no acertar a la primera.

Sin embargo, es también evidente que es preferible tener un mínimo de certeza de que te metes en algo que te gusta. Y, a veces, no es tan sencillo.

Te propongo tres maneras de discernir tu carrera. Puedes utilizarlas para facilitarte la elección, tanto esta como otras que tengas que tomar en un futuro.

Lista de pros y contras

Una primera manera es hacer una lista de pros y contras de las opciones entre las que te debatas. Es importante hacerla con calma, con tranquilidad, reflexionando de forma sincera.

El mero hecho de llevar a cabo este ejercicio ya te aportará, con mucha probabilidad, más claridad acerca de lo que quieres estudiar.

Cuando la tengas, y con la misma actitud de querer hacer lo correcto, recórrela, estúdiala. ¿Qué opción te atrae más? ¿Con cuál sientes más paz?

El consejo a un desconocido

Relájate e imagínate que te encuentras con alguien a quien no conoces de nada, pero al que deseas ayudar con todas tus fuerzas. Visualízalo. Ante la misma cuestión que tú tienes, ¿qué le recomendarías? ¿Por qué opción le dirías que tendría que decantarse?

Esa misma sería la que tú quieres elegir. Y es que no es raro que nos sea mucho más sencillo dar consejos a otra persona que a uno mismo.

Visualización desde el momento de la muerte

Este tercer método se basa en el hecho de que desde la perspectiva de la muerte es más sencillo valorar la vida.

Relájate y visualízate en tu lecho de muerte. En esa situación, reflexiona sobre lo que te habría gustado elegir en su momento. ¿Qué carrera te habría gustado estudiar? ¿En qué habrías querido trabajar?

¿Qué decisión es la que te da más paz, más esperanza?

Estas son tres maneras para lograr más claridad a la hora de hacer una elección tan importante como la carrera a estudiar. En cualquier caso, es bueno que no te apresures y te tomes tu tiempo para decidir tu carrera con la cabeza bien despejada.

Coaching para universitarios

¿QUIERES QUE TE AYUDE CON TU VIDA UNIVERSITARIA?

Cambia tus hábitos negativos por otros positivos

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Cuando se trata de buscar excusas somos unos auténticos expertos. Es que no tengo tiempo, es que no sé, es que…

Y, a veces, no es más que un tema de hábitos. A lo largo de nuestra vida nos hemos ido creando hábitos que nos atan más que otra cosa. Un ejemplo: en los móviles suele haber una opción que indica el tiempo que has pasado utilizando redes sociales. Si no la tiene o no la encuentras, siempre puedes contabilizarlo de forma consciente, dándote cuenta de cuándo lo haces y cuánto estás.

Ese es uno de los hábitos que más tiempo roban cada día. Echa los cálculos.

Te propongo un ejercicio: Descubre tres hábitos que te ralentizan o te imposibilitan alcanzar tus objetivos, que debilitan tu vida. Escríbelos y elige uno, el que más daño te haga.

Proponte conquistarlo esta semana. Cámbialo por otro hábito que sí te haga bien: leer, alimentar la mente, hacer ejercicio…

No te rindas.

¿Eres un renacido?

¿Quieres sentirte más libre?

¿Necesitas aclarar tus ideas?

RENACE. LIBÉRATE. TRANSFORMA TU VIDA.

Cómo dejar de vivir en el pasado

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Cómo dejar de lamentar el pasadoEn mis trece años viviendo la ansiedad y la depresión lo normal era que todos los días dedicara buena parte de mi tiempo a pensar en lo que me habían hecho, en lo que había empezado, pero no había terminado, en todo en lo que había fallado en mi vida.

Me sentía un fracasado.

Y ¿sabes qué?

No lo era. Pero no quería verlo.

Ni siquiera me sentía capacitado para verlo.

Al mirar hacia el pasado tenemos esa tendencia tan curiosa de convertirlo en lo que nos ha llevado a cómo somos ahora. Si no he conseguido lograr algo, es que no puedo lograrlo. Por tanto, tiene que ser así.

Y sí, es cierto: nuestras acciones pasadas, nuestros pensamientos pasados, lo que nos ha ido ocurriendo nos ha llevado a este momento. Eso es indiscutible. Pero no por su valor intrínseco, sino por las decisiones que hemos tomado. Por cómo hemos utilizado todo ese bagaje emocional.

Nos lamentamos una y otra vez por el pasado: debería haber hecho tal cosa o tal otra. No debí reaccionar así. Me insultaron. Me humillaron.

Y nos quedamos ahí. Permitimos que todos esos pensamientos nos invadan y campen a sus anchas en nuestra mente sin control.

Machacándonos.

Dejándonos atados a un pasado que ya no está. Que ya no existe.

No quieres eso.

Tienes que dejar de vivir en el pasado. Tienes que reconciliarte con él. Y eso pasa necesariamente por mirarlo de frente, sin esconderte. Porque el pasado tiene un gran valor, si sabes aprovecharlo.

El valor de poder aprender de él.

Esa es su función. Para eso lo quieres. No para atormentarte. No para que te esclavice. Al contrario, para ser libre. Para descubrir lecciones para tu vida. Lecciones que te pueden hacer cambiar de forma radical.

Y sí, hay lecciones en todo. A mí me han traicionado, me han insultado, se han burlado de mí, me han acosado en el instituto y en el trabajo. Y te puedo asegurar que ahora, si miro atrás, ya no lo hago con rabia, ni con miedo, ni con sensación de fracaso.

Miro con gratitud. Porque me he tomado mi tiempo para encontrar qué me ha enseñado todo eso. Qué lecciones encerraba. Y, una vez encontradas, aunque parezca algo raro, incluso una locura, he dado gracias por esa lección. Y he dejado ir la cadena que me ataba a ese acontecimiento.

Por supuesto no me refiero a agradecer que me haya pasado algo malo, sino que puedo aprender algo de ello. Que puedo ser mejor a partir de todo eso.

Las lecciones, además, pueden ser duras. Pero son necesarias para evolucionar, para salir de la jaula del pasado. Algo tan sencillo como «sobreviví a esta experiencia y la puedo utilizar para ayudar a los demás» es un cambio exponencial en tu vida y en la de los demás.

Te puede ayudar también intentar entender por qué alguien te ha insultado, etc. Así bajas la carga emocional y pasas al aspecto racional. Porque, muchas veces, esas personas son más objeto de compasión que otra cosa.

Quiero que te grabes bien esto en la cabeza: el pasado está ahí para que aprendas de él. Busca qué lecciones te ha enseñado y, después, suéltalo con gratitud. La gratitud es una fuerza muy poderosa que hace que cambies tu perspectiva en un momento hacia otra nueva más positiva, que te ayuda a avanzar, que te hace sentir más ligero, más vivo.

Tu pasado es un trampolín para impulsarte. Una escuela como ninguna otra. Utilízalo y, con sus lecciones, avanza hacia tus objetivos futuros.

La decisión la tienes tú.

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La gratitud en la vida cristiana

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Gratitud en la vida cristianaEl cristiano debe vivir en una actitud de gratitud. Esto es válido para cualquier persona, pero en el caso de los que nos definimos como seguidores de Cristo ni siquiera tendría que ser algo discutible.

Sabemos que Dios nos ha dado multitud de dones. Entre ellos, a sí mismo. Que cada nuevo día es una ocasión de crecer en el conocimiento de Dios, de darle gloria cada uno en nuestra vida, en nuestra vocación particular. Siempre hay algún motivo para darle las gracias.

Porque, en el fondo, el problema es más nuestra actitud que lo que ocurra en el exterior.

Muchas veces vemos la gratitud como una especie de muestra de debilidad. Y sí, lo es. Somos débiles, no lo podemos todo ni de lejos.

Lo interesante es que, al reconocer esa debilidad, esa necesidad de Dios, de todo lo que nos da, de todo con lo que nos bendice, nos hacemos fuertes.

Pero fuertes en Él.

Además, la gratitud no es estar siempre sonriendo como un bobalicón que no se entera de nada. La vida a veces da golpes que te dejan tirado por los suelos. Sería absurdo suponer que, por vivir en una actitud de acción de gracias, tengamos que negar el dolor o el sufrimiento.

En absoluto. Eso no es tener gratitud. Ni siquiera es cristiano. Jesús no iba sonriendo lleno de alegría mientras le azotaban ni mientras cargaba con la cruz.

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Sin embargo, la gratitud es una fuerza muy interesante: no es compatible con el miedo. Esto quiere decir que, si nos acostumbramos a vivir en gratitud, nuestro nivel de miedo va a reducirse necesariamente.

Pero claro, no puede ser tan solo una palabra para quedar bien o una especie de reconocimiento alejado de nosotros. No es tanto dar las gracias como ser agradecido. Es decir, agradecer con todo el ser, desde lo más profundo, reconociendo de verdad ese bien que procede de Dios.

Dentro de ese bien podemos y debemos incluir las lecciones aprendidas en nuestros malos momentos. Porque, si estamos abiertos a Dios, nos daremos cuenta de que todo sirve para nuestro bien. Y, por tanto, de un mal podemos sacar algo que nos impulse hacia Él. Que nos haya servido para mejorar como personas.

Cada uno tiene sus historias. Yo, por ejemplo, recuerdo cómo la muerte de uno de mis hermanos me llevó a volver a Dios y a la Iglesia. Cómo vivir años con ansiedad me ha llevado a descubrir herramientas para mejorar mi calidad de vida y la de los demás. Cómo, a partir de la oscuridad, la luz acababa emergiendo de donde no parecía posible que lo hiciera.

Te voy a recomendar un par de ejercicios muy sencillos para que los hagas todos los días. Ya verás cómo te ayudan a vivir en mayor presencia de Dios y en gratitud. Te pueden transformar la vida: lo digo por experiencia.

El primero: nada más despertarte, antes de hacer cualquier otra cosa (excepto parar el despertador, claro), piensa en al menos tres cosas por las que das las gracias a Dios. Siente esa gratitud invadirte el corazón, el alma, el ser.

¿Por qué nada más despertarte? Porque ese va a ser el motor para el resto del día. Le estás diciendo a tu mente que estás agradecido y que quieres seguir estándolo. Y tu mente te ayudará a encontrar a lo largo del día más motivos para la gratitud.

El segundo: hacer lo mismo antes de irte a dormir. De esta manera rememorarás esos momentos que te has ido encontrando o los descubrirás, si no los has visto antes. Siempre hay algo que agradecer, aunque solo sea el aire que respiras.

Pero recuerda: sé agradecido de verdad. No un simple gracias y ya está, ya he cumplido. Eso no es agradecimiento.

Haz esos ejercicios y descubrirás la mano de Dios en tu vida.

Te invito a una experiencia de encuentro con Dios:

PROGRAMA CAMINO DE PLENITUD

La indefensión aprendida y el elefante en la estaca

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Indefensión aprendidaQuizá conozcas ya este pequeño cuentecillo, pero permite que, aun así, te lo cuente:

En cierta ocasión, un chavalín vio en un circo a un elefante enorme atado con una cuerda que ni de lejos debería suponer un problema para la fuerza del magnífico animal a una estaca que resultaba todavía más ridícula.

El niño estaba, como es lógico, extrañado. No le encajaba la imagen del elefante con la manera en la que lo tenían atrapado. Debería ser capaz de escapar sin ninguna dificultad.

Se acercó al cuidador del animal y le preguntó cómo podía ser que el elefante no huyera y si es que no podía realmente soltar la estaca.

—¡Ja, ja, ja! —se rio el hombre—. Claro que ni la estaca ni la cuerda pueden sujetar al elefante. Sin embargo, ese mismo elefante, desde que era muy pequeño, estuvo atado a una estaca como esta misma. Por supuesto, intentó soltarse, pero no tenía la suficiente fuerza como para liberarse. Lo intentó y lo volvió a intentar sin éxito.

»Hasta que se rindió. A partir de ese momento, ya no lo volvió a intentar. Había aprendido que no podía escapar. Creció y creció hasta hacerse así de grande, pero, como nunca trató de escapar de nuevo, no sabe que podría hacerlo en cuanto quisiera.

Es más que probable que ya lo hubieras oído o leído con anterioridad, sea esta versión u otra, pero el mensaje, que es lo importante, sigue siendo el mismo: la indefensión aprendida.

La indefensión aprendida es la condición por la que alguien se inhibe ante situaciones negativas cuando las acciones para evitarlas no han funcionado con anterioridad. Hasta el punto de acabar afrontándolas de modo únicamente pasivo.

Sin hacer nada.

Totalmente quieto.

Un ejemplo: intentas avanzar en tu trabajar, conseguir un puesto más alto, un aumento… Pero la respuesta siempre es no. O tratas de que valoren tus ideas, pero siempre las ignoran. En lugar de seguir intentándolo, aprendes que no tiene sentido seguir esforzándose y se acabó. No vuelves a intentarlo. ¿Para qué, si no vas a conseguir nada?

Por supuesto, es una situación que no se ciñe tan solo al mundo laboral. El problema es el mismo: hemos aprendido que vamos a fallar. Que no lo vamos a lograr. Que vamos a fracasar. Da igual que cambien las circunstancias, que haya otras diez mil maneras de intentar lo mismo.

Sabemos que no sirve para nada volverlo a intentar.

Lo sabemos, ¿no?

Pues no. No lo sabemos. Sabemos, como mucho, que algo concreto ha ocurrido en unas situaciones concretas, pero de eso no podemos inferir válidamente que siempre va a ocurrir lo mismo.

De esa manera nos encerramos nosotros solitos en cárceles. Nos atamos a la pequeña estaca de la indefensión que hemos aprendido, solo porque en otras ocasiones no hemos logrado arrancarla.

Pero eso no quiere decir que al siguiente intento vaya a ocurrir lo mismo.

Tampoco quiere decir que no haya manera de lograrlo.

Si el elefante se parara a pensar: «¿Qué más da lo que haya ocurrido antes? Ahora soy enorme. Puedo arrancar la estaca. Puedo romper la cuerda».

Pero no lo hace.

Y nosotros hacemos lo mismo: Es que ya no puedo cambiar de trabajo. Es que no me hacen caso. Es que, haga lo que haga, no puedo lograrlo. Es que, es que, es que…

Es que hemos aprendido a hundirnos en la mierda.

Y a quedarnos ahí.

Chapoteando.

Esa no es la manera de salir.

Pero es que, para salir, hay que querer salir. Esa es la cuestión.

La parte positiva es que la indefensión aprendida es justo eso, aprendida. Una creencia limitante que podemos sustituir por otra que nos capacite, que nos impulse.

De hecho, haríamos bien en hacerlo, ¿no crees?

Aunque, claro, eso no le vendría bien a quien esté aprovechándose de que estemos atados a la estaca.

Libérate de la estaca.

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Del «debería» al «voy a»

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¿Qué sentido tiene plantearse las tareas a realizar, los objetivos o los cambios que supuestamente deseamos como si fueran una especie de carta a los Reyes Magos?

Debería buscar trabajo.

Debería perder peso.

Debería hacer más ejercicio.

Debería hacer esa llamada.

Debería pedir un aumento.

Debería…

¿Usar esa palabra da algún tipo de implicación con lo que la sigue?

En absoluto.

Nos mantiene distanciados por completo. Como si no fuera con nosotros. Son cosas que, bueno, sí, deberían hacerse. Pero, en realidad, quedan aparte. Son externas, no nos afectan porque, en realidad, en lo más hondo, no queremos que lo hagan.

Es necesario que pasemos del «debería» al «debo», porque esta expresión ya sí que nos implica, y eso cambia nuestra forma de afrontarlo todo.

No es lo mismo «debería buscar trabajo» que «debo buscar trabajo», ¿no te parece? Lo primero es una mera posibilidad. Lo segundo ya es una necesidad. En el momento en el que asumimos algo como un deber, ponemos en marcha en nuestra mente mecanismos para conseguirlo.

Sin embargo, todavía tiene un problema importante: es como una imposición externa No tiene todavía la suficiente fuerza.

Por eso el siguiente paso es fundamental: pasar del «debo» al «voy a». Ahora ya no hay nada que nos separe de esas tareas, de esos objetivos. No es que deba buscar trabajo, es que voy a buscar trabajo. Lo voy a hacer y me voy a poner a ello ahora mismo, porque estoy plenamente implicado en ello. No es algo que se vaya a quedar para más tarde.

Ya no es un deseo vago y difuso, sino un objetivo real y consciente.

Una puerta de entrada al cambio.

¿QUIERES QUE TE AYUDE?

¿Sirve de algo el team building?

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¿Sirve de algo el team building?No es raro que, dentro del ámbito del coaching empresarial, se recurra al llamado team building, que no es otra cosa que una serie de dinámicas y actividades para que un equipo de personas trabaje con más compenetración, más en equipo.

El problema que le veo yo a eso, y creo que no es un problema baladí, precisamente, es que, muchas veces las empresas se preocupan de hacer team building sin que haya un team previamente. Hay, como mucho, un grupo de personas que trabajan en el mismo proyecto, o en el mismo departamento, y hasta ahí. Nada más.

Es decir, no hay un equipo de verdad.

Y, por tanto, esas actividades no van a servir para nada. Bueno, el coach va a cobrar un buen dinero, eso sí. Pero la empresa no va a sacar ninguna ventaja. Va a perder tiempo y dinero. Y va a tener a los trabajadores mosqueados porque les obligan a hacer unas actividades que les van a parecer absurdas, una tontería, una infantilada memorable.

Los directivos o los de Recursos Humanos sacarán pecho diciendo que están trabajando en el bienestar laboral, que si no lo aprovechan es culpa de los trabajadores y que ellos lo están haciendo de maravilla.

Por supuesto, cómo no. Todo perfecto.

Yo tengo una visión un tanto distinta de cómo hay que actuar en el coaching empresarial que quizá tire un poco contra mi propio tejado, ya que es bastante más lucrativo el coaching grupal que el individual, pero que me parece más adecuada y más útil para la empresa en su conjunto.

Parto de la base de que la empresa es un sistema en el que cada elemento tiene que funcionar correctamente. Todos tienen que remar en la misma dirección. Todos tienen que conocer la misión y la visión de la empresa. Todos deberían estar alineados con los valores que dice tener la empresa.

Es un enfoque más complejo que unas actividades de team building, ya lo sé. Cuando estuve diseñando mi programa Fénix Empresa era plenamente consciente de ello. Solo las empresas más comprometidas con su crecimiento aceptarían ese tipo de planteamiento.

Sin embargo, eso es bueno. Porque, al no ser la solución facilona, estarán mucho más comprometidos con lograr sus objetivos. Y eso los llevará a un aprovechamiento máximo.

Los empleados no sentirán esa alienación tan común de estar en el trabajo solo por un sueldo, sino que se les ayudará a verse como partes importantes de una misión mayor. No como recursos, sino como personas.

¿Quién trabajará mejor, con más ganas? ¿El que está solo porque algo hay que hacer para ganarse la vida o el que siente que se le respeta, que se le tiene en consideración, que su trabajo es importante?

Me parece que la respuesta es obvia. Y, a pesar de eso, sigue habiendo muchísimas empresas que no dan el paso.

Preocúpate de crear un equipo, de que todos remen hacia el mismo destino, de que haya de verdad una cultura de empresa positiva. Después ya haréis actividades de team building si las consideráis necesarias de verdad.

DESCUBRE MI PROGRAMA FÉNIX EMPRESA

Visitas al Santísimo

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Las visitas al Santísimo también están muy relacionadas con la adoración eucarística y, por tanto, con la misma celebración de la Eucaristía.

Si quieres conocer mejor esta devoción, sigue leyendo.

Visitas al Santísimo

¿Qué son las visitas al Santísimo Sacramento?

¿Qué es visitar al Santísimo? Pues nada menos que visitar a Jesús Eucaristía. Es decir, pasar un rato de nuestro día acercándonos a una iglesia para entrar y ponernos ante el Santísimo, sea mientras está expuesto en la custodia, sea estando en el sagrario.

Adorando a Jesús Sacramentado, haciendo de Él el centro de nuestro tiempo. Demostrando que le recordamos, que queremos estar junto a Él, que es importante en nuestra vida.

Buscamos un encuentro con Él para hacerle partícipe de nuestras alegrías y nuestras penas, para poner en Él el peso del día.

Suelen ser ratitos relativamente breves. Yo he visto gente que, sencillamente, entra en la iglesia, se arrodilla un momento y vuelve a salir. Otros pasan un rato más largo.

Lo principal es esa actitud de centralidad del Señor. De sacar tiempo para el Creador.

¿Qué debo hacer cuando visito al Santísimo?

Al igual que con la adoración eucarística, puede surgir la duda sobre qué hacer al visitar al Señor Eucaristía. ¿Qué rezo, qué le digo?

Puedes, sencillamente, ponerte ante Él. En su presencia. Disfrutar de ese momento de encuentro.

Puedes darle las gracias por todo lo bueno de tu vida. Y, quizá, también por lo que has aprendido de las pruebas que te has ido encontrando.

Puedes pedir su ayuda, contarle cómo te ha ido el día, hacer una lectura orante de la Biblia, leer un poquito de la vida de un santo, utilizar la guía de libros con oraciones o meditaciones… Las posibilidades son ilimitadas. Lo importante es que te acerques a Él en ese encuentro de amor con quien lo ha dado todo por ti.

Descubre mi libro para la adoración eucarística:

Libro para ayudarte en la adoración eucarística
Ante el Santísimo

¿Qué es un coach?

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Jorge Sáez Criado, life coach - coach de vidaCuando empiezas a aprender coaching, uno de los primeros puntos en los que se incide es en lo que es el coaching.

Lógico, ¿verdad? Es importante saber bien qué es lo que vas a hacer, lo que eres y lo que no.

Sin embargo, tengo que confesarte que me he dado cuenta de que eso da un poco lo mismo. Al final, si le dices a alguien: «soy coach» se te queda mirando un poco raro. Incluso a la defensiva, seguramente por una mezcla de un concepto relacionado con alguien pegando gritos de «tú puedes» a otro y de mezclas infames de coaching con otras… cosas, por decirlo así.

Y lo cierto es que la realidad es mucho más sencilla y, a la vez, más enriquecedora. Al menos, desde mi particular punto de vista, así que ahora te hablaré de lo que yo considero que soy como coach.

La traducción literal de coach es entrenador. ¿Y qué es eso de ser un entrenador?

Da la casualidad de que yo he tenido la suerte de que mi maestro de kung-fu me confió varias veces dar la clase cuando él no estaba. Además, a mis hijos también les he enseñado kung-fu hasta que otras actividades les fueron llamando la atención, con lo que he tenido una experiencia muy particular de lo que es ser entrenador.

El entrenador, tal como lo veo yo, es alguien que se preocupa por ti. Que busca la manera de que te superes, de que llegues al máximo de lo que puedas dar e, incluso, lo rebases. Es un amigo que no te va a imponer su manera de ver las cosas, sino que te va a dar la mano para ayudarte a recorrer tu camino.

Es alguien que no se va a dejar engañar por lo que digas de ti mismo, sino que te va a desafiar a superarte. Tiene conocimientos, pero sobre todo tiene experiencia en aquello en lo que entrena, y está deseando usarlos para tu beneficio, para que tu camino sea más recto.

No se ve por encima de ti, sino como un compañero de viaje que ya ha pasado antes por tu ruta y quiere hacértela más sencilla.

Así es como veo yo ser entrenador. Así es como veo yo ser coach.

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Entrevista en Ciberautores.com

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Entrevista en Ciberautores.com

Javier, de Ciberautores.com, me ha hecho una maravillosa entrevista. Me encanta cómo ha captado la esencia de mi trabajo de escritor. Te animo a leerla.

Leer la entrevista