No te saltes pasos y disfruta del camino

Disfruta tu caminoHace poco te hablaba de la necesidad de ir haciendo pequeños cambios para abordar otros que, quizá, pueden parecer tan grandes que te lleguen a desanimar si solo te fijas en el objetivo final en lugar de en metas más pequeñas que vayan conduciendo a ellos.

A veces, cuando queremos alcanzar un objetivo, estamos tan ilusionados que tenemos prisa, mucha prisa. Queremos llegar a él ya. Además, con la cultura de la inmediatez que nos rodea, nos hemos acostumbrado a que, cuando queremos algo, lo tenemos que conseguir en el momento, sin esperas. Nos cuesta esperar, y eso puede desembocar en que acabemos perdiendo las ganas de llegar a donde queríamos llegar.

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Haz cambios pequeños para conseguir grandes cambios

Todos queremos que nuestra vida mejore en algún aspecto. Pero también es verdad que los seres humanos somos unos auténticos expertos en poner excusas. Porque, claro, que eso mejore implica hacer un cambio en la vida. Un cambio que puede ser profundo. Y nos gusta mucho acomodarnos, mientras nos decimos a nosotros mismos que no podemos hacer nada.

¿Cuánta gente juguetea con la idea de cambiar de trabajo para dedicarse a algo que realmente le guste, que haga que se levante por la mañana con una sonrisa, y no hace nada porque “es demasiado tarde”, “no tiene tiempo” y excusas similares?

¿Cuánta gente querría estar en forma, pero no hace nada por distintas variaciones de excusas, una vez más?

El hecho es que, por lo general, esas excusas solo ocultan una razón, que es la real: no hago nada porque no quiero afrontar el cambio. Estoy tan acostumbrado a mi vida, a mi forma de ser, a lo que sea, que solo pensar en transformar todo eso me parece tan enorme que lo dejo pasar.

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¿Importa lo que hacemos en la vida?

Soy un admirador incondicional de esa obra maestra que es Blade Runner. Muy especialmente del monólogo improvisado por Rutger Hauer.

 

 

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En él, el replicante, al ver que su vida está a punto de terminar, se plantea algo muy humano. Algo que quizá tú mismo te hayas planteado más de una vez. ¿Tiene alguna relevancia lo que hacemos en la vida? Al final, ¿todas esas vivencias sirven para algo o tan solo están llamadas a desaparecer como lágrimas en la lluvia?

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Balance del 2020 y proyectos para el 2021

publicado en: Vida de escritor | 0

El 2020 ha sido un año bastante agridulce, con sus cosas buenas y sus muchas cosas malas. Ahora, ante nosotros, se abre un nuevo año que, al menos por mi parte, tomo con mucha prudencia, porque cambiar de calendario no quiere decir nada más que eso, quitar un calendario para poner otro. Nada más.

Pero me quiero centrar en mis proyectos literarios, que ahí sí que puedo decir que he avanzado, incluso más de lo que esperaba. Acompáñame en este repaso por el 2020 y en mis planes para el 2021.

¿Qué he hecho en el 2020?

No puedo decir que me haya quedado parado por la pandemia, precisamente. En primer lugar, publiqué el cuarto volumen de mi saga de ciencia ficción ciberpunk Memorias del ocaso: Guerra. Con él, en cierto modo se cierra una parte de la historia. Que no la saga, ojo. Esta continuará (ya estoy dándole vueltas a distintas posibilidades).

Debido a esto, recopilé en un solo volumen los cuatro primeros libros de Memorias del ocaso, dándole el título El ciclo de Amy, ya que en ese libro se encuentra la historia de Amy, esa maravillosa inteligencia artificial que tantos quebraderos de cabeza ha dado desde que apareció por error y cambió el mundo. Te dejo aquí abajo el primer relato.

Con los libros de fantasía también he ido avanzando. En este año que hemos dejado atrás he publicado dos relatos de la saga Roncho, cazador de monstruos: Un trasgo malvado y Las aguas curativas de Inishmore.

Además, dentro del suspense sobrenatural, he publicado una nueva edición de Apocalipsis: el día del Señor. Si quieres echarle un vistazo, pulsa en el botón de aquí abajo.

Libro Apocalipsis: el día del Señor

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Dentro de la no ficción, también ha sido un año muy intenso. En primer lugar, he creado mi primer curso en vídeo sobre escritura creativa: Crea personajes que enamoren al lector. En él explico uno de los puntos más importantes, si no el más importante, dentro de la escritura de una novela o un relato: la creación de personajes reales, que hagan que el lector se interese por ellos. Me he centrado en la fantasía y la ciencia ficción, pero es perfectamente válido para cualquier género literario.

Además, para quienes prefieran leer en lugar de ver vídeos, publiqué el libro con el mismo título. Así que no tienes excusa para introducirte en el mundo de la creación de personajes: Crea personajes que enamoren al lector (el libro).

Dentro de la no ficción católica, publiqué Meditando el Santo Rosario, una guía para vivir los misterios de la fe, en el que recojo los cuatro volúmenes de la serie Meditando el Santo Rosario. Puse mucho cariño en esta edición. Si quieres echarle un vistazo, pulsa aquí abajo o en este enlace.

Meditando el Santo Rosario: una guía para vivir los misterios de la fe

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Y por último, pero no por ello menos importante, publiqué Antes de que nazcas, te quiero contar… en su edición digital. Este libro es la segunda edición, revisada, corregida y aumentada, de mi segundo libro, publicado en el lejano año 2010, que titulé por aquel entonces Cartas desde el corazón a un hijo no nacido. En él repaso todo tipo de temas actuales y universales desde un punto de vista católico y, obviamente, provida.

Hasta aquí, lo que ha dado de sí el 2020. ¿Y qué planeo para el 2021?

Planes para el 2021

Por supuesto, en primer lugar espero publicar pronto la edición en tapa blanda de Antes de que nazcas, te quiero contar… En el momento de escribir esta entrada estoy esperando el ejemplar de prueba desde Amazon. Si todo va bien, a mediados de enero estará disponible.

Siguiendo con los libros de no ficción, mi intención es publicar otros dos. Uno para ayudarte en la oración ante el Santísimo y del que tengo ya escrito el primer borrador y otro un poco más especial que todavía tengo que perfilar bastante.

Me gustaría también crear un nuevo curso de escritura creativa. A ver si es posible.

Respecto a los libros de fantasía y ciencia ficción, tengo varios proyectos en mente, aunque es difícil que pueda poner en marcha todos en un año. Por supuesto, Roncho seguirá ahí, al igual que Memorias del ocaso. En ambas sagas estoy recopilando ideas y planificando posibles líneas de avance.

Ahora mismo estoy escribiendo otro libro que no va a formar parte de ninguna serie. Espero tenerlo terminado en algún momento del primer cuatrimestre de este año. Aparte de este, otros dos de los que comencé el año pasado quiero que den el avance definitivo hacia la existencia. Ambos son de fantasía. El primero, de ciencia ficción.

Por otra parte, quiero volver a revivir la lista de correos. Debido a distintas circunstancias la he ido dejando languidecer, pero me gustaría darle una nueva vida a este canal tan directo con lectores y simpatizantes. Te invito, si no lo estás ya, a unirte a mi lista de correos.

Por supuesto, seguiré adelante con mi canal de Youtube, hablando de lo divino y lo humano. Y, por supuesto, de todo esto de escribir. Te invito a suscribirte a él.

Conclusión

Como puedes ver, ha sido un año muy completo y el 2021 no va a serlo menos, espero. Me gustaría poder contar contigo en este apasionante camino.

Aquí te espero. 🙂

Papá, me aburro

publicado en: Vida cristiana | 0

El aburrimiento no es algo tan negativo..

Este artículo ha sido publicado en el número 60 de la revista Punto de Encuentro, de la Obra Social de Acogida y Desarrollo. El hilo conductor de este número es el aburrimiento.

Papá, me aburro

Niño aburrido«Papá, me aburro» es, quizá, una de las frases más repetidas a lo largo del pasado confinamiento, aunque no deja de ser algo que los que tenemos hijos oímos de cuando en cuando. Sin embargo, en un contexto como este, en el que las posibilidades de entretenimiento para los pequeños se minimizaron —siempre y cuando uno no quisiera caer en la trampa de utilizar los dispositivos digitales como niñeras disponibles veinticuatro horas al día—, se convirtió, en muchos casos, en una constante diaria.

No es extraño que muchos padres, ante tal situación, se esfuercen en buscar y rebuscar en miles de páginas de Internet todo tipo de juegos y dinámicas para sus hijos, esperando ocupar cada minuto de su tiempo y evitar el tan temido aburrimiento.

Porque sí, el aburrimiento es temido hoy en día. Vemos cómo parece como si fuera necesario tener actividades a cada momento, saber qué hacer siempre. Y, si en algún momento no tenemos nada que hacer, nos enganchamos al móvil. Más de una vez he estado a punto de chocarme por la calle con alguien que venía caminando y mirando el móvil a la vez.

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Y esto es una auténtica lástima. Porque cierta dosis de aburrimiento no solo no es algo negativo, sino que puede ser algo muy bueno. Por supuesto, también para los niños.

El aburrimiento, para decirlo rápido, es esa sensación de fastidio que se da cuando no sabemos qué hacer porque nos falta interés en lo que estamos haciendo o en lo que nos rodea.

Como decía más arriba, muchas veces se recurre al anestésico digital para aliviar esta molesta sensación: televisión, redes sociales… En una cultura de la inmediatez como en la que estamos sumergidos —para nuestra desgracia—, no se concibe tener que soportar un momento de aburrimiento. Nos falta paciencia. Y nos falta costumbre para algo tan simple como pasar un rato con nosotros mismos, sin tener que «hacer», sino solo «ser». Explorar nuestro mundo interno tendría que ser algo habitual, no una incomodidad a acallar mediante las imágenes de una pantalla.

El aburrimiento es una oportunidad, no una desgracia. Es una oportunidad para plantearse cosas, como por ejemplo un cambio. Una nueva afición. Incluso la posibilidad de un nuevo trabajo. En el espacio creado por esta sensación podemos hacernos importantes preguntas, como «¿qué me gustaría hacer?» o «¿por qué en esta situación me estoy aburriendo, si antes me gustaba?». Es una puerta a la creatividad, a encontrar un camino nuevo.

Y esto es lo que lo hace tan importante para los niños.

En estos ratos, si los dejamos en paz, lo normal es que acaben encontrando algún nuevo entretenimiento con el que divertirse. Desde leer un libro —por cierto, muy recomendable animar a los hijos a amar la lectura— a hacer un dibujo o inventarse un nuevo juego.

¿Qué ocurre si, por lo que sea, no consiguen encontrar una alternativa? Si están demasiado acostumbrados a estar delante de la pantalla, por ejemplo, o a que les demos siempre alguna actividad, puede costarles un poco más encontrar por sí mismos qué hacer. Podemos ayudarles, claro que sí, pero de forma un poco abstracta. Volviendo al mismo ejemplo de antes, podemos decirles que hagan un dibujo. Pero que elijan ellos qué dibujar, con qué colores, etc. Que den rienda suelta a la imaginación. Incluso puede ser una oportunidad para volver a ser nosotros también un poco niños, proponiendo algo más original y participando en su juego con ellos, sin poner más reglas que las que quieran poner ellos.

Sin pantallas de por medio.

Tan solo un rato de juego, de imaginación, de salida de la actividad normal, adulta, para adentrarnos en el mundo de la inocencia, de la fantasía sin límites de un niño.

Si, para tener esos picos de creatividad, hay que aburrirse un poco de vez en cuando, creo que merece la pena.

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Huir de los conflictos

Meditando el Santo Rosario: una guía para vivir los misterios de la fe

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Te voy a contar una pequeña historia. Pongamos a dos trabajadores, llamémosles A y B. Están subcontratados en una cierta empresa X cuyos trabajadores van a la huelga. A y B tienen un problema: los piquetes de X no les van a dejar pasar, por mucho que ellos no sean de esa empresa. Ya sabemos cómo funciona en España lo del derecho a trabajar cuando hay huelgas.

León cobardeSe ponen en contacto con su empresa para preguntarles cómo actuar y esta les dice que se cojan los días de huelga como vacaciones. A dice que no le parece mal, pero B dice que no tiene ningún sentido, que no es que ellos no quieran ir a trabajar, sino que se lo están impidiendo otras personas y que la empresa debería buscar otra opción. Discutiéndolo, A le dice a B que prefiere no crear conflictos con la empresa. Sin embargo, gracias a la postura de B y a que no tuvo problema en mostrar su opinión, la empresa acaba decidiendo a regañadientes que no gasten el día de vacaciones.

Por algún motivo se nos ha metido en la cabeza, no sé cómo, que el conflicto en sí es algo malo, algo a evitar a toda costa. Incluso en el ámbito cristiano a veces parece como si discutir o mostrar desacuerdo por algo fuera cosa del demonio. Claro, es normal. Cristo nunca causó ningún conflicto, ¿verdad? Lo de llamar a los fariseos sepulcros blanqueados o expulsar a los mercaderes del Templo a latigazos no era conflictivo.

Por supuesto.

El caso es que el conflicto es inevitable. Uno no puede estar continuamente de acuerdo con todas las diferentes opiniones que se va encontrando a lo largo del día. Disfrazarse de felpudo para decirle “sí, señor” a todo el que abra la boca da más la sensación de cobardía que de rectitud. Yo, al menos, me fiaría mucho más de quien discute (de forma razonable, eso sí), que de quien siempre dice que sí a todo.

No solo es inevitable. ¡Es que, además, es necesario! Cualquier cambio implica un cierto conflicto, aunque solo sea una discusión para tratar acerca de cómo implementar el cambio, si es necesario, o cualquier otra cosa.

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A todo esto, la palabra “discutir” también suele estar maldita por los anticonflicto, como si fuera algo negativo per se. Y no, tan solo es, y cito textualmente del DRAE, “examinar atenta y particularmente una materia” o “contender y alegar razones contra el parecer de alguien”. Es decir, exponer distintos puntos de vista para tratar de llegar a algo.

Terrible, ya ves tú.

Lo que no tengo muy claro es cómo lidia esa gente con los conflictos consigo mismos. Porque sí, el conflicto puede ser con los demás y con uno mismo. Y encontrarse aceptando de todo, incluso cosas con las que no se está de acuerdo ni de lejos, tiene que provocar un conflicto interno que se me presenta muy desagradable. Te tiene que consumir por dentro.

No deja de tener gracia cuando tratan de vender que su actitud es la mejor apelando a que es la forma cristiana de hacer las cosas (repito lo dicho sobre lo “poco” conflictivo que era Jesús) o que es mejor ceder y tener paz que no hacerlo y tener razón. Vamos a ver, ¿qué paz se puede tener cuando te encuentras con algo que no es bueno, pero cedes para que no te señalen? Que no es otra cosa, no nos engañemos. No es lo mismo la prudencia de intervenir o no en un determinado momento porque pueda ser contraproducente que tomar como norma no intervenir nunca. Lo primero es inteligente. Lo segundo es cobarde.

El conflicto está ahí. Te va a encontrar, hagas lo que hagas. Así que no huyas de él. Acéptalo, pero con prudencia. Recuerda, astuto como una serpiente, pero sencillo como una paloma (cf. Mt 10, 16).

Mis personajes me contaron la historia

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Libro Apocalipsis: el día del Señor

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Llorando sangre, novela de misterio y suspense sobrenaturalUn momento muy especial de todo el tiempo que pasé escribiendo Llorando sangre fue cuando entendí que, como escritor, no solo buscaba contar una historia. También buscaba conocerla yo mismo. Partía con un principio y con un fin, pero ninguno de ellos era totalmente inamovible. Tenía una cierta idea de lo que habría entre ambos extremos. Pero mucho de lo que pensaba que iba a ocurrir se quedó en la cuneta. ¡Mis personajes acabaron contándome a mí la historia!

Esto lo he vivido también en mi segunda novela, Apocalipsis: el día del Señor, al igual que en Memorias del ocaso, Roncho, cazador de monstruos, y lo estoy viviendo en la novela que estoy escribiendo en la actualidad. Al ser escritor de brújula, en ocasiones no tengo claro del todo a dónde me va a llevar una historia.

Ahora bien, uno puede preguntarse (y más de una vez me lo han preguntado, de hecho): ¿cómo puede ser que los personajes te hablen? No es mala pregunta.

No, no se trata de ningún problema psicológico de múltiples personalidades rondando por mi mente. Creo. Ni de que oiga las voces de las famosas musas u otras voces extrañas que me indiquen que haga cosas.

Sin embargo, el escritor lleva dentro a sus personajes. De alguna forma, todos ellos conviven con él, alojados en su pensamiento. Y, cada uno, con su personalidad, en una situación concreta hará algo que encaje con su personalidad. Así, en el proceso de escritura, ante las circunstancias que se planteen, el personaje actuará. Puede que el plan fuera que hiciera tal cosa, pero luego resulta que él decide hacer otra. Es lo que encaja con su personalidad, la personalidad que ha ido desarrollando en la mente del escritor.

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Me ocurrió, para poner un ejemplo, en Llorando sangre, con el padre Gustaffson. Hubo un momento en el que lo que hizo me sorprendió hasta el punto de parar de escribir. Yo no esperaba que hiciera eso. Perdonad que no dé más detalles, pero si no habéis leído la novela no quiero estropearos nada de la trama.

Cuando fluye, se trata de algo muy refrescante. Como si saliera todo solo. Otras veces, la cosa no es tan sencilla. Bueno, ese es el momento de echar mano de la técnica y del trabajo duro. Si solo escribimos cuando nos sale todo seguido, poco vamos a escribir, ¿verdad? Ya hablamos del tema cuando tratamos el tema de las musas.

En cualquier caso, que los personajes tengan alguna pequeña rebelión de vez en cuando creo que es un buen indicador de que tus personajes no son de cartón piedra. Así que, si te lo encuentras, aprovéchalo. Que sean ellos los que decidan por dónde ir, aunque no sea exactamente lo que querías. Aunque tengas que cambiar parte de la novela.

Por cierto, hablando de todo un poco, he creado un curso sobre creación de personajes que quizá te interese. Va justo de esto, de conseguir que tus personajes enamoren al lector.

La fiesta de Todos los Santos

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Meditando el Santo Rosario: una guía para vivir los misterios de la fe

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Orando por los difuntos en Todos los SantosHoy celebramos la solemnidad de Todos los Santos. Y no, no voy a hacer especial referencia a esa horterada importada de Halloween ni sus imitaciones. No me interesan.

La fiesta de Todos los Santos tendría que ser un motivo de verdadera alegría y contemplación. Se trata, nada menos, que de la celebración de esa inmensa multitud que nadie puede contar y que está en la presencia de Dios. Cara a cara con Él. Santos canonizados o anónimos, da igual. Para Dios, el mismo valor tienen.

Si todos los santos existentes fueran solo los canonizados, algo habría fallado de manera estrepitosa en el plan de salvación de Dios. Pero no es así en absoluto. Y eso debe alimentar nuestra esperanza, porque todas esas personas no eran distintas en esencia a cualquiera de nosotros.

Todos los santos tienen un pasado. Todos los santos han sido pecadores. Mirad, por ejemplo, a san Agustín de Hipona. O a san Ignacio de Loyola. No fueron seres perfectos, creados como estatuas de mármol puro. Eran sujetos como tú o como yo. Cada uno con sus debilidades y sus fortalezas.

Sin embargo, alguna diferencia tiene que haber. Y es obvia. Ellos se dejaron querer por Dios y correspondieron a ese Amor dejando su voluntad aparcada para cumplir la de Dios. No se encerraron en una actitud egoísta de recibir amor y seguir buscando su propia voluntad. No se acobardaron ante las dificultades y los cambios que se avecinaban. Dejaron a Dios ser el protagonista de sus vidas. Dejaron que la Gracia actuara en ellos.

Es una buena oportunidad para rezar con especial énfasis por nuestra conversión. Sí, necesitamos rezar por nosotros mismos, porque somos un auténtico desastre. Y, por supuesto, por los demás. Por la conversión de los que no conocen al Señor, quizá incluso creyendo que sí lo conocen. Por los cristianos perseguidos, para que el Señor les dé fortaleza.

En definitiva para que, un día, podamos encontrarnos junto a esa multitud inmensa que, continuamente, alaba al Señor en una plenitud que ni siquiera podemos imaginar.

¿Por qué leer ciencia ficción (y fantasía)?

publicado en: Vida de escritor | 0

Tengo que reconocer que me llama la atención que, al menos en determinados círculos, a la ciencia ficción y a la fantasía se las tiene como géneros menores. Como si no fuera literatura “de verdad”. Y me llama la atención porque obras como De la Tierra a la Luna, de Julio Verne, o las leyendas artúricas, son ciencia ficción y fantasía respectivamente, y no creo que a nadie se le ocurra quitarles importancia.

En esta entrada te quiero dar varios motivos por los que leer ciencia ficción y fantasía. Si ya leías estos géneros, espero que te animen a seguir con esta afición. Y, si no los lees, me gustaría animarte a darles una oportunidad.

5 motivos para leer ciencia ficción y fantasía

Te permite evadirte de la realidad

Al principio puede sonar un poco mal esto de evadirse de la realidad, ¿no? Parece como si estuviéramos diciendo que los que leemos estos géneros somos unos cobardes que tratan de escapar de sus vidas.

Habrás notado que he recalcado el “parece”, porque no es así en absoluto. O no tiene por qué serlo, que de todo hay.

Todos necesitamos un descanso de vez en cuando. Todos, da igual lo que hagas. Cada día tiene sus agobios, que poco a poco se van acumulando en el subconsciente, nos van agotando, nos van quemando. Yo lo he notado, supongo que tú también.

La ciencia ficción y la fantasía, al hacernos viajar a una realidad alternativa, nos permiten descansar, liberar la mente. Nos dan esos momentos de evasión que son como unas pequeñas vacaciones cada día. Y eso es algo muy bueno y muy útil.

Mi propia experiencia es esa: estar agobiado por el trabajo y lograr llevar el día a día mucho mejor gracias a poder salir de vez en cuando a un mundo diferente. No se trata de una huida, sino de unas minivacaciones, como te he dicho antes. Unas vacaciones que pueden ser tan breves como de un cuarto de hora, por ejemplo. Pero, con ese poco tiempo, si el libro realmente te atrapa, si sus personajes son auténticos, ya consigues recuperar un poco el ánimo. No deja de ser un viaje instantáneo. Y en los viajes uno tiende a desconectar bastante de los problemas del día a día.

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Permite reflexionar sobre la realidad

Al mismo tiempo que te permite evadirte de la realidad, puede servir para reflexionar sobre acontecimientos, ideas y situaciones del mundo real. Tanto en la fantasía como en la ciencia ficción, al ser ficción especulativa, el autor puede experimentar con ideologías, descubrimientos, etc. y llevarlos a sus máximas consecuencias.

Esa es la magia de la ficción especulativa: nos permite adentrarnos sin red de seguridad en preguntas como “¿qué pasaría si…?”. Por ejemplo, en mi caso, en Memorias del ocaso juego con la posibilidad de que una inteligencia artificial, siguiendo su programación, consiga llegar a dominar todos los sistemas en busca de conocimiento. Simultáneamente, esa trama la utilizo para reflexionar sobre la influencia de la tecnología en nuestras vidas, la difícil elección a veces entre el bien y el mal, lo que hace humano al ser humano…

Todo autor deja parte de sí en su obra, pero considero que en estos géneros, al permitir tanta libertad narrativa, nos lanzamos (o podemos lanzarnos) más a volcar nuestras preocupaciones, nuestros sueños, nuestras dificultades, para tratar de darles quizá no respuesta, sino simplemente una vuelta, jugar con ellos, valorar opciones..

Despierta la imaginación

Motivos para leer ciencia ficción y fantasíaTanto la fantasía como la ciencia ficción están plenos de imaginación. Universos, razas y seres extraños, fascinantes descubrimientos… Todo surgido de la imaginación del autor, pero basándose en el mundo real, lo que le da un ancla para que no resulte todo demasiado etéreo, demasiado difícil de creer.

Sumergirse en un ambiente surgido de la imaginación te “obliga” a despertar tu imaginación para dar vida a ese mundo en tu mente, albergando posibilidades que, quizá, antes no te habías planteado siquiera.

Esto también es válido para los avances científicos. Sobre todo en el caso de la ciencia ficción, no sería el primer caso en el que una obra literaria sirve de inspiración a inventores e investigadores. Ejemplos de esto podrían ser la realidad virtual, el helicóptero, los coches autónomos… ¡incluso los smartwatches!

Te invita a aprender

Estás tranquilamente leyendo una novela de fantasía y te encuentras con cómo organizaron un ejército para luchar con el enemigo en una batalla que sería recordada por los bardos para siempre. ¿Qué hace exactamente un bardo? ¿Qué es una falange? ¿Y un pilum? No pocas veces se utilizan conceptos históricos en este tipo de novelas que te pueden llamar la atención lo suficiente como para querer saber más sobre ellos. De hecho, muchas veces los autores nos basamos en casos reales de la Historia.

Pasa igual con la ciencia ficción. Te hablan de astronomía, de robótica, de biología, y te invitan a buscar más información sobre todo ello. ¿Cómo están formados los anillos de Saturno? ¿Hay alguna manera de escapar a la paradoja de los viajes en el tiempo?

Aparte están otros temas que también se manejan en ambos géneros, como psicología, filosofía, incluso conceptos teológicos. Por ejemplo, Brent Weeks, uno de mis escritores favoritos de fantasía, toma muchos elementos de Aristóteles.

Es divertido

Por último, pero no por ello menos importante (de hecho, iba a poner el primero este motivo), está la diversión que supone explorar un nuevo mundo. ¿Quién no ha disfrutado surcando el océano con el capitán Nemo? ¿Quién no ha seguido las aventuras de los caballeros de la mesa redonda en su búsqueda del Grial?

Ver cómo evolucionan los personajes en mundos con sus propias reglas, disfrutar del sistema de magia que el autor ha desarrollado, o de los avances científicos que ha soñado y hacerlos, en cierto modo, propios.

Las posibilidades de la fantasía y la ciencia ficción son infinitas. Y ahí están, esperándote para que desentrañes sus misterios.

¿Quieres aprender a diseñar personajes para tus historias?

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Curso de escritura creativa: crea personajes memorables

Al fin puedo desvelar uno de mis proyectos para este año: crear un curso de escritura creativa para ayudar a otros escritores en su camino hacia la excelencia narrativa.

Mi idea es dividir este curso en distintos aspectos de la escritura de una novela para hacer más fácil centrarse en cada uno de los puntos.

Como inicio he querido comenzar con el aspecto que quizá sea el más importante de cualquier historia: los personajes. Unos buenos personajes arrastran al lector, que llega a empatizar con ellos y a preocuparse de ellos. Eso hace que siga leyendo y que disfrute nuestra historia.

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El curso está dividido en 24 vídeos, en los cuales trataremos de las características deseables de los personajes, los tipos de personajes, su descripción y el narrador.

Un curso especializado en la creación de personajes memorables por solo 19.99 €.

¡No dejes escapar esta oportunidad y apúntate!

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