La roca de los cielos

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Esta mañana he estado viendo una entrevista a la autora de La roca de los cielos, un libro que pretende indicar que el Santo Grial es realmente una piedra escondida en un monasterio de Burgos. Hasta ahí bien, es una teoría más, no novedosa (ya la había oído bastante tiempo antes) pero teoría al fin y al cabo. Incluso daba la sensación de que había tomado la investigación en serio, ya que hablaba del libro en el que se basó Dan Brown para El código da Vinci, El enigma sagrado, y decía que la llamó la atención y se puso a ver si era cierto lo que decía, descubriendo que no había ni una sola verdad en ese libro, que las teorías de ese libro son insostenibles.

Sin embargo, poco después ha indicado un par de cosas como si fueran pruebas de algo, demostrando graves carencias de información. En primer lugar, dice que en el siglo XIV la Inquisición por primera vez inicia una cruzada contra los propios creyentes, en lugar de contra los musulmanes. Eso sería sospechoso si no fuera porque la Inquisición nunca tuvo ninguna jurisdicción ni sobre musulmanes ni sobre judíos. Se dedicaba precisamente a las herejías, y la herejía cátara concretamente (la única contra la que hubo una cruzada) había adquirido unas dimensiones y afectaba de tal modo incluso a la vida social que se convirtió en un serio peligro. Y, desde luego, esto no ocurrió en el siglo XIV. La guerra contra los cátaros terminó en 1229. Además, esta cruzada partió de Inocencio III, no de la Inquisición, como reacción ante el asesinato por parte de los cátaros del legado pontificio Pedro de Castelnau. Esta cruzada la dirigió Simón de Monfort, portándose muy duramente.

Como segundo punto marca que en ese siglo XIV el Papa amonesta a los templarios. Por supuesto, los malos vuelven a ser los de siempre, así como los buenos. Al final, parece que va a ser un nuevo libro esotérico sobre templarios. En primer lugar, no se les amonestó. La Orden fue suprimida. En segundo lugar, no hay ninguna coincidencia temporal como para pretender que la cruzada cátara y la supresión de los templarios tenían alguna relación. La supresión del Temple finalizó el 1314, casi un siglo después. En tercer lugar, la supresión de los templarios arrancó de las acusaciones de Felipe IV de Francia, no por iniciativa de la Iglesia. El problema era, lo siento mucho por los buscadores de conspiraciones, económico. Felipe IV tenía muchas deudas con ellos, y les tenía bastantes ganas. Más que a ellos, al dinero que ellos custodiaban. Eso, mezclado con un Papa (Clemente V) que quizás no supo ser suficientemente fuerte y no encontró otra manera de evitar los planes de Felipe IV, desembocó en la supresión de la Orden, cuyos caballeros en la mayor parte de los países europeos pudieron incorporarse a otras órdenes o, incluso, fundarlas. Evidentemente en Francia no fue así, ya que Felipe no se lo podía permitir.

Total, que parece que al final, vista la calidad de la “investigación”, no va a ser más que un nuevo libro donde la fábula, el esoterismo y los cada día más difamados templarios se vuelven a entremezclar dando lugar a una nueva versión de ese libro que a la autora le parecía insostenible pero que casi ha duplicado.

Citas sobre la esperanza

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Hoy os ofrezco una serie de citas sobre la esperanza.

– Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes. (Khalil Gibran).

– Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción. (Samuel Johnson).

– La esperanza hace que agite el náufrago sus brazos en medio de las aguas, aún cuando no vea tierra por ningún lado. (Publio Ovidio Nasón).

– En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente. (Khalil Gibran).

– Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo hoy todavía plantaría un árbol. (Martin Luther King).

– Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano. (Martin Luther King).

– La esperanza es el sueño del hombre despierto. (Aristóteles).

– Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar. (Proverbio japonés).

Nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas. (Jacques Anatole France).

– Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres. (Rabindranath Tagore).

– En cada amanecer hay un vivo poema de esperanza, y, al acostarnos, pensemos que amanecerá. (Noel Clarasó).

– Mientras hay vida hay esperanza. (Refrán).

– La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte. (Friedrich Nietzsche).

– Donde una puerta se cierra, otra se abre. (Miguel de Cervantes Saavedra).

– La esperanza es como el sol, que arroja todas las sombras detrás de nosotros. (Samuel Smiles).

Nunca será tarde para buscar un mundo mejor y más nuevo, si en el empeño ponemos coraje y esperanza. (Alfred Tennyson).

– El infierno es esperar sin esperanza. (André Giroux).

Día de alegría

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El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro. Entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. No sabían qué pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes. Asustadas, inclinaron el rostro a tierra, pero les dijeron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recordad cómo os habló cuando estaba todavía en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, pero al tercer día resucitará.” Y ellas recordaron sus palabras.

Lc 24, 1-8

“¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?” Esta pregunta podrían hacérnosla a los cristianos muchas veces. ¡Qué frecuentemente olvidamos que hoy, el día de la Resurrección del Señor, es el día principal de nuestra fe! ¡Qué frecuentemente olvidamos la alegría que debe caracterizar al cristiano, incluso en momentos de cruz! Porque la cruz lleva a la resurrección. Nosotros lo sabemos. Pero no podemos limitarnos a esperar la resurrección final. Cristo ha resucitado, y nosotros hemos resucitado con Él. Y por ello debemos estar alegres y vivir como resucitados. ¿Por qué empeñarnos en estar entre los muertos?

¡Levantémonos de entre los muertos y acerquémonos a Cristo! ¡Hoy Cristo ha vencido a la muerte, y es un día grande! ¡La muerte no tiene la última palabra, no tiene poder!

¡El Amor ha vencido!

¡Verdaderamente el Señor ha resucitado! ¡Feliz Pascua!

Murió por nosotros

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Ayer Cristo fue crucificado por nosotros. Sufrió los más terribles tormentos sin quejarse en ningún momento, únicamente por el amor que nos tiene a cada uno de nosotros. Es más, desde lo alto de su cruz intercedió ante Su Padre por aquellos que le habían crucificado, por aquellos que se reían de Él, por aquellos que le habían abandonado. “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.

Hoy en día vemos muchos cristianos que han olvidado. Muchos cristianos que se han acomodado. Muchos cristianos que, como en aquel momento del prendimiento, ante la posibilidad del sufrimiento o de la vergüenza salen huyendo. Olvidan las palabras del Maestro, “no es el siervo mayor que el amo”. A Él le persiguieron, ¿por qué no iban a hacer lo mismo con nosotros? La persecución es algo a lo que el cristiano debe estar dispuesto, precisamente porque a nuestro Señor le persiguieron. Él no era del mundo, y nosotros tampoco. Cristo debe ser no sólo el modelo sino también el molde para todo cristiano, y eso implica incluso la crucifixión y la muerte a manos de nuestros perseguidores. Implica persecución. Implica insultos. Implica opresión.

Pero también implica la gloria de la Resurrección.

El árbol de Navidad

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Hoy he vuelto a comprobar por qué el Diario de Burgos tiene el apodo de “El mentiroso”. Sin ningún esfuerzo por informarse correctamente (como es habitual) ha caído en un error bastante común para quienes no se quieren informar. Ha puesto en una página entera y bien grande que la tradición del árbol de Navidad es de origen pagano.

Bueno, pues para que no se tenga excusa, explico brevemente el origen de esta tradición utilizando en gran parte la explicación que viene en el número de esta semana del semanario Alba.

Corría el siglo VII d.C. San Bonifacio estaba predicando en tierras germanas, donde se practicaba la religión de los druidas. Éstos atribuían carácter sagrado a un roble. Así pues, San Bonifacio trató de destruir tal roble, el cual, al caer, derrumbó a todos los árbolos que había a su alrededor, excepto a un pequeño abeto al que San Bonifacio llamó “árbol del Niño Jesús”, al considerar este hecho como milagroso. Fue algo tan impactante para los cristianos de esas zonas que se tomó la costumbre de regalar y adornar un abeto por Navidad. En el siglo XVI, Lutero instituyó y generalizó la costumbre de adornarlo con velas encendidas, pasando después esa tradición a otros países.

He ahí la historia del árbol de Navidad. ¿Una tradición pagana? Pues va a ser que no. Así que quienes pongan todo ufanos su árbol de Navidad pensando que están haciendo algo maravillosamente laicista, que sepan que no están haciendo más que poner un símbolo cristiano en sus casas, en unas fechas (dicho sea de paso) en las que se celebra una fiesta cristiana. Aunque puede ser que, al igual que Hitler, digan que celebran el Solsticio de Invierno. Pero bueno, oye, como si quieren celebrar las tormentas de verano…

El padre Elías. Un Apocalipsis

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Recientemente he tenido la oportunidad de leer la novela El padre Elías. Un Apocalipsis., y debo decir que me ha impresionado. No sólo la trama es interesante, con giros muy bien realizados y que te impulsan a leer un poquito más (ese poquito más que tantas veces hace que nos vayamos a dormir más tarde de lo que queríamos por ver cómo terminaba alguna situación). No sólo expone cómo la política y los medios de comunicación pueden ser (y muchas veces son) instrumentos de manipulación. Es algo más, la lucha interior de una persona, la forma en la que las apariencias pueden engañarnos, y mucho más. Realmente un libro entretenido e interesante. Muy recomendable.

El libro “¿Por qué soy cristiano?”

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En mi reciente cumpleaños me regalaron el libro “¿Por qué soy cristiano?“, de José Antonio Marina. De hecho, me lo regalaron porque ante ese título mostré interés cuando lo ví. El problema llegó cuando lo tuve entre mis manos y empecé a hojearlo. La impresión que me dejó no fue demasiado buena, me pareció que no tenía muy claro qué significaba ser cristiano.

Busqué algunas referencias y críticas por Internet, y me dí cuenta de que lo que prometía ser un libro serio sobre las razones que impulsan a alguien hacia el cristianismo no era más que una especie de ejercicio de autobombo de alguien que, ciertamente, no entiende las características distintivas del cristianismo frente a las demás religiones (características que, dicho sea de paso, tengo grabadas a fuego desde que escribí como siete páginas sobre ellas en el examen de Historia de las Religiones que tuve el sábado día 24 de Junio).

Así que, dado que no quería dar un disgusto a quien me lo había regalado con toda la buena intención del mundo y porque, ya que lo tenía, quería comprobar esas críticas y ver hasta qué punto eran correctas, decidí algo que sólo había hecho antes con el “Mein Kumpf”, que leí para mi trabajo de Lógica sobre la manipulación ligüística y simbólica en el nazismo: cogí un lapiz y me puse a leerlo, apuntando en los márgenes de las páginas todo aquello incorrecto, incoherente e ilógico, incluyendo falacias y argumentos sofísticos (que son los destinados a convencer al auditorio en lugar de a dar un argumento real, como sea).

La verdad es que es un ejercicio muy interesante para mantener sano el pensamiento crítico y para seguir ejercitando mi amada lógica. Pero debo reconocer que me entristece que prácticamente desde la primera página empecé a hacer apuntes al margen. Es más, en la página 17 demuestra que no es cristiano, contradiciendo el título de su propia obra, al indicar que no sabe qué pensar de Jesús, si era Dios, si era un genio religioso, etc. Para todo cristiano (católicos, ortodoxos, protestantes, anglicanos,…), Jesús es Dios y es hombre. Si el autor de este libro no sabe qué pensar sobre Jesús, está claro que no es cristiano. Más bien da la sensación de que su idea de cristianismo es uno más de tantas “religiones a la carta”, en la que quita lo que le molesta y coge sólo lo que no le causa mayor problema. No tiene reparos en admitir como un “quinto Evangelio” el “evangelio” gnóstico de Tomás, así como de afirmar sin ninguna argumentación en absoluto que la teología de la liberación es el cristianismo auténtico. Así, porque él lo dice. Sin mayores explicaciones.

Por otro lado, también me regalaron el libro “Transmitir la fe en un nuevo siglo”, de Raúl Berzosa, que me está resultando una lectura sumamente interesante acerca de las maneras de transmisión de la fe, de las estrategias a adoptar y de las dificultades que se encuentran. Un libro muy recomendable.

Sobre el evangelio de Judas

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La verdad es que me llama la atención el interés suscitado por el tal “evangelio”. En los últimos días, la enorme mayoría de las visitas a este blog han venido a partir de búsquedas de información sobre el documento en cuestión, sobre una supuesta canonización de Judas Iscariote (pasar de un documento de una secta a pretender que la Iglesia va a canonizar a Judas, la verdad es que es un salto de lo más curioso), sobre la verdad de Judas, etc.

Dado que está claro que el tema suscita interés, trataré de clarificar algunos puntos que en los programas en los que se habla del tema creo que no se tratan demasiado.

Primero: ¿Evangelio de Judas? Evidentemente (no creo que se ponga en duda ni siquiera en el susodicho documento), no pudo ser Judas quien lo escribió, ya que se suicidó el mismo día que entregó a Cristo. Aquí habría que hacer el apunte de que es curioso que se suicide alguien que lo único que ha hecho ha sido ayudar a la salvación del mundo siguiendo órdenes precisas. Algo falla en esa teoría. Es mucho más lógico pensar que el suicidio vino de la desesperación, causada en este caso por saber que se ha hecho algo infame y pensar que no existe solución ni redención posible.

Segundo: ¿Gnósticos? Es más, ni siquiera el término “evangelio” termina de ajustarse totalmente a la realidad, ya que no es un documento cristiano, de ninguna rama cristiana. Una de las condiciones esenciales para que una religión se considere cristiana es la creencia en que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Sin embargo, los gnósticos no creían eso. Los gnósticos, como su nombre indica, hacían referencia a que, para salvarse, hacía falta la “gnosis”, un conocimiento secreto. Por ello suelen ser sus “evangelios” como son. Como ejemplo representativo, el “Evangelio de Tomás”, otrora bastante famoso por películas como Stigmata, empieza con palabras como “Estas son las palabras secretas que Jesús comunicó a Tomás…”. Esto tampoco concuerda con el cristianismo. En la doctrina de Cristo no hay secretos, todo lo oculto queda revelado (en los Evangelios lo pone explícitamente). No hay enseñanzas secretas, no hay saberes ocultos. Hay sinceridad absoluta. Lo que se ve es lo que hay. Ni más ni menos. Claro, que a la gente la suele atraer más el tema de las terribles confabulaciones, de pertenecer a un grupo reducido que tenga supuestamente un conocimiento especial, etc. Supongo que por eso todavía hay gente que juega a ponerse delantales y a reunirse secretamente, como los masones. Pero eso es otra historia.

Siguiendo con nuestro tema, el gnosticismo rechazaba todo lo material como salido del mal directamente. El mundo era malo, el cuerpo era malo, todo era malo, excepto el espíritu. Por tanto, no creían que Cristo fuera realmente un hombre, porque no podían concebir que Dios, espíritu bueno por excelencia, se metiera en un cuerpo humano, que sería, según los gnósticos, algo malo por naturaleza. De ahí que en el “evangelio de Judas”, Jesús le pida a Judas que le ayude a salir de ese cuerpo, para volver a su naturaleza únicamente espiritual. Otro punto que hace que no sea algo cristiano. El cristiano cree que la resurrección de Cristo fue también del cuerpo, eso sí, glorificado. Sin embargo, por lo que hemos dicho anteriormente, para un gnóstico pensar eso le llevaría al borde del infarto: ¿Resucitar el cuerpo? Desde luego, nada que ver con las ideas de los gnósticos.

Concretamente, la secta que escribió el “evangelio de Judas” es la secta de los cainitas, que daba especial preponderancia a las figuras, llamémoslas, “oscuras” de la historia sagrada. Caín, Judas, esa gente (asesinos, traidores), para ellos habrían sido instrumentos de la voluntad de Dios en contra de la materia.

Por cierto, llama la atención que quienes tanto se esfuerzan en insistir que el cristianismo “demoniza” el cuerpo, cosa que nunca ha hecho, ya que también es obra de Dios, den tanto bombo a un escrito de una secta que sí que hacía eso precisamente. Ese aura de romanticismo que puedan tener los gnósticos desaparece en cuanto empiezas a conocerlos. Al final se quedan en supercherías y palabrerías.

Tercero: Valor histórico. Por supuesto, el estudio del texto es de un gran valor para el conocimiento de las sectas gnósticas de aquella época. Sin embargo, no se puede tomar como una fuente históricamente fiable, porque se aleja unos dos siglos de los hechos que dice relatar. Para hacernos una idea, los escritos neotestamentarios más recientes, los escritos joánicos, están fechados alrededor del año 100. El resto de textos serían más antiguos todavía, por lo que cabe pensar que quienes los escribieron realmente escribieron lo que vivieron. Era su época. Sin embargo, el evangelio de Judas está entre el siglo III y el IV. Para entonces, todos los testigos de la época de Jesús habrían muerto. Pero claro, para las sectas gnósticas permanecía un saber oculto que, curiosamente, sólo conocían los gnósticos, cada secta según sus propias ideas.

Sin embargo, debo remarcar el valor que tiene el documento por sí mismo para conocer la historia y las creencias de las sectas gnósticas de la época.

Cuarto: ¿Evangelio desconocido/oculto? También se le da bastante bombo a la extraña idea según la cual no se sabía nada de ese texto hasta ahora, además de la habitual paranoia de que la Iglesia habría estado ocultando su existencia, en plan novela de Dan Brown. La realidad es muy diferente. El documento, para la época contemporánea se conoce desde los años 70, cuando se encuentra casualmente en Egipto. Pero cualquiera con capacidad de leer podría haberlo conocido en los textos de San Ireneo de Lyon, que allá por el año 200 ya decía que había un libro llamado “evangelio de Judas”, que no era cristiano, y que fue escrito por la secta gnóstica de los cainitas. Como puede verse, algo totalmente desconocido y oculto, siempre y cuando no se tenga ningún interés en los hechos reales. Si no, de desconocido y oculto no tiene nada. De hecho, el mismo San Ireneo ya refutó convenientemente las doctrinas gnósticas.

Quinto: ¿Judas está condenado? Eso no lo sabe nadie. De la misma forma que la Iglesia contempla un proceso para comprobar si alguien está en el cielo (proceso de canonización), no existe ninguna forma de saber lo contrario. Eso ya entra en la opinión de cada uno. Sí que es cierto que, en los Evangelios, el mismo Cristo dice que a quien le va a entregar más le hubiera valido no haber nacido. También es cierto que, en lugar de buscar la redención, Judas se desesperó y se quitó la vida. Sin embargo, Dios es misericordioso, así que no podemos saber con certeza si está condenado o no.

Sexto: Marketing puro y duro. De toda esta historia a mí lo que me llama la atención es que, casualmente, nos plantaran el documental de National Geographic precisamente en Semana Santa, anunciándolo como un descubrimiento que podría hacer tambalearse a la Iglesia. Da la sensación de no ser más que una campaña de marketing, además tremendamente burda. Pero bueno, si hay gente que se cree una novela como “El código Da Vinci”, ¿por qué no creerse también esto otro?

Un año sin nuestro amigo

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Ya hace un año que nuestro gran amigo, Juan Pablo II, volvió a la casa del Padre. Parece que fue ayer cuando, con el corazón en un puño, desde todo el mundo se seguía paso a paso la evolución de la enfermedad que acabaría por matar su cuerpo, para dar el paso al lugar al que realmente pertenecía nuestro Papa. Demostró que, cuando se camina con Cristo, no hay motivo para tener miedo, sólo esperanza. Paz, esperanza, justicia, amor. En contraposición con la inestabilidad y la constante sensación de no saber a dónde se va, cuando se rechaza a Cristo. Y Juan Pablo II demostró claramente todo ello. Es más, demostró hasta qué punto la cruz es valiosa, hasta qué punto, lejos de ser un mensaje de derrota, de alguien muerto en unos maderos, es más bien un mensaje de victoria absoluta, un mensaje de amor. Nos mostró hasta qué punto el sufrimiento forma parte de la vida del ser humano, y la actitud con la que hay que aceptarlo. Porque, lo queramos o no, ser humano implica sufrir. Y no es lo mismo afrontarlo con pesimismo, abogando incluso por la eutanasia, que afrontarlo como una parte más de la vida, seguros de que, al final, la victoria es nuestra.

Como es normal, ayer hubo concentraciones y homenajes en todo el mundo para recordar a ese gran hombre que nos enseñó con su palabra y su obra la profundidad del evangelio de la vida.

Homenaje de ACIprensa a Juan Pablo II
Más de 70 localidades españolas honran a Juan Pablo II
Especial de “El Mundo” sobre Juan Pablo II

Para terminar, algunas citas de Juan Pablo II:

– La peor prisión es un corazón cerrado.
– La Iglesia es la caricia del amor de Dios al mundo.
– Cuando al hombre se le pone como medida de todas las cosas, se le convierte en esclavo de su propia finitud.
Amar es lo contrario de utilizar.
– Si nos alejamos de Dios, ¿quién nos garantiza que un día un poder humano no reivindique de nuevo el derecho a decidir qué vida humana vale y cuál no vale?
La democracia necesita de la virtud, si no quiere ir contra todo lo que pretende defender y estimular.
– Solamente la libertad que se somete a la Verdad conduce a la persona humana a su verdadero bien. El bien de la persona consiste en estar en la Verdad y en realizar la Verdad.
– El respeto a la vida es fundamento de cualquier otro derecho, incluidos los de la libertad.
– El diálogo, basado en sólidas leyes morales, facilita la solución de los conflictos y favorece el respeto de la vida, de toda vida humana. Por ello, el recurso a las armas para dirimir las controversias representa siempre una derrota de la razón y de la humanidad.
– Los creyentes de todas las religiones, junto con los hombres de buena voluntad, abandonando cualquier forma de intolerancia y discriminación, están llamados a construir la paz.

Un hecho que clama al cielo

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Copio aquí el mensaje semanal del arzobispo de Burgos, Francisco Gil Hellín, correspondiente al 22 de Enero de 2006 (en 2016 el enlace a ese mensaje ya no funciona):

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Hace unos días se hizo público el número de abortos «legales» cometido en España durante el año 2004: ochenta y cinco mil (de 2005 no hay datos oficiales). Todo el desglose de este dato es espeluznante: ha sido un 6,5 por ciento más que el año anterior; ha crecido en todas las comunidades; el 27,69 por cierto de las mujeres ha abortado más de una vez; el 23 por ciento de los niños abortados tenía más de doce semanas; la edad de las que cometen un aborto es cada vez más baja y cada día aumenta el número de las adolescentes. Al cabo de veinte años de aprobarse la ley que lo despenalizaba, en España se han cometido casi un millón de abortos. Es decir, se ha quitado la vida a casi un millón de seres inocentes e indefensos. Más número de personas que las que tiene la ciudad de Valencia y tantas como tienen juntas las provincias de Burgos, Álava, La Rioja y Soria.

Los horrores del nazismo y del estalinismo no están lejos de una civilización que se autocalifica y presume de progresista y democrática. Sin miedo a exagerar, se puede afirmar que estamos ante una situación totalitaria, donde el más fuerte impone su ley sobre el más débil. Todo esto se hace, además, con el consentimiento, al menos tácito, de los políticos y de los medios de comunicación de masas. Uno se pregunta cómo puede haber tanta hipocresía a la hora de valorar, por ejemplo, la guerra de Iraq y el aborto. ¿Qué habría ocurrido si en España se hubieran ejecutado ochenta y cinco mil penas de muerte en un año? Es impensable.

No hace mucho, la prensa nacional e internacional se escandalizaba, con razón, de la vejación a que algunos soldados norteamericanos habían sometido a algunas víctimas en Iraq. El clamor de la protesta se oyó en todo el mundo. Pues bien, este suceso es un cuento de blanca nieves si lo comparamos con lo que ocurre con los abortados: la mayoría son despedazados, otros son envenenados, otros, troceados mediante una legra o cuchillo de acero. Cuando superan las 21 semanas, se practica a la madre una cesárea, se extrae el feto vivo y se le deja morir.

Mientras ocurre lo que el filósofo y escritor, recientemente fallecido, Julián Marías, calificaba como el máximo desprecio de la vida humana en toda la historia de la humanidad, toda una sociedad permanece adormecida y permite un genocidio sin precedentes. Es verdad que ya comienza a decirse que el aborto es malo. Pero esto no basta. Un clamor inextinguible se levanta desde todas las partes de nuestra geografía –y desde el mundo entero- hasta el Cielo pidiendo justicia y misericordia.

¿Cómo es posible que no lo oigamos? ¿Cómo es posible que se ataque a la Iglesia por denunciar esta barbarie y sensibilizar tantas conciencias narcotizadas? ¿Cómo es posible permitir que tantas mujeres sigan engrosando el número de madres destrozadas al mirar los ojos de un niño, porque ven en ellos el retrato del que pudo ser suyo?

La Iglesia no tiene vocación de agorera de desventuras. Pero no puede dejar de clamar como los profetas de Israel, guste o disguste a la gente. Entre otras cosas, porque no puede dejar que tantas adolescentes arrastren de por vida el peso de su conciencia. Y porque tiene que defender la dignidad del hombre, aunque la dejen sola en el intento. Más aún, aunque la llamen retrógrada y antiprogresista. Es consciente, además, de que la mentira tiene los días contados –muchos o pocos, pero contados- y que la verdad termina abriéndose paso. Como prueba, ahí están los hornos crematorios de Hitler y las purgas de Stalin.

† Francisco Gil Hellín

Arzobispo de Burgos

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No creo que haga falta decir que estoy de acuerdo con el arzobispo. La actitud de la sociedad, sobre todo de aquellos que se tachan de “progresistas”, es de auténticos hipócritas. Como si no vieran el exterminio silencioso que es el aborto. Lo mínimo que se puede pedir a alguien es un poco de coherencia: Si estamos contra la pena de muerte, estémoslo en todas las situaciones.