Razón y corazón

«El corazón tiene razones que la razón no entiende», dijo Blaise Pascal. Sin embargo, tenemos que tener siempre presente que el ser humano es un ser racional.

Este artículo ha sido publicado en el número 56 de la revista Punto de Encuentro, de la Obra Social de Acogida y Desarrollo. El hilo conductor de este número es la afectividad.

Razón y corazón

Razón y corazónEl mundo afectivo es muy importante en el ser humano. «El corazón tiene razones que la razón no entiende», diría Blaise Pascal. Y no podemos decir que Pascal fuera alguien que no quisiera utilizar la razón.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que el ser humano es, ante todo, un animal racional. Nuestra naturaleza es racional. Por desgracia, hoy en día muchos de nuestros contemporáneos parecen olvidar esto y conceden un valor absoluto a sus sentimientos o viven la vida como si no fuera más que una oportunidad de coleccionar emociones. El amplio mundo del afecto se convierte así en una excusa para hacer lo que cada uno quiera, sin pararse a pensar en lo más conveniente o, siquiera, en lo más correcto. «Si lo siento así, es así», parece ser

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Respetar o no respetar, he ahí la cuestión

Artículo publicado en el número 53 de la revista Punto de Encuentro, de la Obra Social de Acogida y Desarrollo (OSDAD), cuyo hilo conductor en este número es el respeto.

Respetar o no respetar, he ahí la cuestión

Respetar o no respetar las opinionesEn estos tiempos en los que nos ha tocado vivir nos encontramos con tremenda facilidad otro de los grandes tópicos utilizados para intentar acallar a todo aquel que no tenga ganas de comulgar con ruedas de molino: el respeto.

En principio, el respeto es algo bueno. Eso no lo pongo en duda. Tengo que respetar al prójimo. ¿Por qué? Bueno, aquí esta sociedad descreída tiene un problema. ¿En qué basar ese respeto? ¿En normas y leyes puramente convencionales, que pueden cambiar según el gusto del gobernante del momento? No, ese respeto no sirve para nada. Es como decir que no existe. La única base verdaderamente estable para poder respetar a todo ser humano, independientemente de su edad o de sus actos, se encuentra en su filiación divina. Yo tengo que respetar al prójimo porque es tan hijo de Dios como yo. Porque es otro yo. Este concepto, ya por sí mismo, choca con el egoísmo que configura el … Sigue leyendo “Respetar o no respetar, he ahí la cuestión”




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