18 lecciones aprendidas ante un tablero de ajedrez

Bobby Fischer dijo que “el ajedrez es la vida“. Yo, aunque me guste el ajedrez y lo considere una de las mejores maneras de fortalecer el pensamiento lógico y la concentración, no llego a tanto. Pero sí que puedo afirmar que el ajedrez es, a veces, como la vida. O la vida como el ajedrez. Y es que, de este ¿deporte? ¿juego? ¿ciencia? ¿arte? podemos obtener valiosas lecciones. A mí se me han ocurrido las siguientes, aunque seguro que hay más. Si a alguien se le ocurre alguna que no esté en esta pequeña lista que he esbozado, que no dude en indicarla.

 

  • Un peón puede convertirse en una dama. La pieza más humilde, con mayor limitación de movimientos, puede convertirse en la pieza más relevante (después del rey, claro) y con mayor potencia “de fuego”. Pero claro, eso cuesta esfuerzo. El peón tiene que conseguir llegar al otro extremo del tablero.
  • Un peón sólo puede avanzar. En ningún caso retrocede.
  • Las piezas más humildes en muchas ocasiones deciden la partida.
  • Cada movimiento tiene
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