No seas incrédulo, sino creyente

En el Evangelio se nos cuenta cómo santo Tomás, cuando los otros apóstoles le dijeron que habían visto al Maestro resucitado, dijo que no creería a menos que metiera sus dedos en las llagas de Jesús. Y recordamos también la respuesta de Jesús: “No seas incrédulo, sino creyente“.

Pero tenemos que darnos cuenta de una cosa que es importante. Jesús no dice que seamos crédulos. Dice que seamos creyentes. Son dos cosas muy diferentes.

El crédulo se cree cualquier cosa sin planteárselo siquiera. Puede creer sin problemas en una pseudoprofecía asociada sin ningún fundamento a un santo obispo irlandés, en ver señales divinas por todas partes, curiosamente siempre a favor de sus propias preferencias, en todo tipo de revelaciones privadas, aunque sean falsas o, como mínimo muy dudosas, etc. En el fondo, es una forma de subjetivismo, que a su vez es una forma de egoísmo. Creo todo lo que se ajuste a lo que quiero creer. La creencia empieza y termina en mí, aunque le dé un barniz religioso.

El creyente, en cambio, sale de sí mismo. No se basa es ese subjetivismo, sino en la fe, don de Dios que él decide abrazar. … Sigue leyendo

¡Feliz Pascua de Resurrección!

Cristo resucitadoHoy celebramos en la Iglesia el acontecimiento clave en nuestra fe. Hoy celebramos que aquel que vino a cargar con los pecados de cada uno de nosotros, aquel que dócilmente se dejó insultar, humillar, torturar y asesinar, aquel que fue contado entre los malhechores siendo totalmente inocente, aquel que parecía haber sido vencido, ha vencido a la muerte y al poder del mal.

¡Cristo ha resucitado! Nuestro Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Es el Dios de la vida. Sin la resurrección de Cristo, nuestra fe no tendría ningún sentido. Tengo que confesar que durante un tiempo, hace ya mucho, pensé que realmente tampoco era tan importante, al fin y al cabo el mensaje de Cristo era lo vital.

Sin embargo, ahora ya lo entiendo correctamente. Sin resurrección, el mensaje de Cristo no tendría sentido. No serían más que palabras bonitas de un hombre muerto, como las de tantos otros. Seguiríamos una especie de filosofía de un fracasado.

Pero la resurrección es el “sí” definitivo del Padre al Hijo. Es la confirmación de que toda la vida del Hijo fue cumplimiento de la voluntad del Padre. De que el Hijo, el Logos, es la … Sigue leyendo

Le hemos dejado solo

Está solo. En el sepulcro, la piedra encierra su cuerpo ya fallecido. Ni siquiera le han podido preparar bien para el entierro. Hubo que hacerlo a toda prisa, porque empezaba el sábado. Y allí, se ha quedado, solo.

Pero lleva solo toda la Pasión. Aunque no lo pareciera en ocasiones. Él fue traicionado, vendido por uno de sus amigos. Él vio la desbandada de quienes aseguraban serle fiel hasta el final. Rodeado de soldados pero solo, le llevaron a juicio. Un juicio injusto, en el que un cobarde que podía haberle ayudado le dejó solo y humillado.

Él solo aguantó tus latigazos. Aguantó tus insultos, tus humillaciones. Cogió la Cruz y se abrazó a ella, sabiendo que esa iba a ser su única compañía real. Nadie le podía acompañar a donde iba ahora. Por mucho que algunos, como su Madre, quisieran.

Él sufrió los clavos taladrándole las manos y los pies. La asfixia de mantenerse en una Cruz. Débil, destrozado. Aún pudo regalarnos, a cambio de nuestros desprecios, a su Madre. Pero ni ella ni el … Sigue leyendo

El silencio del Viernes Santo

Dentro de la Semana Santa, quizá este día es el que más llame al silencio. Ayer nos encontrábamos en el Cenáculo, junto a Jesús, mientras nos dejaba su Cuerpo y su Sangre para siempre. Le encontrábamos también en la oración de Getsemaní, cuando sus sufrimientos le llevan a sudar sangre.

Pero hoy… Hoy el Maestro ha sido clavado en una cruz. Hoy ha sido abandonado por sus discípulos. Hoy ha muerto, sabiendo que cumplía su misión, con absoluta confianza en el Padre, pero también experimentando la soledad más extrema.

Hoy, su Santa Madre ha tenido el cuerpo de su Hijo entre sus brazos. Un cuerpo sin vida. Sucio por la sangre coagulada y por los escupitajos de sus enemigos. Un cuerpo maltratado hasta la saciedad. Maltratado por ti. Por mí.

Y ese cuerpo es depositado a toda prisa en un sepulcro. Ni siquiera da tiempo para ponerle, como a otros, aceites y perfumes. Y allí se queda, solo.

Solo.

No es un día de alegría. Aunque sea un preludio necesario de la mayor alegría de todos los tiempos. Hoy es un día que se presta a la reflexión. A mirar, como diría san Ignacio de … Sigue leyendo

Inmersos en la Semana Santa

Cristo crucificadoYa estamos inmersos en la Semana Santa. Una semana en la que se agolpan los principales hitos de la vida de Jesucristo y, por tanto, el tiempo más fuerte del año desde el punto de vista espiritual.

Es importante tener en cuenta que este no debe verse como un tiempo de vacaciones, sino de encuentro especial con el Señor. De revivir y actualizar estos acontecimientos que configuran nuestra fe.

Hace unos días, observábamos, vivíamos, cómo Jesús entraba en Jerusalén. La gente alfombraba con ramos su camino. Gente como tú y como yo. Y gente, como tú y como yo, que dentro de unos días dirán: “¡Crucifícale!”.

En su entrada iba acompañado por sus discípulos. Incluido Tomás, quien dijo en su momento “vayamos también nosotros a morir con él”. Y Pedro, que afirmaba que jamás le negaría. ¡Qué fácil es estar junto a Él cuando todo va bien! De ellos, ¿cuántos se mantuvieron al pie de la Cruz? Tan sólo Juan, el discípulo amado. El más joven de todos ellos. ¿Dónde fueron los demás? ¿Dónde estamos nosotros cuando le insultan, le golpean o se burlan de Él? ¿Le acompañaríamos hasta la Cruz o nos quedaríamos por … Sigue leyendo

Del cristiano se espera heroísmo

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Heroísmo cristianoHace un tiempo escribí una entrada que ha tenido bastantes visitas titulada La Iglesia de los héroes. En ella recordaba que esta, nuestra Iglesia, la Iglesia Católica, es una Iglesia de héroes desde su mismo principio.

Y, por tanto, lo que ahora escribo no deja de ser una consecuencia lógica de todo eso. Porque el cristiano está llamado al heroísmo. Es lo que se espera de él.

¿Acaso el cristiano puede ser alguien que se deja llevar, alguien que se acobarda ante los poderes de la tierra? ¡Ni siquiera ante los poderes del infierno deberíamos temblar! ¿Se nos ha olvidado que “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros“? (Rm 8, 31). No estamos llamados al conformismo. No estamos llamados a quedarnos mirando, impasibles, si acaso rezongando por lo bajo (o en las redes sociales, que viene a ser lo mismo), cómo el mundo se va al traste, cómo todo va en contra de nuestra fe.

El cristiano está llamado a la lucha. A la lucha diaria, siempre. Quizá incluso a una lucha extraordinaria, a un testimonio especial que te ponga más de lo normal “en el punto de mira” del enemigo. Aunque … Sigue leyendo

La Epifanía del Señor

Epifanía del SeñorHoy hemos celebrado la Epifanía del Señor. Epifanía es una de esas palabras que vienen del griego y que todos los años por estas fechas se nos recuerda lo que quiere decir. Y cuyo significado tendemos a olvidar rápidamente, al menos en parte.

Epifanía significa manifestación. Se trata de la manifestación del Señor a todos los pueblos de la Tierra. Jesús había nacido como judío, como el Mesías de Israel. Pero quiere dejar claro desde el principio que no ha venido sólo por ellos, sino que está aquí para todos. Y se manifiesta a los Reyes en representación de los pueblos gentiles. Reyes que le reconocen y le ofrecen regalos como verdadero Dios, verdadero Rey y verdadero Hombre.

Pero no es la única vez que Dios se manifiesta. Toda la historia de la salvación es la historia de la manifestación de Dios a los hombres para su salvación. Porque no podemos olvidar el motivo por el que ocurre esta Epifanía (lo hemos leído en la primera lectura): “Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor y su gloria se verá sobre ti.” (Is 60, 2). El Señor ha Sigue leyendo

Un pesebre ruinoso

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Nacimiento de JesúsEstamos cerca, muy cerca ya, de la Navidad. Si no lo has puesto todavía, va siendo hora de que prepares el belén. Y, cuando lo hagas, te propongo que te fijes en una cosa: dónde va a estar el Niño Jesús.

Un pesebre.

El Rey del Universo, tan pequeño que se deja recostar en un pesebre lleno de paja. San José le puso paja limpia, todo lo limpia que se pueda encontrar en un establo. Me lo imagino con un inmenso cariño, limpiando el pesebre, quitando lo que tuviera, la paja vieja, y poniendo paja limpia. Dentro de su humildad, de lo poco que habían conseguido para pasar la noche, lo mejor fue para el Niño Jesús.

Y ahora, en la Navidad, la historia se repite. Los cristianos no vivimos de recuerdos. Jesús vuelve a nacer en un nuevo pesebre. El pesebre al que ese Niño capaz de crear universos con solo desearlo quiere ir: tu corazón. Tu ser.

José le preparó el pesebre, se lo limpió, se lo dejó lo más confortable que pudo. … Sigue leyendo

Yo soy el leproso

Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: “Si quieres, puedes limpiarme”. Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero, queda limpio”. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: “No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés”. Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes“. Mc 1, 40-45.

Sacramento de la PenitenciaYo soy ese leproso. Y tú también. Cada vez que nos acercamos a Cristo en el confesionario, le mostramos nuestra pequeñez, nuestra inmundicia, y le pedimos que nos limpie. Porque no podemos hacerlo por nosotros mismos. Nuestras fuerzas no bastan para vencer al pecado. Cada una de nuestras recaídas lo demuestra. Empezamos con ganas, por supuesto. Sin embargo, los cansancios de cada día, las dificultades, las preocupaciones, hacen un caldo de cultivo idóneo para que acabemos cediendo.

Aun así, Cristo está ahí, deseoso de que volvamos “a casa”. Al igual que … Sigue leyendo

San Tarsicio

San TarsicioSan Tarsicio es uno de los que duermen en las catacumbas de San Calixto. Se le llama mártir de la Eucaristía, y no es en vano. Murió apedreado por otros niños mientras llevaba la Eucaristía a otros cristianos que habían sido hechos prisioneros en tiempos del emperador Valeriano. Estos niños se fijaron en que Tarsicio llevaba algo importante y quisieron quitárselo. Él defendió al Señor Sacramentado hasta el último momento sin dudarlo.

Una vez más, un niño es quien nos da ejemplo de coherencia, de lealtad y de amor a Cristo. Jesús nos dejó el enorme regalo de la Eucaristía. Nos dio a sí mismo, y en cada consagración vuelve a hacerse presente como en la Última Cena. Pero qué poco conscientes somos de ello.

Este ejemplo debe interpelarnos. Debe servirnos para que nos preguntemos, tanto laicos como sacerdotes: ¿me tomo en serio la Eucaristía? ¿Me doy realmente cuenta de que en ese pedacito de pan está Cristo? ¿Sería capaz de proteger ese pedacito de pan, tal como hizo San Tarsicio?

Y, por extensión, ¿me tomo la Santa Misa en serio? Como sacerdote, ¿convierto la Misa en un espectáculo o respeto la liturgia? ¿Introduzco a los Sigue leyendo




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