10 puntos clave sobre la legítima defensa

Seguro que no he sido el único que, ante un católico que afirmaba la posibilidad de defenderse ante algún ataque, sea personal o a la sociedad en su conjunto, ha visto cómo incluso otros católicos se le echaban encima recordándole que hay que poner la otra mejilla. Bueno, pues por ese motivo me he decidido a resumir en 10 puntos la doctrina sobre la legítima defensa recogida en el Catecismo de la Iglesia Católica en sus epígrafes 2263-2267. Espero que contribuya a recordar una doctrina que parece a veces un poco olvidada:
  1. Se habla de la legítima defensa en el capítulo segundo: “Amarás al prójimo como a ti mismo“, en el artículo 5, sobre el quinto mandamiento: “No matarás“.
  2. Defenderse de alguien no implica que se produzca una excepción al mandamiento antes mencionado. No quiere decir que no se ame a esa persona. Ni siquiera que se desee provocarle daño o la muerte.
  3. Se basa en el amor a sí mismo, implícito en el mandamiento “amarás al prójimo como a ti mismo“.
  4. Si para neutralizar al agresor se hace necesario matarlo, no se es culpable de homicidio. En cualquier caso, hay que
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Compromiso con la verdad

Creo firmemente que el escritor, por el mero hecho de serlo, tiene un irrenunciable compromiso con la verdad. Un escritor nunca, nunca, debe mentir al lector. Eso, ojo, no quiere decir que no pueda inventarse un mundo entero con sus propias reglas, sus propios personajes y su propia forma de actuar. Pero siempre tiene que ser coherente con su contexto. Siempre. De lo contrario, el escritor estará mintiendo al lector.

En el caso de la novela histórica es muy sencillo. Si vamos a contar una historia emplazada en la Edad Media, tenemos que basarnos en el contexto real de cómo era la Edad Media en el lugar en cuestión. No es de recibo quedarse con todos los tópicos posibles y soltarlos uno tras otro. Y los personajes, aunque sean totalmente inventados, tienen que ser coherentes con ese contexto. Tienen que pensar con las coordenadas de ese momento. Un error común al tratar temas de historia es juzgar los acontecimientos pasados con los criterios presentes. Y ese error se lleva a las novelas por quienes no han “hecho la tarea”. Y muchas veces cuelan, porque el que lo lee asume que le están contando la verdad porque es “novela … Sigue leyendo

Muditos

En la Iglesia tenemos un grave problema de comunicación. Seguro que lo habéis oido una y mil veces. Yo, al menos, sí. Y es verdad. Pero el punto principal, el núcleo de ese problema, está en la cantidad de católicos que se vuelven como el famoso enanito de Blancanieves, muditos. Totalmente muditos. En cuanto hay que defender la fe, en cuanto hay que dar razón de ella, en cuanto hay que mostrar que se tiene fe, en cuanto hay que confrontar abusos litúrgicos… En esos momentos, de pronto, desaparece la comunicación.

En mi opinión hay varias causas para tan peculiar fenómeno:

1) No tener conciencia de formar parte de la Iglesia: ante un ataque a la Iglesia no se ve como si fuera también a uno mismo, sino hacia una etérea jerarquía, causa de todos los males posibles.

2) Catolicismo cultural: puede que  el sujeto en cuestión vaya a Misa todos los domingos y fiestas de guardar, pero lo hace por costumbre. Le gustan las Misas rápidas y entretenidas. Aparte de eso, cree en lo que se le antoja, si es que cree en algo (de lo que dice la Iglesia, me refiero).

3) Renuncia a Sigue leyendo

Ecología

Dios quiere que cuidemos de su Creación y la administremos. Recalco la palabra “su”. La Creación es suya, así como todo lo que contiene. No es nuestra. No podemos manejarla a nuestro antojo. Pero sí que podemos disponer de ella en una escala justa de valores.

Esa escala de valores pone al ser humano en primer lugar. A cualquier ser humano. Es decir, si hay que elegir entre un ser humano en forma embrionaria y el último cóndor, adiós cóndor. El ser humano tiene un valor infinitamente superior al de toda la Creación, porque sólo él ha sido creado a imagen y semejanza del Creador. Y esa escala de valores junto con nuestra obligación de cuidar y mejorar la Creación es lo que determina la visión de la ecología desde un punto de vista cristiano. Desde luego, nada tiene que ver con el “ecologismo” más famoso, que muchas veces conecta con teorías de la Nueva Era, en el que, en el mejor de los casos, el ser humano está a la misma altura que cualquier otra criatura y, en el peor de los casos (por desgracia, bastante extendido), el ser humano sería incluso inferior a las otras … Sigue leyendo

Viendo al diablo por todas partes

Un error bastante habitual en los tiempos que corren es el pensar que el diablo, en realidad, no existe. Es un error peligroso, porque sitúa al diablo en la ventajosa posición de poder actuar sin que se quiera reconocer que está actuando. Y es imposible enfrentarse a un enemigo que te empeñas en asegurar que no existe. Uno no se puede enfrentar a lo que no existe. Este error se lo debemos a modernistas y desmitologizadores, obsesionados con eliminar de la fe todo lo que no puedan explicar de forma natural. Algo muy corto de miras, cuando la fe precisamente trata de lo sobrenatural.

Pero hay que tener cuidado. La situación contraria también existe y es igual de peligrosa. Me refiero a pensar que todo lo malo que ocurre es obra demoníaca. Eso tampoco es fe católica, sino más bien superstición o algún tipo de buenismo ingenuo que cree que los seres humanos sólo podemos tener pensamientos buenos. Tenemos que tener presente que, al ser libres, nosotros podemos elegir nuestros actos. Y estos actos están bajo nuestra responsabilidad. Incluso en el caso de que estemos siendo tentados por el demonio para hacer algo, no pueden violar … Sigue leyendo

¿Quién es su dios?

Un día leí el siguiente testimonio en una hoja del taco del Corazón de Jesús:

No me crié en una casa particularmente religiosa. Tuve un padre que nació musulmán pero se volvió ateo, abuelos metodistas y bautistas no practicantes, y una madre que no creía en la religión organizada, a pesar de ser la persona más bondadosa y espiritual que jamás he conocido. De niño ella me enseñó a amar y a comprender, y a tratar a otros como quisiera que me trataran a mí.

No me convertí en cristiano sino muchos años después, cuando me trasladé a la zona sur de Chicago luego de la secundaria. No fue por adoctrinamiento ni por una súbita revelación, sino porque pasé mes tras mes trabajando con gente de la iglesia que simplemente quería ayudar a los vecinos que estaban pasando por un mal momento, sin tener en cuenta qué aspecto tenían, o de dónde venían, o a quién dirigían sus oraciones. Fue en esas calles, en esos vecindarios, donde por primera vez sentí el Espíritu de Dios llamándome. Fue allí donde me sentí llamado para un propósito superior, su Propósito.

Qué bonito, ¿eh? Pues esta persona tan cristiana, … Sigue leyendo

Es triste, pero soy Frodo

Leí “El Señor de los Anillos” hace, creo, unos 16 años. Más o menos. Recuerdo que lo leí porque no paraban de decirme lo bueno que era ese libro. Así que decidí probar. Y me lo leí. Enterito, ¿eh? Pero cultivé durante toda la lectura unas ansias homicidas hacia Frodo como nunca había tenido antes. A cada página estaba deseando que llegaran los Jinetes Negros, le cazaran y acabaran con él. Sí, así, como suena.

¿Por qué? Porque es el prototipo de personaje estúpido. “Frodo, no te pongas el anillo. Nunca. Bajo ningún concepto.” El chico muy espabilado no era. Habría resultado mejor decirle “póntelo todo lo que quieras, que te queda muy bien”. De esa manera a lo mejor habría mantenido los dedazos lejos del anillo.

Pero fue pasando el tiempo. Y he ido madurando. Y, lo siento mucho, pero Frodo me sigue cayendo muy, pero que muy mal. El problema es que he descubierto que Frodo soy yo.

No, no me han crecido los pies. Ni se me han vuelto más peludos. Ni he encogido, ni fumo la hierba de los medianos, sea lo que sea esa hierba, que no quiero saberlo.

Fe sentimental

Hace unos días, en una pequeña discusión de lo más peculiar por correo electrónico, entre otras cosas una señora me dijo, tajantemente que por supuesto que la fe es un sentimiento y que había que creer en que Jesús está en la Eucaristía porque así se siente.

Si la fe fuera un sentimiento, sería espantoso. Creeríamos en Dios y a Dios dependiendo de lo más inestable que pueda tener un ser humano. En un momento dado ese sentimiento desaparecería y, ¿qué haríamos? ¿Dejaríamos de creer en Dios? ¿Se acabó la fe? Igual que cuando dicen “se acabó el amor”, y se refieren a que se acabó el enamoramiento.

Como decía yo a esta mujer, si un buen día, comulgando, no sientes nada, ¿es que Dios no está en la Hostia esta vez? Absurdo.

No sé vosotros, puede que yo sea el raro. Pero en mi experiencia muchas veces no ha habido ese “sentir” que Dios estaba ahí. Y, francamente, creo que son los momentos en los que mi fe se hace fuerte de verdad. ¿Por qué? Muy sencillo. Es muy fácil tener fe cuando “sientes” la presencia de Dios. Es, por poner un ejemplo fácil de entender, … Sigue leyendo

Bueno, a ver si nos tranquilizamos

En el poco tiempo que lleva el Papa Francisco, ya ha dado tiempo a todo tipo de reacciones. Por un lado, las de siempre, las que cabía esperar. Que si apoyó la dictadura argentina, que si misógino… Payasadas que le caen siempre al que sea el Papa, nada nuevo bajo el sol. De hecho, es buena señal que se den estos ataques.

Sin embargo, esas no son las reacciones que me preocupan, sino más bien el fuego amigo. Porque tan peligroso es que haya ataques tan burdos como los que acabo de mencionar como el exceso de apasionamiento de otros. De todo he leído, encumbrándole como el paradigma de todo lo mejor. Y eso es peligroso porque todos tenemos defectos. Todos. No debemos divinizar a nadie ni exagerar las cosas.

El Papa es humilde. Claro que sí. Pero también lo es Benedicto XVI. Y lo fue Juan Pablo II. Y Juan Pablo I. Etc. Francisco tiene otro estilo, claro que sí. Se ve de forma quizá más clara. Pero la esencia no ha cambiado. ¿O creemos que es el único realmente preocupado por los pobres? Es lamentable ver tantos comentarios insistiendo en esa “nueva humildad” y … Sigue leyendo

Preparándose adecuadamente para la muerte

El viernes, después de ir al Registro de la Propiedad Intelectual a registrar el manuscrito de mi primera novela, decidí acercarme a confesar. Cuando llegué, había una señora por delante de mí. Me senté a su lado, para hacer el examen de conciencia mientras llegaba el sacerdote.

Pasado un rato, esta mujer me preguntó si se iluminaba la lucecilla de al lado del nombre del sacerdote en el confesionario. Había ido pocas veces y quería asegurarse de ir con quien quería ir (que, por cierto, era mi mismo confesor). Seguimos hablando un poco más, y me dijo que si yo tenía más prisa pasara antes que ella, porque ella estaba haciendo una confesión general y la llevaría más tiempo. Añadió, con una sonrisa, que se estaba preparando para cuando llegara su día.

Esto, aparte de agradecido a Dios por esta hija suya tan bien dispuesta a acercarse a Él, me dejó pensativo. ¿Cuántas veces pensamos en serio que, en cualquier momento, podemos morir? ¿Estamos realmente preparados? ¿Estamos viviendo como si fueramos a vivir para siempre o sabiendo que lo que hagamos aquí es lo que nos marcará nuestro destino eterno?

No debemos tener miedo a meditar sobre la muerteSigue leyendo

Apocalipsis: El día del SeñorPara celebrar el Día del Libro y el nacimiento de mi nuevo hijo, he pensado en darte la oportunidad de conseguir mi última novela, Apocalipsis, a mitad de precio en su edición digital. Es una opción que hasta ahora sólo daba a quienes vinieran a las presentaciones, pero creo que la ocasión lo merece.

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¡Feliz Día del Libro!