Cambia tus creencias limitantes
A lo largo de la vida programamos nuestra mente con pensamientos y actitudes hacia nosotros mismos que llevan a un cierto estado psíquico subjetivo que llamamos creencias, y que consideramos una verdad absoluta sin análisis crítico previo.
Por ejemplo, a base de etiquetas que nos ponen o que adoptamos, llegamos a unos convencimientos sobre nosotros mismos que pueden ayudarnos o no.
El problema está en las creencias limitantes, que son las que nos encierran, las que nos impiden alcanzar objetivos. Por ejemplo, una muy habitual puede ser: no soy suficiente.
Sin embargo, lo importante de todo esto es que las creencias se pueden cambiar. Las podemos sustituir por otras que nos ayuden a crecer, a avanzar, a desarrollarnos. Es decir, por creencias potenciadoras.
Eso sí, el primer paso es querer cambiarlas. Esto no es baladí, los cambios nos obligan a salir de las zonas de confort, que no tienen por qué ser lugares agradables. El mero hecho de querer salir de las creencias limitantes puede resultar tan incómodo que prefiramos quedarnos ahí, al calorcito de la cárcel.
Asumo que quieres avanzar en tu vida. De lo contrario, no estarías leyendo esto.
El primer paso es identificar el … Sigue leyendo







«Soy un inútil».
¿No te llama la atención que el mundo se haya vuelto tan sentimentalista, pero que, al mismo tiempo, haya algunas emociones que están mal vistas y que luchamos por reprimir u ocultar a cualquier precio?
Como padre de familia numerosa, sé que una de las dificultades más habituales en el entorno familiar es el de que nuestros hijos se empeñan en no escuchar lo que les decimos.
Hace ya unos años, en una empresa en la que estuve decidieron cambiar el convenio por uno con peores condiciones. Tengo que decir que yo me libré por motivos que no vienen al caso. Digamos que no podían hacerlo.
¿Alguna vez te has preguntado por qué es tan difícil cambiar? Queremos dejar de dejarlo todo para última hora, empezar a hacer ejercicio, mejorar las relaciones, romper malos hábitos… Pero siempre encontramos algún motivo para no hacerlo.
Cuando publiqué mi primera novela,