Un santo un poco olvidado
Recuerdo hace tiempo, bastante tiempo, que había unos anuncios en los periódicos que me llamaban mucho la atención. No eran anuncios en sí, sino agradecimientos a san Judas Tadeo.
Era extraño. En aquellos tiempos no tenía ni idea de quién era ese santo.
Y creo que, para haber sido uno de los doce apóstoles, nada menos, es sorprendentemente desconocido.
Es más que probable que sea por su tocayo, el otro Judas, el que sí nos sabemos todos: Judas Iscariote. Al final, oímos Judas y, simplificando, quitamos dos por el precio de uno.
La cosa es que no es ninguna tontería conocerle, ya que su propio nombre nos habla de una característica que se ve demasiado poco hoy en día.
Resulta que Tadeo significa «valiente», lo que demostró ser proclamando su fe.
Es importante leer la carta de san Judas, justo antes del libro del Apocalipsis (uno de los libros más fascinantes y que, por cierto, me inspiró para escribir mi novela Apocalipsis: el día del Señor). En ella nos habla de combatir por la fe y edificarnos sobre el fundamento de la fe.
Además, es curioso, pero se cuenta que a santa Brígida, en una visión, el mismo Jesús … Sigue leyendo







Por lo general, la gente te dirá: no confíes en ti mismo. Confía solo en Dios.
«Al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra» (Mt 5, 39). Todos hemos oído o leído ese pasaje del Evangelio tan provocador.
Como ya te he contado en alguna ocasión, pasé nada menos que unos trece años viviendo con ansiedad. Sé lo que es despertarse con un nudo en el estómago, decaído por completo y sentir que el día ya te ha ganado la partida antes de empezar.
Como sabe todo el que tenga hijos, muchas veces encontrar un rato un poco extenso para la oración individual puede ser un esfuerzo titánico. Pero también es verdad que no es necesario que nos obsesionemos con ello.
El problema del mal es un misterio y no tiene sentido intentar dar explicaciones vanas que, muchas veces, son más humillantes que beneficiosas para el que sufre. Es lo que ocurre con los tres amigos que van a visitar a Job, conocedores de la teología tradicional y, por tanto, convencidos de que algo ha tenido que hacer mal Job para que le ocurran tantas desgracias.
El cristiano debe vivir en una actitud de gratitud. Esto es válido para cualquier persona, pero en el caso de los que nos definimos como seguidores de Cristo ni siquiera tendría que ser algo discutible.