Una de las preguntas más habituales de quienes han alcanzado el éxito o van en camino hacia él suele ser cómo mantener el control y el crecimiento a lo largo del viaje.
Es llamativo que algunos líderes parecen navegar las crisis con facilidad, mientras que otros, igualmente talentosos, se hunden. La respuesta no está en la suerte, la educación o los contactos, sino en una única cualidad mental: la responsabilidad incondicional.
No te voy a hablar de teorías, sino de un principio inevitable, tan inexorable como la ley de la gravedad y que a muchas personas les aterra: tú estás a cargo de tu vida.
Presta atención porque, si aplicas esto de lo que vamos a hablar, tu liderazgo personal y profesional va a ser más eficaz y eso puede llevar a unos mayores ingresos.
EL FUNDAMENTO DEL LIDERAZGO
Lo primero que hay que tener en cuenta es lo que Brian Tracy llama la Ley del Control. Esto es, cuanto más te sientas en control de tu propia vida, más sensaciones positivas tendrás hacia ti mismo y tu liderazgo. Si te fijas bien, una buena parte del estrés, la infelicidad y el bajo desempeño proviene de la sensación de que las circunstancias externas —el mercado, la competencia, la política— te están controlando.
Sin embargo, un verdadero líder, una persona que quiera avanzar en su vida, se ve a sí mismo como el arquitecto de su propio destino.
El liderazgo en su vida, tanto personal como profesional, empieza cuando acepta el 100% de la responsabilidad por todo lo que es y todo lo que será.
Es importante distinguir la responsabilidad de la culpa. Si yo cruzo una calle sin mirar a los lados porque el semáforo está en verde para mí y un coche me atropella, ¿tengo yo la culpa?
Evidentemente, no. Es el conductor del vehículo el que se me ha llevado por delante.
Pero ¿tengo responsabilidad en lo que ha ocurrido?
Por supuesto que la tengo. Debería haber estado atento. Debería haber comprobado que no suponía un peligro cruzar.
Esto implica dos reglas de oro:
La primera: Cero excusas: la persona responsable es aquella que no pone pretextos. Los hombres y mujeres de verdad no se quejan de las dificultades de la vida, solo las aceptan o hacen algo al respecto. Si no te gusta cómo van las cosas, es tu responsabilidad cambiarlas. Así de sencillo.
La segunda: Debes verte como el presidente de tu propio ser. Tus ingresos, tu desarrollo profesional y personal, tu equipo y tus resultados son tu total responsabilidad. La aceptación de esta verdad es lo que te otorga poder.
La diferencia entre la madurez y la inmadurez es aceptar el hecho de que estamos a cargo de nuestra vida. La irresponsabilidad, en cambio, se relaciona directamente con las emociones negativas, como el temor y la duda. La responsabilidad mira al futuro con esperanza, con aprendizaje y fuerza.
LA MAESTRÍA DEL JUEGO INTERNO
En el liderazgo, y recuerda que hablo tanto a nivel personal como profesional, la mayor parte del proceso es mental. Y ese proceso mental, ese mundo interior, se refleja en el mundo externo. Lo que creas de ti mismo lo vas a mostrar en tu lenguaje, en tu forma de caminar, en tu forma de actuar.
Dentro del terreno profesional, por tanto, si eres un líder y a tu alrededor encuentras confusión, bajo rendimiento o crisis, el primer lugar en el que mirar es en tu interior.
Además, es vital conocer el efecto Pigmalión: la gente tiende a comportarse según las expectativas que pones en ellas, según cómo las etiquetas. Así pues, si crees que tu equipo no puede lograr metas ambiciosas, eso será lo que les transmitas, sea de forma consciente o inconsciente. Y eso afectará a su propia manera de verse y comportarse.
El resultado, te lo puedes imaginar.
Por ello, para cambiar los resultados de los demás, lo primero que debes hacer es cambiar tu forma de pensar. Eso pasa también por cuidar tu autoestima, ya que esta determina tu desempeño, al partir esta de cómo te concibes a ti mismo.
Para ello, puedes utilizar algunas estrategias como:
- La visualización. La mente no distingue entre la realidad y lo que imaginas con intensidad y asociando emociones. Puedes utilizarla, por ejemplo, para prepararte para una reunión, imaginándote llevándola lo mejor posible, sintiéndote bien, emocionado, cómodo.
- Las afirmaciones. Repetirse frases puede parecer un ejercicio absurdo. Y, no te equivoques, lo es, si lo haces como un papagayo. La diferencia está en las emociones. En asociarlas a lo que decimos. Y en decirlo siempre de forma positiva. Puedes decirte todas las mañanas o con más frecuencia frases del tipo: «yo soy responsable» o «soy capaz». Pero hazlo con fuerza, con emoción. Con este sencillo ejercicio irás elevando tu autoestima.
- Modelado. Identifica a tres personas a las que admires. Pregúntate qué cualidades suyas son las que tanto te atraen y empieza a actuar como si ya tuvieras esas cualidades. Es ese famoso principio de fingir hasta lograrlo.
LA ESTRUCTURA DEL ALTO DESEMPEÑO
Tanto tú como tu equipo necesitáis claridad y estructura en la responsabilidad. Para eso, es importante poner metas claras y específicas. He estado en empresas en las que las tareas a realizar eran más una carta a los Reyes Magos que unos objetivos o metas claros.
Por otra parte, tenemos el principio de Pareto, el clásico 80/20. Esto nos lleva a pensar que el 20% de las tareas dan el 80% de los resultados. Entonces, la pregunta que hay que hacerse como líder es: ¿cuáles son esas tareas en las que debería invertir mi tiempo?
Es también vital tener una lista de las tareas a realizar diarias, semanales y mensuales, priorizarlas y ejecutarlas según esa prioridad. Aportar claridad y estructura es tarea de un buen líder.
El liderazgo exige, además, un compromiso con la excelencia. Los grandes líderes dirigen con el ejemplo. Desde luego, nada que ver con los meros jefes, que se contentan con mandar. El líder es alguien diferente.
El líder es un fabricante de equipos. Esto significa organizar, motivar, y desarrollar a las personas para que sean mejores de lo que eran antes.
El líder invierte en conocimiento práctico y útil. No se queda estancado pensando que ya lo sabe todo. Eso implica leer libros, escuchar podcasts, ver vídeos que den alimento a su cerebro.
Además, es decidido. No se queda dudando, sino que toma decisiones rápidas y aprende de ellas, de sus resultados.
Y, como punto final, es persistente. No se rinde. Adopta la actitud de que cada obstáculo o retroceso ha venido para instruirlo, no para detenerlo.
CONCLUSIÓN
Recuerda el lema de los responsables: Si debe ser, debo hacerlo yo.
El éxito no se mide por lo que has hecho en comparación con los demás, sino al compararlo con lo que tú mismo eres capaz de hacer. Y para liberar todo tu potencial necesitas autoestima y hacerte responsable de tu vida.
Ahora ponte en marcha. Elimina la palabra «pero» de tu vocabulario, te lleva a buscar excusas. Y hemos dicho que sin excusas.
Avanza en serio, sin timidez. Toma una decisión ya.
Comprométete con buscar la excelencia.
Y recuerda: el camino hacia la grandeza comienza con un solo paso. Toma el control, acepta la responsabilidad y actúa en serio.







