¿Qué sentido tiene plantearse las tareas a realizar, los objetivos o los cambios que supuestamente deseamos como si fueran una especie de carta a los Reyes Magos?
Debería buscar trabajo.
Debería perder peso.
Debería hacer más ejercicio.
Debería hacer esa llamada.
Debería pedir un aumento.
Debería…
¿Usar esa palabra da algún tipo de implicación con lo que la sigue?
En absoluto.
Nos mantiene distanciados por completo. Como si no fuera con nosotros. Son cosas que, bueno, sí, deberían hacerse. Pero, en realidad, quedan aparte. Son externas, no nos afectan porque, en realidad, en lo más hondo, no queremos que lo hagan.
Es necesario que pasemos del «debería» al «debo», porque esta expresión ya sí que nos implica, y eso cambia nuestra forma de afrontarlo todo.
No es lo mismo «debería buscar trabajo» que «debo buscar trabajo», ¿no te parece? Lo primero es una mera posibilidad. Lo segundo ya es una necesidad. En el momento en el que asumimos algo como un deber, ponemos en marcha en nuestra mente mecanismos para conseguirlo.
Sin embargo, todavía tiene un problema importante: es como una imposición externa No tiene todavía la suficiente fuerza.
Por eso el siguiente paso es fundamental: pasar del «debo» al «voy a». Ahora ya no hay nada que nos separe de esas tareas, de esos objetivos. No es que deba buscar trabajo, es que voy a buscar trabajo. Lo voy a hacer y me voy a poner a ello ahora mismo, porque estoy plenamente implicado en ello. No es algo que se vaya a quedar para más tarde.
Ya no es un deseo vago y difuso, sino un objetivo real y consciente.
Una puerta de entrada al cambio.







