Despidiendo a un hombre bueno

Llevo una semana relativamente desaparecido en muchos aspectos. En las redes sociales apenas he hecho acto de presencia. Y eso solo ha sido un reflejo de lo que he llevado por dentro estos días.

El día 20, día del Inmaculado Corazón de María, fallecía mi padre a los 89 años. Quiero aprovechar para pedirte una oración por su alma. Y por las de mis hermanos, que le precedieron.

Ha sido un duro golpe. De repente, ya no va a estar ahí su sonrisa picarona, la misma que tenía de joven y que seguía ahí, con unos ojos brillantes que disfrutaban de lo lindo con sus nietos y biznietos.

Un hombre que luchó duro por su familia, para que siempre tuviéramos lo necesario. Recuerdo, como anécdota, que, cuando me decidí por estudiar informática y pensé en comprar un portátil para poder trabajar con él también en la universidad y si iba a estudiar fuera, se empeñó en pagarlo él. Había ido a primera hora a hacer la transferencia.

Tuvo una buena vida. Una gran familia que no le abandonó en ningún momento. Vitalidad y ánimo de luchar cada día. Cabezota también como él solo. Creo que eso lo he heredado de él. Pero siempre buscando lo mejor para los suyos.

Su muerte también fue buena. Sin dolor, con su familia junto a él. Tuve el honor de estar a su lado, dándole la mano, en el último momento. Día del Corazón Inmaculado de María, abrazado a una estampa de la Inmaculada y habiendo recibido los sacramentos. Fue una muerte en paz.

Momentos antes pude hablar con él un rato, pedirle perdón por mis numerosos fallos como hijo, expresarle lo que le quería. Estoy seguro de que me oía y me entendía, porque intentaba, postrado en la cama, con sus fuerzas ya casi extinguidas, apretarme la mano. Y porque me lo dice el instinto, así de sencillo.

Él ya sabía que le quedaba poco. Y, lejos de desesperar y quedarse tirado en una cama, luchó por ir saliendo adelante día a día, celebrando cada día que pasaba.

He estado bastante machacado. Se iban alternando la esperanza de volvernos a encontrar en la otra vida y la tristeza y el vacío de que no estuviera aquí. Todavía se alternan, pero poco a poco me voy recuperando y voy integrando ambas. Gracias a todos los que os habéis interesado por mí.

En su honor, aprenderé de él a seguir adelante. A luchar cada día todavía más, esperando contra toda esperanza. A desgastarme por mi familia.

Hasta que nos volvamos a encontrar.

Jorge Sáez Criado
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Jorge Sáez Criado tiene una doble vida: unos días escribe sobre espiritualidad y otros hace sufrir a personajes imaginarios que se enfrentan a épicas batallas entre el bien y el mal. Informático durante el día y escritor durante la noche, este padre de familia numerosa escribe historias con una marcada visión positiva de la vida sin dejar de lado una de las principales funciones de la ficción: explorar la verdad.