¿En qué te centras?
Aquello en lo que te centras, en lo que enfocas tu atención, es en lo que pones tu energía. Y, por tanto, es aquello que define cómo vas a actuar.
Lo sabemos bien por las clases de conducir: siempre hay que mirar hacia donde queremos ir. Si desviamos la mirada, corremos un grave riesgo de girar el volante hacia ese punto y, por tanto, tener un accidente.
Si vamos andando, pasa lo mismo. Como nos quedemos mirando hacia un lado, acabaremos desviándonos de nuestro camino para ir poco a poco hacia ese punto.
¿Qué crees que va a pasar si, desde que te levantas, estás centrándote en lo que te falta, en lo que no tienes, en lo difícil que está todo, en lo aburrido que es el trabajo, en las discusiones que has tenido, en los problemas que surgen una y otra vez?
¿Cómo crees que va a estar tu ánimo?
Haz la prueba si quieres. Céntrate en ese tipo de cosas de forma consciente. Te sentirás decaído, triste, desesperanzado, inquieto.
Ahora, en cambio, céntrate en lo que ya tienes, en lo que disfrutas, en los buenos momentos con tu familia, en tu capacidad para encontrar soluciones, para seguir adelante ante los problemas.
La cosa cambia bastante, ¿verdad?
Los problemas no han desaparecido, por supuesto. Sin embargo, ahora estás en disposición de afrontarlos de otra manera mucho más constructiva, mucho más útil. Tienes una energía interna diferente, muy superior.
¿Te das cuenta del increíble poder de poner el foco en cosas que construyan, que aporten a tu vida?
Aquello en lo que decides centrar tu atención es lo que controla tu vida. Lo acabas de comprobar con este rápido experimento. Puedes cambiar tu manera de vivir con algo tan sencillo como elegir bien en qué centrarte.
Educa a tu cerebro
El problema es que vivimos en un mundo en el que hay miles de elementos luchando por tu atención. Por tu foco.
Por tu vida.
Buscan que vivas la vida que otros quieren. Mantenerte atado. A las notificaciones del móvil, al qué se le va a hacer, al estrés, al miedo. A lo que hace tal o cual influencer que ni te conoce ni le importas ni mucho menos le conoces tú.
Una vida adormecida y mediocre.
El cerebro recibe millones de estímulos a cada momento, como la temperatura, el tacto de la ropa, el brillo de la pantalla, las letras que hay escritas ante ti, la voz de alguien que pasa a tu lado, la brisa que te acaricia… No puede manejarlo todo, así que filtra. Y lo hace según la manera en la que le enseñemos. Si lo hemos acostumbrado a que lo más importante es atender a la vibración del móvil, en cuanto la notemos o nos parezca que la notamos, miraremos a ver qué es lo que ha llegado. Seremos sus esclavos.
Si lo hemos acostumbrado a tomarse como importantes las opiniones de otras personas sobre asuntos de los que no tienen ni idea, o sobre nosotros, les prestará especial atención. Con el consiguiente sufrimiento.
Si lo acostumbramos a centrarse en lo que nos ayuda, en lo que nos hace crecer, en la gratitud por la vida, por todo lo que tenemos, por las lecciones aprendidas, por cómo avanzamos en nuestro camino, nuestra vida dará un giro lleno de fuerza. Comenzaremos a poner nuestras energías en esas cosas, en las soluciones más que en los problemas, en los aprendizajes más que en las dificultades, en ayudar más que en tu beneficio.
En avanzar, más que en quedarse estancado.
No te encierres en un ciclo de dolor, de mediocridad, de que pasen los días uno tras otro sin más.
Rompe ese ciclo. Renace de él. Desecha los estímulos que solo buscan tenerte atrapado y céntrate en lo que te hace crecer.
Y verás un cambio en tu vida como no te imaginas. Porque te han enseñado a no imaginarlo, a creerlo imposible.
No lo es.
Te lo digo por experiencia.
Avanza hacia el cambio que quieres en tu vida.






