El camino de la disciplina

publicado en: Desarrollo personal | 2

Este artículo ha sido publicado en el número 71 de la revista Punto de Encuentro, de la Obra Social de Acogida y Desarrollo. El hilo conductor de este número ha sido la disciplina.

El camino de la disciplina

El camino de la disciplina

El talento, al igual que las ideas, es muy barato. Todos tenemos algún talento. El que sea. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando confrontamos a alguien con un talento sin afilar con alguien con disciplina férrea para formarse y aprender esa misma habilidad?

Sencillo: el segundo logrará la victoria. Porque el talento, en efecto, es un gran punto de partida. Pero queda en nosotros la responsabilidad de trabajarlo, de hacerlo producir, de llevarlo al máximo nivel que podamos alcanzar con él.

Y eso precisa de un concepto que gusta muy poco hoy en día: disciplina.

Elbert Hubbard definió la disciplina como la capacidad para obligarte a ti mismo a hacer lo que debes hacer, cuando debes hacerlo y tengas o no tengas ganas de hacerlo.

No se trata de apetencias ni de gustos. Se trata de saber qué debemos hacer y seguir un plan para avanzar.

Para ello, lo primero es, necesariamente, entender e interiorizar nuestra motivación. La disciplina no se alcanza con mera fuerza de voluntad. Esta, sin algo que nos impulse desde dentro, se acabará por desgastar. Si nuestro «para qué» no es lo bastante fuerte, acabaremos dejándonos llevar por lo fácil. Por dejarlo estar. Por poner excusas del tipo que sea para lo que solo puede definirse como rendición.

Una vez sabemos lo que nos mueve, qué es lo que queremos alcanzar, tenemos que asumir que las cosas no se logran mágicamente con solo desearlas. Hay que actuar. Y hacerlo cuando tengamos ganas y cuando no las tengamos. Cuando estemos inspirados y cuando no lo estemos.

Todo artista marcial, todo buen profesional, sabe bien que la excelencia se logra con repetición y mejora constante. Una técnica hay que repetirla una y otra vez, sin conformarse con que haya salido más o menos bien.

El camino puede ser duro, pero la única manera de llegar al punto que queremos alcanzar es avanzar. Y, para ello, necesitamos definir por dónde tenemos que pasar. Cuáles son los hitos que nos mostrarán que el avance es real. Y decidir, porque todo cambio comienza con una decisión, seguir adelante pase lo que pase.

La disciplina no es algo que tengamos de nacimiento, se puede (¡se debe!) entrenar. Igual que los músculos se fortalecen con el uso repetido, la disciplina se hace más fácil, más fuerte, según nos vamos haciendo disciplinados.

Algo tan simple como comprometerse con uno mismo a realizar determinados actos cada día, como leer media hora o hacer un pequeño examen al final del día para evaluar nuestros aciertos y fallos y definir qué hacer el día siguiente, puede marcar una gran diferencia a la hora de fortalecer la disciplina.

Además, la disciplina fortalece el carácter y la mentalidad. Algo que se echa mucho de menos en estos tiempos de principios blandos y volátiles, de emociones efímeras y nula determinación. Porque, quien decide ser disciplinado, deja de ser un instrumento de sus emociones y de la motivación propia de la autoayuda barata. Se convierte en alguien más difícil de manipular, con mayor autoestima, con mayor capacidad para alcanzar sus objetivos.

Así pues, es vital pasar del «debería hacer tal cosa» al «debo hacerlo». Y, a partir de ahí, no mirar atrás. No buscar excusas. No esperar a que se dé la situación perfecta.

Solo avanzar. Pase lo que pase. Tengamos ganas o no. Porque solo nosotros somos los responsables de nuestra vida y de lo que hagamos con ella.

Jorge Sáez Criado escritor ciencia ficción y fantasía
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Jorge Sáez Criado tiene una doble vida: unos días escribe sobre espiritualidad y otros hace sufrir a personajes imaginarios que se enfrentan a épicas batallas entre el bien y el mal. Informático durante el día y escritor durante la noche, este padre de familia numerosa escribe historias con una marcada visión positiva de la vida sin dejar de lado una de las principales funciones de la ficción: explorar la verdad.

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