¿El escritor cristiano tiene que ser ñoño?

Tenemos un grave problema con el imaginario colectivo. Un problema que, por desgracia, influye también a quienes menos deberían creerse ese tipo de tonterías.

¿A que la mayoría de la gente (quizá incluso tú, al leer esto) piensa que, si un escritor es cristiano, tiene a la fuerza que escribir solo ñoñerías sensibleras (como si fuera una constante Misa “de familias” típica, por cierto)? Nada que pueda ser violento, sucio, desagradable. Solo pajaritos, lucecitas, bailes y canciones.

O, como mínimo, que va a ser una especie de panfleto propagandístico en el que meter al lector el Catecismo capítulo a capítulo. Como si tuviéramos alguna especie de poder “catolizador” para transformar en católico con solo leer algo que escribamos.

Es una soberana estupidez. Sin paliativos. Pero estoy convencido de que a buena parte de la población le dices antes de comprar un libro, sobre todo si se trata de un autor poco conocido (para los famosos, las reglas suelen cambiar), que el autor es católico y se lo piensan dos veces. O tres. Y el libro se acaba quedando en la estantería.

Es algo también aplicable a los propios lectores católicos, solo que en este caso también se puede dar que ellos también piensen que el catolicismo es algo de florecitas y canciones cursis, y sea justo eso lo que esperan de los libros católicos. Y luego resulta que hay asesinatos, sufrimiento, masacres y violaciones y reniegan de ese autor como Judas mismo.

¿Crees que exagero? Pues ojo, que yo he llegado a ver la opinión de que los escritores católicos solo tendríamos que escribir no ficción, en concreto libros espirituales.

Bueno, también están los que añaden que tenemos que dar gratis nuestros libros porque lo que se nos dio gratis, lo tenemos que dar gratis. Entiendo que esa gente no cobra por su trabajo y se alimenta del aire.

Tenemos que quitarnos todo eso de la cabeza. Tolkien era católico y escribió la obra de referencia en el mundo de la fantasía. Dean Koontz es católico y escribe terror. El tema está en que, al igual que cualquier otro escritor, reflejaremos nuestro mundo interior, nuestra forma de ver el mundo, en nuestras obras. Sentiremos la responsabilidad de que nuestras palabras se dirijan a las mentes de los lectores y cuidaremos más ciertos detalles. Por ejemplo, por mucho que venda, no sería lógico meter una escena de sexo explícito porque sí. O hacer que el asesino en serie resulte ser el personaje más carismático y atractivo, de forma que el lector prefiera a ese personaje.

Como católicos, no vivimos en las nubes. Vivimos en la tierra, aunque nuestra meta esté en el cielo. Conocemos bien la profundidad del pecado, del mal. También vivimos con esperanza, con fe en que el bien triunfa. Sabemos que todos podemos redimirnos, que al poder del mal se puede confrontar el poder del perdón. Pero sin dejar la justicia a un lado.

Podemos mostrar la monstruosidad del mal, pero tal como es. Sin embellecerlo. Podemos mostrar la ambigüedad y la debilidad de todos los seres humanos, que nos debatimos a diario entre el bien y el mal, aunque pretendemos elegir siempre el bien. Podemos relatar batallas épicas con toda la crudeza de la guerra. Porque las guerras no son bonitas, ni siquiera cuando son defensivas. Ni siquiera cuando son justas. Pero también podemos mostrar que, incluso dentro de la inmundicia, algunas personas se levantan y no dejan que el mal los venza.

¿Algo de todo esto tiene pinta de ser ñoño?

Por supuesto, también puede escribir libros espirituales, que eleven el alma. De hecho, lo uno no está reñido con lo otro. Yo mismo he escrito una serie de libros sobre el Rosario. Y ciberpunk, y fantasía, y suspense sobrenatural

No caigamos en las burdas etiquetas que tanto les gusta a otros ponernos. La fe cristiana no tiene nada de ñoño. Es una fe de guerreros, de valientes. De luchadores a diario en batallas tanto espirituales como físicas muchas veces agotadoras, incluso en una vida que pueda parecer anodina.

Es una fe épica. Y, si la vivimos de la forma correcta, eso transmitiremos.

Jorge Sáez Criado
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Jorge Sáez Criado tiene una doble vida: unos días escribe sobre espiritualidad y otros hace sufrir a personajes imaginarios que se enfrentan a épicas batallas entre el bien y el mal. Informático durante el día y escritor durante la noche, este padre de familia numerosa escribe historias con una marcada visión positiva de la vida sin dejar de lado una de las principales funciones de la ficción: explorar la verdad.

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