El síndrome del impostor

El síndrome del impostor

Probablemente en los autores ya consagrados no se dé (o no tanto), pero en los que están (estamos) en proceso no es raro. Se trata de uno de los grandes enemigos del escritor, y ataca desde el interior. Te hablo del síndrome del impostor.

¿Qué es el síndrome del impostor?

El síndrome del impostor es la sensación de ser un fraude. Y no es exclusivo de los escritores en absoluto. Sin embargo, como lo que más conozco es el caso del escritor, me centraré en él.

¿Cómo se manifiesta?

El síndrome del impostor parte de una situación de baja autoestima en la que el propio escritor no cree ser lo suficientemente bueno. No confía en sí mismo ni en su obra. Por tanto, no piensa que su trabajo esté a la altura y casi parece pedir perdón cuando habla de él. Y no digamos cuando se trata de decir que es escritor.

A veces el problema está en compararse con otros escritores. Ve su obra, ve la de grandes figuras que pueden parecerle inalcanzables, y se le cae el alma a los pies. «¿A quién quiero engañar?», se preguntará. «Nunca llegaré a ese nivel. Ni en broma».

Pero ¡ojo!, esto no viene solo por la psicología del sujeto. Los factores externos también influyen mucho. No ayuda, por ejemplo, aquello de no ser profeta en tu tierra:

―He escrito un libro.
―¿Pero no eres el pequeño de la Juani? Sí, el que siempre fue un poco torpe para los estudios…

Ya está. Como supuestamente te conocen ya estás catalogado de por vida. Es imposible que hayas cambiado. Es imposible que seas algo más que las circunstancias por las que te conocen.

Tampoco ayudan los «bienintencionados» que quieren evitarte desilusiones:

―He escrito un libro.
―Ya sabes que de eso no se vive.

No mostremos apoyo, no sea que el chico crea que puede llegar a algo, ¿verdad?

Tenemos también a los que banalizan el esfuerzo del escritor, como si cualquiera pudiera escribir bien un libro (nótese que remarco el «bien»):

―He escrito un libro.
―Yo también, tengo cuatro novelas esperando en un cajón y seguramente escriba alguna más dentro de poco, cuando tenga tiempo.

Si es que, hoy por hoy, das una patada a una piedra y salen cien mil escritores. Todos buenísimos, naturalmente.

Ante estímulos externos como estos (y otros similares) que demuestran incomprensión, falta de apoyo, etc., a poco que el escritor tenga la autoestima un poco tocada, es normal que, al menos en ocasiones, piense que es un fraude.

¿Cómo hacer frente al síndrome del impostor?

Verás que he iniciado cada uno de los diálogos anteriores con un frío «he escrito un libro». Esto no es por casualidad, sino porque creo que el principio del fin del síndrome del impostor para un escritor está, precisamente, en reconocerse como uno ante sí mismo y ante los demás. Decir alto y fuerte: «soy escritor». Y, por supuesto, creérnoslo. Ponerlo incluso en nuestra firma de correo electrónico.

Esto tiene que incluir no compararnos con los demás de una forma poco sana. ¡Claro que vas a encontrar escritores mucho mejores que tú! Pero piensa que ellos también tienen su historia, sus dificultades, sus particularidades. Son personas, como tú y como yo. Han escrito mucho, se han esforzado mucho y, quizá, también han tenido un poco de suerte. Utiliza sus libros para aprender de ellos. Disfruta de sus historias, analízalas, descubre cómo actúan para crear en ti todo el abanico de sensaciones que una buena historia bien contada crea. Mejorarás paso a paso, es un proceso.

Eres un escritor. Actúa como tal y da lo mejor de ti en cada historia.


Memorias del ocaso, una saga de ciencia ficción ciberpunk con robots e inteligencia artificial

Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Jorge Sáez Criado tiene una doble vida: unos días escribe sobre espiritualidad y otros hace sufrir a personajes imaginarios que se enfrentan a épicas batallas entre el bien y el mal. Informático durante el día y escritor durante la noche, este padre de familia numerosa escribe historias con una marcada visión positiva de la vida sin dejar de lado una de las principales funciones de la ficción: explorar la verdad.