Hay algo de antinatural en el sufrimiento de un niño. Algo que hace que cualquier persona mínimamente normal se remueva por dentro, hasta lo más hondo, rebelándose ante ello. Son criaturas tan puras, tan inocentes, que su dolor lo asumimos, de forma inconsciente, como especialmente absurdo. No le vemos el sentido. Que un adulto sufra lo podemos ver más normal, más aceptable, por decirlo de alguna manera. Pero que un niño sufra… Lo aceptaremos, sí. Pero, incluso cuando es necesario y por su propio bien (por ejemplo, el dolor al pincharle para ponerle una vacuna), preferirías, sin duda, sufrir tú en su lugar.
Por eso, todos deberíamos alzarnos contra el maltrato infantil en cualquiera de sus formas. Alguien capaz de provocar consciente y voluntariamente sufrimiento a un niño que todavía ni sabe lo que hace, alguien que busca ese dolor para afirmar su superioridad, para que no le moleste, o para lo que sea que uno maltrataría a un niño, es un monstruo que ha perdido su humanidad, que no es capaz de amar y que debería ser apartado de la sociedad.
Pongamos nuestro granito de arena para que desaparezca el maltrato infantil (y cualquier otro maltrato) y que los maltratadores no queden impunes.