Escribir para cambiar el mundo

La escritura nace de un impulso interior

Escribir para cambiar el mundo

El impulso de escribir no es algo que sea tan fácil de dejar a un lado. Siempre vuelve, empujándote a dejar una ristra de palabras escritas de un tirón en cualquier medio a tu alcance. ¡Cuántas veces habré ido apuntando yo cosas en el primer papelajo que tenía a mano! Pero nadie escribe porque sí. Si tienes ese impulso es porque hay algo dentro de ti que quiere salir, que quiere mostrarse al mundo. Tienes un mensaje, algo que decir, algo que comunicar. Una parte de tu interior no para de instarte a poner por escrito historias en las que siempre, siempre, dejas algo de ti mismo. Olvídate de esas teorías que dicen que el escritor no se refleja en su obra. ¿Cómo podría no reflejarse un autor en su obra, un creador en su criatura? Incluso en el esfuerzo por no dejar rastro de sí mismo estaría dejándolo.

Siempre vas a dejar una huella.

Escribe sin miedo

Hay gente a la que le sienta fatal encontrarse una impronta moral en un libro. ¿Piensan que la escritura debería ser un arte aséptico? No, en realidad lo que buscan es que el libro que leen esté de acuerdo con su forma de ver las cosas. Si a alguien le sienta mal que en una novela un sacerdote quede bien parado, seguramente es porque habría preferido que quedara mal parado.

Lógico, ¿no?

Esas opiniones, que poco a poco van calando en la sociedad porque son simples y facilonas, son las que acaban llevando a que muchos escritores escriban con miedo, atemorizados por las críticas, por no gustarle a los lectores, por el rechazo de la sociedad. Poco a poco, las presiones del mundo y de la corrección política han ido arrinconando a todo aquel mínimamente rebelde. Hoy por hoy, vivimos en un mundo tan políticamente correcto que incluso los que se autodenominan antisistema no dejan de ser productos de ese sistema al que dicen rechazar. Una gran parte de los escritores también ha caído dentro de ese vórtice devorador de todo lo que no concuerde con la opinión oficial. Se los tiene mucho cariño en suplementos de “cultura”, incluso en ambientes políticos. ¿Cómo no? Son instrumentos para difundir el pensamiento único.

Si el escritor aspira a transmitir su historia, su mundo interior, tiene que comprometerse a escribir sin miedo. A no empezar a recortar, asustado, palabras y temas que sabe que otros le van a decir que son retrógrados o tantos otros adjetivos igual de sonoros.

Porque, amigo mío, tienes un compromiso con la batalla cultural.

El papel del escritor católico en la batalla cultural

El hecho es que estamos inmersos en una guerra. Ya, ya lo sé. Ser católico implica estar continuamente en pie de guerra. El problema es que estamos perdiendo la batalla cultural. Y, por alguna razón que desconozco, desde muchas instancias (altas y no tan altas) se ha renunciado a ella. No se ve como algo importante. Como si fuera de segunda. Y pensar eso es un error fatal. Es quizá la batalla más importante. Todo lo que vemos, lo que leemos, lo que escuchamos, nos influye de alguna manera. Si renunciamos a recuperar esos ámbitos, habremos claudicado. Tal como suena.

Tampoco ayuda que tantos católicos se dejen llevar por el sentimentalismo, que tan de moda está. Nos vamos a encontrar una generación de católicos que aceptan cualquier cosa basada en el sentimiento. Sin razonar. Con eslóganes estúpidos como “menos pensar y más sentir”, “haz lo que te dicte el corazón” o el tan manido “lo que importa es que lo pases bien” conseguimos una maravillos horda de borregos dispuestos a entrar en el establo del pensamiento único.

El escritor puede cambiar el mundo. Ya lo hemos visto con la ideología de género o la Nueva Era, ambas cargadas de sentimentalismo barato. Cuentos para niños, libros de texto, novelas, guiones de series y películas que difunden absurdos como esos de forma que, poco a poco, van calando en las mentes.

Están cambiando el mundo.

En esto se demuestra que, como dijo Cristo, “los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz” (Lc 16, 8). Saben aprovechar todos los medios a su alcance, mientras nosotros nos quedamos mirando. Pero no nos podemos quedar con los brazos cruzados, ¿verdad?

Tú que escribes, escribe sin miedo para cambiar el mundo a mejor. Escribe para reflejar tu visión del mundo. No tendrás que esforzarte, es lo natural. Más bien al contrario, habría que esforzarse para no hacerlo. Pero cuidado, vas a reflejar lo que lleves dentro. Aquello en lo que creas de verdad.

Ese mensaje puede que llegue a pocos, sí. Pero ¿quién sabe? También puede que llegue a muchos. En cualquier caso, merecerá la pena.

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Jorge Sáez Criado
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Jorge Sáez Criado tiene una doble vida: unos días escribe sobre espiritualidad y otros hace sufrir a personajes imaginarios que se enfrentan a épicas batallas entre el bien y el mal. Informático durante el día y escritor durante la noche, este padre de familia numerosa escribe historias con una marcada visión positiva de la vida sin dejar de lado una de las principales funciones de la ficción: explorar la verdad.

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