¡Feliz Navidad 2018!

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¡Feliz Navidad!

Yo soy la Luz del mundo, el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12).
Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,14).

No es fácil caminar por la oscuridad a no ser que a tu lado haya luces que te iluminen el camino.

Estamos celebrando la llegada de la Luz al mundo, una Luz que más tarde nos dejó el encargo de brillar en las tinieblas reflejando la única Luz verdadera: la suya. No podemos dejar de lado este encargo, esta responsabilidad. No podemos dejarnos llevar por comodidades o por miedos. Sabemos cómo trataron a Cristo, verdadera Luz. Sabemos, por tanto, cómo van a tratar a quienes lleven esa misma luz. No es ninguna novedad. La pregunta es si seremos fieles o si dejaremos que el mundo, los miedos, el “qué dirán”, apaguen nuestra luz.

La luz solo tiene una obligación: iluminar. Si no lo hace, no está encendida. No sirve para nada.

Hoy en día, que tanto se habla de libertad, hay países en los que el mero hecho de celebrar la Navidad es un acto tan revolucionario que está prohibido. En otros países, la Navidad se convierte en un aséptico “Fiestas”. Ser cristiano es motivo para que te señalen como mínimo como un tonto o un iluso. A partir de ahí, todo tipo de epítetos. Las ofensas a los cristianos suelen pasar de largo por la “Justicia”, pero como se te ocurra decir que un ser humano con cromosomas XX es una mujer y uno con cromosomas XY es un hombre, todo el aparato del sistema se lanza sobre ti sin piedad.

Quieren ocultar la Luz, la Verdad. Pero no nos vamos a rendir. La oscuridad, por mucho que se esfuerce, nunca, NUNCA, podrá tapar a la más mínima luz.

Que el Niño Dios nos conceda ser luces para todo aquel que lo necesite.


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Jorge Sáez Criado
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Jorge Sáez Criado tiene una doble vida: unos días escribe sobre espiritualidad y otros hace sufrir a personajes imaginarios que se enfrentan a épicas batallas entre el bien y el mal. Informático durante el día y escritor durante la noche, este padre de familia numerosa escribe historias con una marcada visión positiva de la vida sin dejar de lado una de las principales funciones de la ficción: explorar la verdad.