Los niños, esperanza del mundo

Los niños, esperanza del mundo

Para ir al trabajo paso al lado de nada menos que dos colegios. Y una de las pocas cosas que me arrancan una sonrisa a esas horas, cuando me encamino a mi oficina, aparte de dar un beso a mis hijos y desearles un buen día en el colegio, es ver a otros niños caminando de la mano de sus padres, compartiendo una broma, hablando de lo que les espera en el día o, sencillamente, dirigirse hacia el colegio junto a un amiguito. Chavalines que apenas me pasan de la rodilla inmersos en su mundo, un mundo que todavía es bonito, que todavía tiene sorpresas. Un mundo en el que cada minuto es único y tamizado por la inocencia en la que viven. Son unos pequeños superhéroes que, con su ilusión, nos salvan (si nos dejamos, claro) de la rutina, de los días iguales unos a otros, del egoísmo… De tantas cosas asociadas a ser adulto.

Te voy a ser franco: temo el día en el que deje de ver la inocencia reflejada en los ojos de mis hijos. Sé que algún día llegará el momento y espero estar preparado. También espero que sean capaces de mantener al menos parte de esa inocencia.

Los niños son la esperanza del mundo precisamente por esa forma de ser tan limpia. Son ellos los que se convertirán en adultos el día de mañana. Unos adultos que actuarán, en parte, dependiendo de cómo se los guió en su niñez.

Eso nos convierte a los adultos en responsables de la esperanza. Debemos cuidar de los niños, oponernos a cualquier iniciativa, sea gubernamental, privada o de donde venga, que pueda dañarlos, pervertir su mente inocente.

Esos niños que hoy son moneda de cambio de ideologías y leyes de educación son nuestros hijos. Son los futuros adultos que gobernarán el mundo. Ver a padres aceptar sin ningún atisbo de queja o, incluso, favorecer que se enturbie su inocencia hiela la sangre.

Somos la única barrera que se interpone entre ellos y los intereses de los que los ven como un instrumento más. La única barrera. No estaría mal que nos convenciéramos de una vez de ello.

¿No te llama la atención que este mundo dé la sensación de ser cada vez más triste al mismo tiempo que se ven los niños como cargas en lugar de como bendiciones? Muchos prefieren tener un gato o un perro en vez de un hijo. Otros piensan en tener un hijo como si fuera una propiedad, un derecho más a ejercer, cueste lo que cueste.

Es de locos.

Pero no está todo perdido. No quiero dejarte la sensación de que todo va mal y no se puede hacer nada. De hecho, es justo lo contrario. Sí, las cosas no van bien. Pero podemos cambiarlo. Tú puedes cambiarlo.

Chesterton dijo que los cuentos de hadas no enseñan a los niños que existen los dragones, sino que esos dragones se pueden vencer. Muy bien, pues enseñemos nosotros también a nuestros hijos a no fiarse de los dragones, a enfrentarse a ellos, a luchar y a vencer.

Va a ser duro. Pero merece la pena, ¿no crees?

El futuro está en juego y se construye ahora.

Jorge Sáez Criado
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Jorge Sáez Criado tiene una doble vida: unos días escribe sobre espiritualidad y otros hace sufrir a personajes imaginarios que se enfrentan a épicas batallas entre el bien y el mal. Informático durante el día y escritor durante la noche, este padre de familia numerosa escribe historias con una marcada visión positiva de la vida sin dejar de lado una de las principales funciones de la ficción: explorar la verdad.

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