Los sacerdotes como personajes de novela

Sacerdotes

Uno de los comentarios que me han hecho sobre mi novela Llorando sangre era de una persona a la que le alegraba que los sacerdotes que aparecen en ella están mostrados con respeto, haciendo cosas normales en un sacerdote, como confesar o celebrar Misa.

Es llamativo que esto sorprenda. La sociedad se ha acostumbrado demasiado a la propaganda anticatólica y a los prejuicios generados por ella, hasta el punto de que un sacerdote en una novela tiene que aparecer como alguien necesariamente malo. O tonto. O las dos cosas a la vez. O una figura cómica, o una figura detestable.

Seguro que vendería muchos más ejemplares si siguiera los dictados de la sociedad. Estoy convencido de que vende más un sacerdote pederasta que un sacerdote normal. Y estoy convencido de que los medios aprovechan eso.

El problema es que no es verdad. Como en cualquier grupo humano, hay algunos detestables. Por supuesto. Y también los hay que son santos en vida, aunque esos no aparezcan en las noticias. Y entre los dos extremos hay muchos grados. Curiosamente, en mi vida, en la que he conocido a unos cuantos sacerdotes, todos están o estaban más cerca del extremo de santos que del de detestables.

Si tanto se habla de que los personajes no deben ser planos ni estereotipados, lo suyo sería que tampoco los sacerdotes fueran así, ¿verdad? A no ser, claro está, que se escriba desde ciertas ideologías que buscan más encontrar adeptos que otra cosa.

Jorge Sáez Criado
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Jorge Sáez Criado tiene una doble vida: unos días escribe sobre espiritualidad y otros hace sufrir a personajes imaginarios que se enfrentan a épicas batallas entre el bien y el mal. Informático durante el día y escritor durante la noche, este padre de familia numerosa escribe historias con una marcada visión positiva de la vida sin dejar de lado una de las principales funciones de la ficción: explorar la verdad.