¿Por qué el mal?

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¿Por qué existe el mal?El problema del mal es un misterio y no tiene sentido intentar dar explicaciones vanas que, muchas veces, son más humillantes que beneficiosas para el que sufre. Es lo que ocurre con los tres amigos que van a visitar a Job, conocedores de la teología tradicional y, por tanto, convencidos de que algo ha tenido que hacer mal Job para que le ocurran tantas desgracias.

Se sucederán los discursos de estos tres hombres y Job, ellos insistiendo en la culpa de Job y la inocencia de Dios. Job, a su vez, defenderá su propia inocencia porque él sabe que es cierto, que no ha cometido pecado alguno, y se exaspera, ya que no le ve el sentido, no entiende por qué, si él siempre ha sido justo y bueno, lo ha perdido todo y se ha convertido en la burla de aquellos que antes lo respetaban.

Job quiere dialogar con Dios de forma imparcial. Quiere exponer ante Él su caso, llevarlo a juicio, porque está convencido de que el Señor ha cometido un error. Pero también se da cuenta, en su desesperación, de que él no puede nada ante Dios y de que este no tiene por qué escucharlo. «Te pido auxilio y no respondes» (Job 30, 20), clama Job. Y, en esas mismas palabras, podemos ver reflejados a tantos inocentes que sufren.

A pesar de todo, los tres amigos acaban quedándose sin palabras ante el alegato de Job. Si este sigue convencido de que no ha hecho nada malo y ellos mismos saben que su amigo es inocente, han llegado a un punto en el que no pueden dar ninguna respuesta. Todo lo que habían dicho hasta el momento parece fallar y prefieren dejarlo así, que sea el propio Dios el que se defienda de las acusaciones de Job.

Por sorprendente que parezca, esa es una respuesta más sincera al dolor de Job que todo lo anterior. Es preferible acompañar al que sufre que intentar darle explicaciones que no llevan a nada más que a más sufrimiento. Más aún cuando esos razonamientos no son ciertos.

Ante el silencio de los tres amigos, aparece un nuevo personaje que viene a retomar la discusión, creyéndose más sabio que los otros tres, aunque no va a hacer más que volver a exponer la misma teología de la retribución y avanzar algunos de los puntos de los discursos de Dios.

El mal entró en el mundo por el pecado. Lo cual no quiere decir, ojo, que cuando a alguien le pasa algo malo es porque haya pecado. Son dos cosas distintas.

Sin embargo, también sabemos que Dios puede sacar del mal un bien mayor. Y podemos darnos cuenta de que el hecho de que el mal exista en el mundo permite que el bien crezca. Permite que nos superemos, que avancemos, que crezcamos.

Sin el mal, nos quedaríamos estáticos. No podríamos mejorar. No veríamos cómo el bien es superior al mal. Serían imposibles virtudes como la bondad, la valentía o la fortaleza.

Lo importante es acompañar al sufriente, tal como hace Jesús con nosotros, que no nos dio una lección magistral sobre el sentido del mal, sino que pasó por los mismos sufrimientos que cualquier humano, llegando a una muerte humillante con la que nos salvó, mostrándonos que le podemos dar un sentido al sufrimiento.

Y que, tras la muerte, viene la resurrección.

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Jorge Sáez Criado escritor ciencia ficción y fantasía
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Jorge Sáez Criado tiene una doble vida: unos días escribe sobre espiritualidad y otros hace sufrir a personajes imaginarios que se enfrentan a épicas batallas entre el bien y el mal. Informático durante el día y escritor durante la noche, este padre de familia numerosa escribe historias con una marcada visión positiva de la vida sin dejar de lado una de las principales funciones de la ficción: explorar la verdad.