Priorizando

Decía otro día que, si algo me ha enseñado el matrimonio, es a priorizar. Esto no es, en absoluto, algo baladí. Si no somos capaces de priorizar adecuadamente no seremos más que marionetas de nuestros impulsos del momento. Todos tenemos cosas que nos gustan más que otras, pasatiempos que nos parecen apasionantes… Pero puede que a quien tenemos al lado para toda la vida no le resulten tan interesantes. Está muy bien tener aficiones comunes, es algo que une mucho, pero no siempre se da el caso. Tenemos que ser capaces de ponernos por encima de nuestros gustos, es decir, por encima de nuestros egoísmos, y ver qué es lo que debemos hacer. ¿Me voy después de trabajar con los amigos a tomar algo, o me voy a ver a mi mujer, que me está esperando? ¿Me pongo en plan zombi a ver la televisión después de comer o recojo la mesa y friego los platos?

Y no sólo en las aficiones. ¿Cuántos serían capaces de parar a tiempo al ver que su trabajo les está devorando el tiempo que deberían dedicarse a hacer crecer el matrimonio? Ganar dinero, ¿a qué precio?

Esto no es sólo válido para los matrimonios. Por ejemplo, un sacerdote que también se dedique a escribir, ¿en vez de celebrar Misa se va a poner a escribir un capítulo de su nuevo libro? ¿O va a dejar de cuidar las actividades de su parroquia para ir a visitar a los monjes de algún monasterio, con los que está muy a gusto? No debería.

Como decía el director espiritual de mi colegio, “lo primero, el deber“. Esto se puede unir a lo que decía otro sacerdote: “antes que la profesión va la vocación“. Si me he casado, tengo que cuidar el matrimonio. Si tengo a cargo una parroquia, lo primero es la parroquia. Todo lo que me aparte de lo que es mi deber, hay que dejarlo al margen.

Si procuramos siempre cuidar nuestra vocación y cumplir con nuestro deber, veo difícil que nos equivoquemos a la hora de actuar.

Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Jorge Sáez Criado tiene una doble vida: unos días escribe sobre espiritualidad y otros hace sufrir a personajes imaginarios que se enfrentan a épicas batallas entre el bien y el mal. Informático durante el día y escritor durante la noche, este padre de familia numerosa escribe historias con una marcada visión positiva de la vida sin dejar de lado una de las principales funciones de la ficción: explorar la verdad.