Cuando comienza el año es de lo más habitual hacer revisión del año pasado y propósitos para el año recién estrenado.
Y la realidad es que, al final, lo normal es quedarnos exactamente igual.
Es lógico.
¿De verdad esperamos que cambien las cosas por algo que, como mucho, es una triste lista de tareas? O ni eso. Este año me gustaría cambiar de trabajo. Este año me gustaría hacer más ejercicio. Este año…
Da igual. ¿De qué sirve eso? Lo olvidamos en un par de días, si llega a tanto.
¿Por qué?
Porque nos quedamos en cosas externas que no interiorizamos. Porque ni siquiera nos planteamos objetivos concretos en plazos concretos.
Porque esperamos llegar a conseguir algo sin cambiar nada.
¿Quieres que este año sea diferente? En lugar de esos propósitos, define algo que de verdad sea un cambio positivo. Por ejemplo, nada de perder peso, sino estar en forma. Una de esas opciones es fácilmente olvidable. La otra, no.
Y, tras definir esa meta (déjate de propósitos, formula metas), ponte objetivos más cercanos, encuentra los patrones que tengas que cambiar para lograrlos, ponte fechas límite. Y, sobre todo, mételo en tu identidad.
Siguiendo con el mismo ejemplo, no te identifiques con alguien con sobrepeso, sino con alguien que está mejorando su estado físico. En el momento en el que cambias el chip de esta manera, estás mucho más cerca de lograr tu meta.
No permitas que este año sea como los demás.
Feliz Año Nuevo.








Deja una respuesta