Cuando empiezas a aprender coaching, uno de los primeros puntos en los que se incide es en lo que es el coaching.
Lógico, ¿verdad? Es importante saber bien qué es lo que vas a hacer, lo que eres y lo que no.
Sin embargo, tengo que confesarte que me he dado cuenta de que eso da un poco lo mismo. Al final, si le dices a alguien: «soy coach» se te queda mirando un poco raro. Incluso a la defensiva, seguramente por una mezcla de un concepto relacionado con alguien pegando gritos de «tú puedes» a otro y de mezclas infames de coaching con otras… cosas, por decirlo así.
Y lo cierto es que la realidad es mucho más sencilla y, a la vez, más enriquecedora. Al menos, desde mi particular punto de vista, así que ahora te hablaré de lo que yo considero que soy como coach.
La traducción literal de coach es entrenador. ¿Y qué es eso de ser un entrenador?
Da la casualidad de que yo he tenido la suerte de que mi maestro de kung-fu me confió varias veces dar la clase cuando él no estaba. Además, a mis hijos también les he enseñado kung-fu hasta que otras actividades les fueron llamando la atención, con lo que he tenido una experiencia muy particular de lo que es ser entrenador.
El entrenador, tal como lo veo yo, es alguien que se preocupa por ti. Que busca la manera de que te superes, de que llegues al máximo de lo que puedas dar e, incluso, lo rebases. Es un amigo que no te va a imponer su manera de ver las cosas, sino que te va a dar la mano para ayudarte a recorrer tu camino.
Es alguien que no se va a dejar engañar por lo que digas de ti mismo, sino que te va a desafiar a superarte. Tiene conocimientos, pero sobre todo tiene experiencia en aquello en lo que entrena, y está deseando usarlos para tu beneficio, para que tu camino sea más recto.
No se ve por encima de ti, sino como un compañero de viaje que ya ha pasado antes por tu ruta y quiere hacértela más sencilla.
Así es como veo yo ser entrenador. Así es como veo yo ser coach.








