Razón y corazón

«El corazón tiene razones que la razón no entiende», dijo Blaise Pascal. Sin embargo, tenemos que tener siempre presente que el ser humano es un ser racional.

Este artículo ha sido publicado en el número 56 de la revista Punto de Encuentro, de la Obra Social de Acogida y Desarrollo. El hilo conductor de este número es la afectividad.

Razón y corazón

Razón y corazónEl mundo afectivo es muy importante en el ser humano. «El corazón tiene razones que la razón no entiende», diría Blaise Pascal. Y no podemos decir que Pascal fuera alguien que no quisiera utilizar la razón.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que el ser humano es, ante todo, un animal racional. Nuestra naturaleza es racional. Por desgracia, hoy en día muchos de nuestros contemporáneos parecen olvidar esto y conceden un valor absoluto a sus sentimientos o viven la vida como si no fuera más que una oportunidad de coleccionar emociones. El amplio mundo del afecto se convierte así en una excusa para hacer lo que cada uno quiera, sin pararse a pensar en lo más conveniente o, siquiera, en lo más correcto. «Si lo siento así, es así», parece ser el leitmotiv de nuestra era.

¿Por qué esa alergia a la razón? Hilando aún más fino, ¿por qué ese maniqueísmo que concede importancia únicamente a aquel aspecto del ser humano que nos resulta más cómodo en lugar de la que suele ser la opción católica, integradora? Incluso en algunas personas de Iglesia, de las que uno espera una postura equilibrada, encontramos una exacerbación de lo sensible que lleva a preguntarse si realmente creen que somos imagen de Dios, razón purísima.

A los afectos hay que educarlos. Y esto solo se consigue mediante la razón, permitiendo que el control lo tome la capacidad que nos define y que está ligada a la verdad, que es permanente. De lo contrario, bailaremos al son del sentir de cada momento. Peor aún, pervertiremos la razón para justificar lo que hagamos.

Un ejemplo lo podemos ver en algo tan positivo a priori como la compasión. En nombre de la compasión se asesinan hijos en el vientre materno. En su nombre también se fomenta la eutanasia para la eliminación de ancianos y enfermos. La compasión como instrumento de la muerte y el egoísmo.

Eso no se soluciona quedándose tan solo con la fría razón. Somos almas encarnadas, ambas realidades se encuentran de forma simultánea en nuestro ser. La razón tiene su papel, al igual que los sentimientos y la afectividad. Eso sí, cada uno en su lugar. El de la razón es regir, iluminada por la fe, nuestros actos. Educar y examinar nuestros sentimientos.

No podemos caer en la reducción de pensar que guiarse por la razón es lo mismo que caer en el racionalismo, de la misma manera que tener sentimientos y darles la importancia debida no es sentimentalismo.

Tenemos que perder el miedo a guiarnos por la razón, a poner nuestras capacidades en el orden correcto para utilizarlas en su pleno potencial, instalados en la Verdad y comprometidos con ella con todo nuestro ser y con toda nuestra humanidad.

Valora este artículo:
[Total:0    Promedio:0/5]

Entradas relacionadas

Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Soy un padre de familia numerosa enamorado de la palabra (y de mi mujer), y estoy convencido de que escribir puede ayudar a cambiar el mundo. Doy forma a mundos que solo existen en mi mente y también escribo no ficción espiritual. Mi objetivo: transformar tu vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *