San Tarsicio

San TarsicioSan Tarsicio es uno de los que duermen en las catacumbas de San Calixto. Se le llama mártir de la Eucaristía, y no es en vano. Murió apedreado por otros niños mientras llevaba la Eucaristía a otros cristianos que habían sido hechos prisioneros en tiempos del emperador Valeriano. Estos niños se fijaron en que Tarsicio llevaba algo importante y quisieron quitárselo. Él defendió al Señor Sacramentado hasta el último momento sin dudarlo.

Una vez más, un niño es quien nos da ejemplo de coherencia, de lealtad y de amor a Cristo. Jesús nos dejó el enorme regalo de la Eucaristía. Nos dio a sí mismo, y en cada consagración vuelve a hacerse presente como en la Última Cena. Pero qué poco conscientes somos de ello.

Este ejemplo debe interpelarnos. Debe servirnos para que nos preguntemos, tanto laicos como sacerdotes: ¿me tomo en serio la Eucaristía? ¿Me doy realmente cuenta de que en ese pedacito de pan está Cristo? ¿Sería capaz de proteger ese pedacito de pan, tal como hizo San Tarsicio?

Y, por extensión, ¿me tomo la Santa Misa en serio? Como sacerdote, ¿convierto la Misa en un espectáculo o respeto la liturgia? ¿Introduzco a los fieles en el misterio o lo excluyo para ofrecerles sentimentalismos baratos, mucho más digeribles hoy en día?

San Tarsicio no murió por un sentimentalismo. Murió por un misterio que da sentido a toda la existencia. Murió por Cristo. Murió por su fe.

Pidamos al Señor, por intercesión de San Tarsicio, que aprendamos a encontrarnos con Él en la Eucaristía y seamos conscientes del milagro que ocurre en la Misa.

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Jorge Sáez Criado
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Soy un padre de familia numerosa enamorado de la palabra (y de mi mujer), y estoy convencido de que escribir puede ayudar a cambiar el mundo. Doy forma a mundos que solo existen en mi mente y también escribo no ficción espiritual. Mi objetivo: transformar tu vida.