Silos

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He pasado desde el día 27 al 31 en la hospedería del monasterio de Santo Domingo de Silos y creo que puedo resumir mi experiencia con un pasaje del libro primero de los Reyes, capítulo 19, versículos 11-13:

“Le dijo: “Sal y permanece de pie en el monte ante Yahvé.” Entonces Yahvé pasó y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante Yahvé; pero en el huracán no estaba Yahvé. Después del huracán, un terremoto; pero en el terremoto no estaba Yahvé. Después del terremoto, fuego, pero en el fuego no estaba Yahvé. Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, enfundó su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva…”

Ciertamente, muchas veces Dios se encuentra en los susurros, en la brisa, mientras tanta gente se empeña en que haga algo espectacular, que provoque una enorme tormenta o algo similar. Esa es una fe inmadura, incluso en el caso de los ateos que también insisten en que Dios haga algo para que ellos puedan creer. Dios habla, y habla al corazón. Habla con susurros bien inteligibles si se le escucha. El problema es que normalmente no queremos escuchar, no sea que nos diga algo que no queremos oír.

Allí, en el silencio, cuando subía al monte o caminaba por alguno de los caminos circundantes realmente me dí cuenta de la verdad encerrada en ese pasaje del libro de los Reyes. No había ningún ruido a mi alrededor. Ni truenos, ni terremotos, ni fuego. Sólo había una brisa. Y yo sabía que ahí estaba Dios.

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Jorge Sáez Criado
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Soy un padre de familia numerosa enamorado de la palabra (y de mi mujer), y estoy convencido de que escribir puede ayudar a cambiar el mundo. Doy forma a mundos que solo existen en mi mente y también escribo no ficción espiritual. Mi objetivo: transformar tu vida.