Un pesebre ruinoso
Estamos cerca, muy cerca ya, de la Navidad. Si no lo has puesto todavía, va siendo hora de que prepares el belén. Y, cuando lo hagas, te propongo que te fijes en una cosa: dónde va a estar el Niño Jesús.
Un pesebre.
El Rey del Universo, tan pequeño que se deja recostar en un pesebre lleno de paja. San José le puso paja limpia, todo lo limpia que se pueda encontrar en un establo. Me lo imagino con un inmenso cariño, limpiando el pesebre, quitando lo que tuviera, la paja vieja, y poniendo paja limpia. Dentro de su humildad, de lo poco que habían conseguido para pasar la noche, lo mejor fue para el Niño Jesús.
Y ahora, en la Navidad, la historia se repite. Los cristianos no vivimos de recuerdos. Jesús vuelve a nacer en un nuevo pesebre. El pesebre al que ese Niño capaz de crear universos con solo desearlo quiere ir: tu corazón. Tu ser.
José le preparó el pesebre, se lo limpió, se lo dejó lo más confortable que … Sigue leyendo







Yo soy ese leproso. Y tú también. Cada vez que nos acercamos a Cristo en el confesionario, le mostramos nuestra pequeñez, nuestra inmundicia, y le pedimos que nos limpie. Porque no podemos hacerlo por nosotros mismos. Nuestras fuerzas no bastan para vencer al pecado. Cada una de nuestras recaídas lo demuestra. Empezamos con ganas, por supuesto. Sin embargo, los cansancios de cada día, las dificultades, las preocupaciones, hacen un caldo de cultivo idóneo para que acabemos cediendo.
San Tarsicio es uno de los que duermen en las catacumbas de San Calixto. Se le llama mártir de la Eucaristía, y no es en vano. Murió apedreado por otros niños mientras llevaba la Eucaristía a otros cristianos que habían sido hechos prisioneros en tiempos del emperador Valeriano. Estos niños se fijaron en que Tarsicio llevaba algo importante y quisieron quitárselo. Él defendió al Señor Sacramentado hasta el último momento sin dudarlo.
En la
No sé a vosotros, pero a mí me da la sensación demasiadas veces de que para muchos, la Misa, en lugar de ser una entrada en el profundo misterio de la Redención, un encuentro con Dios, con el Señor, ha pasado a ser un teatrillo y poco más. El público se sitúa en sus bancos, charla hasta que la Misa comienza (a veces, también mientras se desarrolla) y, en cuanto el sacerdote acaba la función, el público sale disparado continuando la conversación sin demasiados miramientos por mantener un mínimo de respeto a quien se supone que sabemos que está ahí.
Como muchos ya sabéis, uno de mis intereses es la fotografía. Eso me ha llevado a comprar libros sobre diversos aspectos de ese arte y a seguir a varios fotógrafos que me resultan interesantes.
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Esta es una época en la que es probable que cojas algunos días de vacaciones. Al fin, un poco de descanso de la rutina laboral. Quizá incluso un pequeño viaje familiar.
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