Hace nada volví de unas merecidas vacaciones con mi mujer y mis hijos. Días de playa y, sobre todo, de descanso.

Es curioso, hace años no me gustaba la playa. Comenzamos a ir por mi primer hijo, para que la viera, y fue un amor a primera vista.
Literalmente.
Recuerdo conducir hacia el hotel y encontrarme, de repente, con esa enorme masa de agua delante. Y sentirme al instante más relajado, como si el tiempo hubiera dejado de tener relevancia.
Si conoces mi libro Antes de que nazcas, te quiero contar…, ya sabes que el mar tiene algo que lo hace muy especial para mí. Es como una imagen de lo divino, de lo permanente, de lo accesible a la vez que misterioso.

Me encanta verlo romper en los acantilados, pero la playa me dio esa cercanía que no podía tener de otra manera.
Ante algo tan inmenso y que tanto invita a la contemplación, la mente se relaja y te permite ver tus problemas desde otra perspectiva.
Encontrarte contigo mismo.
Descubrir opciones que no sabías siquiera que tenías.
Y, por supuesto, disfrutar con la familia. Incluso con alguna actividad más o menos literaria, como invocar a Cthulhu. 😂😂😂

¿Y tú? ¿Estás teniendo un buen verano?
Cuéntame, me encantará leerte.







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