Compra-venta de niños

Vientre de alquilerLlevamos varios días viviendo una cierta saturación de noticias y comentarios sobre algo que han venido a llamar “gestación subrogada”. La idea, no nos engañemos, es precisamente conseguir que se hable de ello. Que se hable de forma favorable. Y, por supuesto, que quienes no estamos de acuerdo parezcamos unos monstruos sin corazón, bla, bla, bla.

Para quien no sepa de qué va el tema, se supone que esta “gestación subrogada” sería una forma de conseguir que una pareja que quiera tener un hijo biológico (y, por tanto, no quieren adoptar), pero por el motivo que sea no lo puedan (o quieran) tener ellos, lo tenga a base de implantar un óvulo fecundado en otra mujer. Por supuesto, con un contrato de por medio y una compensación económica, faltaría más. Y ampliable, si es que no va a ser lo normal, a la utilización de esperma y óvulos de donantes anónimos, lo que pervierte aún más si cabe esta historia.

Hablando claro: “gestación subrogada” no es más que un eufemismo para decir “compra-venta de niños”. Así de simple. Se trata de algo que convertiría a una mujer, por lo general con pocos recursos, en poco más que una incubadora. Convertiría a un niño en un objeto, en algo que se puede comprar y vender. Tanto la madre como el hijo se degradan de personas a objetos de consumo en aras de un supuesto derecho a la paternidad que no existe. Repito: no existe el derecho a tener hijos. No porque alguien tenga el capricho de tener un hijo hay que complacerle como sea. Un hijo es un don.

Y, dado que es una operación de compra-venta, el comprador tiene derechos sobre el producto que adquiere. ¿Qué ocurre si el niño no viene con la perfección deseada? El comprador tendrá derecho a hacer abortar a la madre. De la misma forma, si vienen gemelos y sólo se había encargado uno, podrán obligar a deshacerse de uno de ellos. Por contrato, se le podrá obligar a la madre a tener el tipo de vida que el comprador desee que tenga mientras esté embarazada, ya que se supone que hay que proporcionar el producto conforme a las exigencias de quien paga. El parto será siempre por cesárea, ya que es necesario evitar al máximo el vínculo que el parto natural aporta entre madre e hijo.

Pero claro, el debate no va a ser nunca sobre las ideas. Va a ser sentimentalismo puro y duro. Va a reducirse a un sensiblero e imaginario derecho a realizarse teniendo hijos. Y, al final, se aprobará. Porque ya lo de pensar las cosas no gusta. Y no va a importar ni la ética, ni la cosificación de madre e hijo, ni el trauma para el niño al separarse de su madre, ni el trauma de la madre al separarse de su hijo. Sólo importará el capricho, el sentimentalismo y el tener dinero para poder comprar un hijo.

Y seguiremos votando a quienes lo permiten. Como tontos.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.