La crispación como arma política
La política tal como funciona últimamente.
Este artículo ha sido publicado en el número 64 de la revista Punto de Encuentro, de la Obra Social de Acogida y Desarrollo. El hilo conductor de este número ha sido el de la crispación.
La crispación como arma política

Un fenómeno que parece acentuarse con el tiempo es el de la utilización de la crispación de la sociedad como arma política en busca de ganar elecciones.
Los partidos políticos, en su búsqueda del poder, no dudan en acentuar los extremos, en mostrarse como «los buenos», mientras los demás son «los malos». Algo que, dicho sea de paso, de forma individual también tenemos tendencia a hacer. Todos nos hemos encontrado a alguien que no para de contar a los demás lo bien que cumple con su trabajo, por poner un ejemplo, mientras los demás son unos patanes que no son capaces de hacer nada a derechas. Quizá, incluso hemos sido los protagonistas de esas historias.
En el caso político, sin embargo, esta situación es particularmente grave. Y es así tanto por los políticos que recurren a esta estrategia para manipular a sus bases, haciéndolos pensar que están en el lado correcto y … Sigue leyendo







Esta entrada viene a ser de queja pura y dura. Llamémosla «entrada protesta». Me vais a permitir que despotrique un poco porque, de verdad, es tremendo. Y, como escritor, duele. Es que, cada vez, parece que hay menos interés en saber hablar bien en el propio idioma, y es muy, muy triste. Al oír cosas como que algo, más que ayudar, «desayuda» o las típicas horribles traducciones literales (o directamente adaptaciones) de palabras inglesas, te dan ganas de abrazar con cariño un diccionario para consolarlo. No pocas veces se trata de vagancia para pensar unida a desconocimiento de vocabulario suficiente, quizá por falta de lectura.
Hace un tiempo pudimos ver cómo cierto político de cierto partido del que se dice que es el mal menor afirmaba que tener principios inquebrantables te convierte en una opción inútil.
Llevamos varios días viviendo una cierta saturación de noticias y comentarios sobre algo que han venido a llamar «gestación subrogada». La idea, no nos engañemos, es precisamente conseguir que se hable de ello. Que se hable de forma favorable. Y, por supuesto, que quienes no estamos de acuerdo parezcamos unos monstruos sin corazón, bla, bla, bla.
Es un hecho que estamos sumergidos en un mundo buenista en el que todo tiene que ser uniforme para no sobresalir. En cuanto algo o alguien contradice el discurso aceptado por las masas, el políticamente correcto, el que no tiene ni un ápice de interés ni de sustancia, empiezan las susceptibilidades, las acusaciones, las miradas torvas.