Forma ordinaria o forma extraordinaria del rito romano

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Parece mentira que sobre este tema haya auténticas batallas entre los extremistas de uno y otro lado. Es de lamentar el desprecio que se da de unos para otros. La postura católica no está en esos extremismos.

Ambas formas son válidas. Ambas son misas del mismo rito. Para quien no lo sepa, la forma extraordinaria es la famosa misa tridentina, también conocida como misa tradicional o misa en latín. Y la forma ordinaria es la que se puede ver todos los días, en idioma vernáculo (o no, porque también puede decirse en latín).

Despreciar la misa tridentina y el latín es despreciar a parte de la Iglesia. Despreciar la forma ordinaria es, igualmente, despreciar a parte de la Iglesia.

No se puede pretender, como hacen algunos, que sólo la forma extraordinaria es la manera válida de celebrar la Eucaristía. Es el caso de los lefebvristas y filolefebvristas, que culpan al Concilio Vaticano II de todos los males y a la forma ordinaria de ser una protestantización de la Eucaristía. Pero tampoco se puede caer en el extremo contrario, pretender convertir la Misa en una especie de espectáculo sentimentaloide al estilo de las celebraciones protestantes con la idea de que es la única manera de acercar la Iglesia a los fieles. El propio Papa, en su viaje a Benin, dio su opinión sobre este último punto. Puede leerse en este enlace. Entresaco un par de párrafos:

Para el Papa, esas comunidades [evangélicas o pentecostales] son un fenómeno mundial, con algunos elementos característicos: “Poca institucionalidad, poca instrucción, un mensaje fácil, simple, comprensible, aparentemente concreto, y una liturgia participativa con expresión de los propios sentimientos, de la propia cultura y también combinaciones sincretistas entre religiones”.

No debemos imitar a estas comunidades“, afirmó el Papa sin ambages, “sino preguntarnos qué podemos hacer para dar nueva vitalidad a la Iglesia católica.”

Ambos extremos están igualmente equivocados. Ambas son formas válidas y perfectamente católicas, siempre que se lleven a cabo de forma correcta. Y eso no lo marcan los sentimientos ni las ideas felices de cada uno, sino la Liturgia, que sabe marcar un camino alejado tanto de rigorismo como de sentimentalismo.

A mí, la Misa en forma ordinaria bien hecha, me parece perfecta. Pero comprendo y simpatizo con quienes, sin caer en esos extremismos, ven la forma extraordinaria como más adecuada para entrar en el misterio de la Eucaristía. Me gustaría que hubiera alguna de estas misas en Burgos, para poder acudir de vez en cuando. Son parte de la riqueza de la Iglesia.

Es muy triste ver cómo hay quien desprecia la lengua oficial de la Iglesia, despreciando así siglos de historia, como si fuera algo anticuado y ya no válido. Muchas veces ponen la excusa de que antes no se entendía la Misa. No sé, pero me parece un argumento traído por los pelos. A quien así piense le reto a que vaya un domingo y, tras la Misa, vaya preguntando a todo el que sale qué es lo que ha ocurrido ahí dentro, de qué trataban las lecturas, o de qué ha hablado el sacerdote en la homilía. A lo mejor descubre que el problema no es si es en latín o en español, sino que a una enorme parte de la gente le da igual porque no saben a lo que van. Es más, me atrevo a afirmar que, quien realmente sabe qué es la Misa, no se va a amedrentar porque sea en latín. Al contrario, se esforzará en participar y en comprender cada una de las partes de la Misa.

¿Forma extraordinaria o forma ordinaria? Pues las dos.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
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