Atraeré a todos hacia mí

Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será derribado. Y yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí.” (Jn 12, 31-32).

Para nuestra salvación, el Señor nos atrae hacia Él. Hacia su Cruz. Hacia el Amor sin límites, sin medida.

Por la Cruz, el enemigo fue derrotado. Y, por la Cruz, sanamos de nuestro pecado. Somos redimidos.

Y dijo Yahvé a Moisés: “Hazte una serpiente abrasadora y ponla sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido y la mire, vivirá. Hizo Moisés una serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y si una serpiente mordía a un hombre y éste miraba la serpiente de bronce, quedaba con vida.” (Nm 21, 8-9).

Como en la época de Moisés, a nosotros también nos ha mordido una serpiente. La Serpiente antigua, el diablo.

Y como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga en él la vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.” (Jn 3, 14-16).

 El que mire a la Cruz y crea en el Hijo del hombre, tendrá vida eterna. La vida eterna que nos robó el diablo con el pecado de nuestros primeros padres, Jesús nos la devuelve pagando el precio que no podríamos pagar nosotros. Mostrándonos hasta dónde tiene que llegar el Amor. Sigue dándose a sí mismo, como el Jueves Santo se nos dio en la Eucaristía. Ahora, se nos da en la Cruz.

Miremos a la Cruz. Esa Cruz en la que el Amor espera con los brazos abiertos. Y abrámonos a la fe.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.