Inmersos en la Semana Santa
Ya estamos inmersos en la Semana Santa. Una semana en la que se agolpan los principales hitos de la vida de Jesucristo y, por tanto, el tiempo más fuerte del año desde el punto de vista espiritual.
Es importante tener en cuenta que este no debe verse como un tiempo de vacaciones, sino de encuentro especial con el Señor. De revivir y actualizar estos acontecimientos que configuran nuestra fe.
Hace unos días, observábamos, vivíamos, cómo Jesús entraba en Jerusalén. La gente alfombraba con ramos su camino. Gente como tú y como yo. Y gente, como tú y como yo, que dentro de unos días dirán: «¡Crucifícale!».
En su entrada iba acompañado por sus discípulos. Incluido Tomás, quien dijo en su momento «vayamos también nosotros a morir con él». Y Pedro, que afirmaba que jamás le negaría. ¡Qué fácil es estar junto a Él cuando todo va bien! De ellos, ¿cuántos se mantuvieron al pie de la Cruz? Tan sólo Juan, el discípulo amado. El más joven de todos ellos. ¿Dónde fueron los demás? ¿Dónde estamos nosotros cuando le insultan, le golpean o se burlan de Él? ¿Le acompañaríamos hasta la Cruz o nos quedaríamos por … Sigue leyendo










Todo confluye en esta noche de misterio, gozo y dolor. Una noche que comienza con una reunión deseada desde hacía tiempo por Jesús (cf. Lc 22, 15) en la que amó a los suyos hasta el extremo (cf. Jn 13, 1). Hoy en día, ese es un mensaje duro. Jesús es un extremista, y a los católicos de hoy no nos gusta que nos llamen algo como eso. Ni extremistas, ni intolerantes, ni nada que pueda parecer que se sale de lo normalito, de lo flojo, de lo blandengue.
El Miércoles de Ceniza entramos en el período de Cuaresma. Este es un
En unos días, con el miércoles de ceniza, comenzará uno de los «tiempos fuertes» dentro del año litúrgico. La Cuaresma es la preparación para el gran acontecimiento de la Pascua, la Resurrección del Señor. Pero no se nos tiene que olvidar que sin Viernes Santo no hay Pascua. No podemos caer en el extremismo de considerar solo importante el Viernes Santo (cosa demasiado habitual) o la Pascua de Resurrección. Cristo resucitó, pero mantuvo las marcas de la Crucifixión.

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