Me avergüenzo, mi Señor,
pues otra vez te he fallado.
Y me abate saber que
ya vuelvo a estar en pecado.
Por mucho que me confiese
y a tu Amor haya llorado,
mi amor es débil, Dios mío,
necesito ser sanado.
Siempre los mismos tropiezos,
y me aparto de tu lado.
Yo quiero, pero no puedo,
me veo desesperado.
No sé el motivo por que
sigo siendo por Ti amado.
Dame, Señor, tú las fuerzas
para ser resucitado
y levantar del estiércol
en el que me he revolcado.
Sin Ti alzarme no podré,
alguna vez lo he intentado.
Mi corazón no descansa
hasta estar arrodillado
ante Ti y tu sacerdote,
de los demás apartado,
dentro del confesonario
con mi cruz y bien cerrado.
Tan sólo esa medicina
para el ser atribulado.
Tú eres, mi Señor, la paz
para aquel que está agotado.
Levántame cuando caiga,
que no me quede aplastado.
Dame fuerzas en la lucha
hasta verte al Otro Lado.