Fe y compromiso

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Fe y compromisoCuando se inició la Adoración Perpetua en mi parroquia, me pareció un proyecto muy bueno. Ya he hablado con anterioridad de ello y de cómo me apunté como responsable de hora.

Si mal no recuerdo, no me pensé mucho lo de apuntarme a la adoración. Costó decidir el día y la hora, eso sí. Pero lo hice y creo que fue la mejor decisión que pude tomar al respecto. ¿Por qué? Porque me comprometía. Daba mi palabra de que todas las semanas, siempre que no surgiera algo que me lo impidiera (ha ocurrido algunas pocas veces), acudiría a estar esa hora ante el Santísimo. Creaba un vínculo con el que me obligaba a mí mismo.

Esto es importante. Si no me hubiera comprometido a ir esa hora, lo más probable es que habría acabado dejando de ir. Podrían más las demás ocupaciones. Siempre hay mucho que hacer y, al fin y al cabo, a la Adoración puedo ir en cualquier momento. Seguro que lo acabaría dejando “para mañana”. Y todos sabemos lo que suele querer decir eso.

Ese compromiso nació de un momento de fe y se mantiene gracias a la fe. No nos engañemos, este compromiso se puede romper. Pero es más difícil romper un compromiso adquirido que, sencillamente, no adquirirlo. Podríamos decir que cada impulso de fe me ayuda a mantener mi compromiso.

Y es que no puede haber fe sin compromiso. Una fe que no exige nada, que no implica cambios, que no implica invadir todo tu ser, es una muy pobre fe. La fe exige comprometerse con ella. Y eso implica obligarse a vivirla. Lo repito de nuevo: no puede haber fe sin compromiso. No sería fe. Por el mismo motivo, la fe no puede quedarse encerrada en las sacristías y en el fuero interno de la persona. El compromiso radical exigido por la fe implica vivirla las veinticuatro horas del día. ¿Cómo, por tanto, podríamos dejarla oculta? ¡Si nuestro deber, nuestra obligación para con ella, es transpirarla! En el mismo momento en el que dejamos de comprometernos con nuestra fe, dejamos de tener fe.

Pero, ¡ojo! Quienes tanto dicen que tenemos que aparcar la fe católica adolecen de la misma situación. No aparcan su fe anticatólica, sino que la disfrazan de “tolerancia”, de “neutralidad”. ¿Neutralidad? ¿Qué tiene de neutral que me exijan divorciarme de mi fe mientras ellos la muestran continuamente?

Toda fe exige compromiso. Y es hora de que los católicos asumamos nuestra parte de compromiso sin miedo y sin complejo de inferioridad.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Soy un padre de familia numerosa enamorado de la palabra (y de mi mujer), y estoy convencido de que escribir puede ayudar a cambiar el mundo. Doy forma a mundos que solo existen en mi mente y también escribo no ficción espiritual. Mi objetivo: transformar tu vida.