Ni la correa de las sandalias

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En la homilía de ayer, el sacerdote incidió en un detalle interesante sobre san Juan: su afirmación de que no era digno ni de desatar la correa de las sandalias de Jesús (Lc 3, 16). Él, el gran profeta, el precursor, no se veía digno ni siquiera de hacer un trabajo de esclavo.

Entonces, ¿qué podemos decir cada uno de nosotros? ¿Somos dignos siquiera de pensar en Él? ¿De mirarle? ¿De amarle?

No somos dignos. No existe ninguna criatura digna de establecer cualquier tipo de relación con el Creador. Da igual que seas el más inteligente, el más guapo, el más simpático. Dios te supera infinitamente. No es posible una comparación.

Pero aquí llega la buena noticia, que celebraremos de forma especial dentro de poco: Dios mismo se rebajó, en su Segunda Persona, al nivel de la criatura, para que la criatura pudiera elevarse nada menos que al rango de hijo de Dios. Y, como nos recuerda el Papa, vino a traernos a Dios. Ni más ni menos. A dejarnos claro que Dios nos ama. A su estilo, con un amor personal y, por supuesto, infinito. Ese es el estilo de Dios.

El Señor, a quien no somos dignos de desatar la correa de las sandalias, en un momento dado, amándonos hasta el extremo, se rebaja aún más y no sólo nos quita las sandalias, sino que lava nuestros pies (Jn 13, 1-14).

Este es el misterio del Amor de Dios. Lo más grande, elevando a su nivel a lo más pequeño para que pueda encontrarse con Él y participar en Su propia vida.

Jorge Sáez Criado
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Jorge Sáez Criado tiene una doble vida: unos días escribe sobre espiritualidad y otros hace sufrir a personajes imaginarios que se enfrentan a épicas batallas entre el bien y el mal. Informático durante el día y escritor durante la noche, este padre de familia numerosa escribe historias con una marcada visión positiva de la vida sin dejar de lado una de las principales funciones de la ficción: explorar la verdad.