Algunos consejos para escritores novatos

Siempre nos gusta, sobre todo cuando somos escritores novatos, noveles, principiantes, juntaletras o como quieras llamarte cuando estás empezando en este mundo de la escritura, que nos den algunos consejos que nos puedan ayudar en nuestro camino.

Me gustaría aportar mi granito de arena con estos diez consejos.

10 consejos para los escritores noveles

Lee mucho (y lee bien)

Escribiendo tu libro

Quizá te suene la frase de Stephen King: “Si no tienes tiempo para leer, no tienes el tiempo ni las herramientas para escribir“. Esto es esencial. No puedes ser un buen escritor si no lees.  Y, aunque te parezca sorprendente, me he encontrado autores noveles que decían que ellos no leían porque no tenían tiempo. Solo escribían. Pues bien, eso es un grave error. Para que una planta florezca, necesita que se la alimente. Agua, abono, luz… Todo eso son las lecturas para un escritor. Alimento para nuestro bagaje como autor.

Pero no solo tienes que leer como un lector, sino también como un escritor, fijándote en cómo el autor ha ido utilizando las palabras, las expresiones, las estructuras gramaticales, para hacerte pensar o sentir algo. Fíjate en su vocabulario, en la forma en la que presenta a los personajes, en cómo maneja la información que te va dando… Estudia cómo tus autores preferidos hacen las cosas. De una lectura atenta y abundante se aprende mucho del arte de narrar historias.

Huye de la voz pasiva

“En Whitechapel, una mujer fue hallada con terribles puñaladas por todo el cuerpo”.

“En Whitechapel, la policía descubrió el cuerpo de una mujer con todo el cuerpo lleno de terribles puñaladas”.

Ambos textos son muy parecidos. Sin embargo, uno de ellos es más bien aséptico. No implica al lector, que se puede mantener a distancia de lo que se le relata. En cambio, el otro es más directo. Implica al lector en la acción, le hace introducirse en ese macabro hallazgo.

La voz pasiva no suele ser una buena idea en una novela por lo que te acabo de contar. Aparta al lector de la acción. Le pega un empujón fuera de la historia. Y, por lo general, lo que queremos no es eso, sino lo contrario: que se le meta en la cabeza, que él mismo se vea allí, en Whitechapel, ante esa mujer mutilada.

Escribe cada día

A escribir se aprende escribiendo. La única manera de mejorar es practicar. Por ello, es conveniente dedicarle cada día un rato. ¿Cuánto? Pues dependerá de muchas cosas. Ya hablé de ello en la entrada con dos consejos para terminar tu libro, pero baste decir que, si un día estás agotado y no eres capaz de ponerte a escribir sin quedarte dormido, ten cabeza y descansa. Forzar el cuerpo y la mente puede no ser una buena idea. Más aún a partir de ciertas edades (yo también fui joven una vez).

Ni se te ocurra esperar a la musa de las narices

Ya hablé de ello en esta otra entrada. La musa, que se acostumbre a venir cuando estás trabajando. Lo que no puede ser es estar esperándola y que no llegue nunca. Si te dedicas a esperar a una supuesta inspiración, es muy probable que nunca acabes tu libro. Avanza. Con musa o sin ella.

Termina el libro

¿Sabes cuál es el principal problema de la mayoría de los que dicen que quieren escribir un libro? Que no lo escriben. Todo se queda en teorías, en lo que harían si tuvieran tiempo, en perderse en detalles sobre el mundo que se han inventado, en esperar a la musa a ver si aparece para escribir de una sentada una saga de fantasía épica de cien mil palabras cada tomo…

Esto es un problema. Si hay algo sobre lo que trabajar, lo puedes mejorar. Puedes revisarlo, corregirlo… Pero, si no llegas a terminar tu libro, no podrás hacer nada con él.

Siempre hay tiempo para mejorar tu obra. Pero, para eso, el primer y fundamental paso es escribirla.

No tengas miedo a borrar

Te entiendo perfectamente. Cuesta mucho borrar eso que tanto te ha costado escribir. Pero un libro debe ser mirado en su conjunto. Imagínate que has escrito LA FRASE. Descriptiva, poética, maravillosa. Te has enamorado de esa frase. Por desgracia, el resto de libro está escrito en un estilo mucho más llano, sencillo. Y resulta que lo que pide el libro es ese tono sencillo.

Tu maravillosa frase debe morir.

Lo siento mucho. La vida es dura, también la del escritor. Esa frase que no pega ni con cola, salvo que tenga que estar ahí por algún motivo real (es decir, no porque la quieres mantener a toda costa), tiene que desaparecer.

Y, quien dice una frase, dice párrafos y hasta capítulos enteros que no aportan nada. Tienes que estar comprometido con la historia que quieres contar para hacerlo de la mejor manera posible. Lo que implica que debes ser sincero contigo mismo y plantearte si un párrafo, una escena, un capítulo aportan algo al lector. Si ves que solo sirven “de relleno”, acaba con ellos.

Corrige, corrige, corrige… pero detente en algún momento

Escribir un libro es corregirlo. Puede que pases más tiempo en esta segunda fase que en la de la escritura en sí, pero tiene que haber un momento en el que digas: “ya está”. Porque, de lo contrario, puedes estar corrigiendo el libro eternamente. Siempre podrás encontrar algo que se puede mejorar, algo que no es perfecto. Eres humano, no vas a alcanzar la perfección.

Yo, en algunos libros en los que corregía una y otra vez, tomé la determinación de dejar de corregirlos cuando empezaba a cambiar cosas que ya había cambiado antes. Eso era síntoma de que estaba dándole demasiadas vueltas y estaba metiéndome en un círculo, con lo que lo mejor era parar. Tú tendrás que evaluar en qué momento dejar de buscar detalles a mejorar y permitir al libro, por fin, ver mundo.

Aprende todo lo que puedas sobre el arte de escribir en general y sobre tu género en particular

Leyendo aprenderás mucho, sin duda, y es algo irreemplazable. Sin embargo, eso no excluye buscar otras formas de aprender sobre la escritura en sí misma y sobre los elementos característicos del género en el que escribes. Puedes buscar este aprendizaje en webs especializadas, cursos (como mi curso de creación de personajes, aprovecho para meter la cuña publicitaria ;)), libros sobre el arte de escribir… La clave es ser consciente de que todavía queda mucho por aprender y por mejorar, y tener ganas de hacerlo.

Cuida tu ortografía y tu gramática

Demasiadas veces se ve a supuestos “escritores” con faltas ortográficas y gramaticales constantes, desde la primera página hasta la última. Son los mismos que te dicen que lo importante es la historia.

Pues no. La historia es importante, por supuesto. Pero, si pretendes ser escritor, se espera de ti que conozcas tu idioma. Que sepas escribir mínimamente. Para eso, ortografía y gramática son vitales. Son las herramientas con las que construyes las historias. Si las herramientas son defectuosas, mal vamos.

No cuidar la ortografía y la gramática indica pereza y falta de respeto al lector, al idioma, a los demás escritores y al arte de la escritura en sí mismo. Una cosa es que se quede una falta aislada o un leísmo que no has visto y otra muy diferente es que te dé igual escribir de cualquier forma. En eso incluyo la actual moda de destrozar el lenguaje pretendiéndolo hacer más “inclusivo”, que solo muestra desconocimiento del español.

Disfruta del proceso

No hay prisa. Paso a paso se aprende a caminar y luego a correr. Escribir puede ser doloroso y difícil a veces, no te voy a decir que no. Pero también es muy gratificante ir descubriendo la historia, mostrarla al lector poco a poco, jugar con lo que dices y lo que no para tratar de que él piense tal o cual cosa y no descubra ese giro que vas a hacer varias páginas adelante.

Escribir un libro es un proceso maravilloso que merece ser disfrutado mientras se recorre. No te saltes pasos, ni siquiera los que puedan parecer más aburridos. Persevera y avanza, aunque sea poco a poco. Esa es la clave.

Seguir Jorge Sáez Criado:

Jorge Sáez Criado tiene una doble vida: unos días escribe sobre espiritualidad y otros hace sufrir a personajes imaginarios que se enfrentan a épicas batallas entre el bien y el mal. Informático durante el día y escritor durante la noche, este padre de familia numerosa escribe historias con una marcada visión positiva de la vida sin dejar de lado una de las principales funciones de la ficción: explorar la verdad.