Del cristiano se espera heroísmo

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Heroísmo cristianoHace un tiempo escribí una entrada que ha tenido bastantes visitas titulada La Iglesia de los héroes. En ella recordaba que esta, nuestra Iglesia, la Iglesia Católica, es una Iglesia de héroes desde su mismo principio.

Y, por tanto, lo que ahora escribo no deja de ser una consecuencia lógica de todo eso. Porque el cristiano está llamado al heroísmo. Es lo que se espera de él.

¿Acaso el cristiano puede ser alguien que se deja llevar, alguien que se acobarda ante los poderes de la tierra? ¡Ni siquiera ante los poderes del infierno deberíamos temblar! ¿Se nos ha olvidado que “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros“? (Rm 8, 31). No estamos llamados al conformismo. No estamos llamados a quedarnos mirando, impasibles, si acaso rezongando por lo bajo (o en las redes sociales, que viene a ser lo mismo), cómo el mundo se va al traste, cómo todo va en contra de nuestra fe.

El cristiano está llamado a la lucha. A la lucha diaria, siempre. Quizá incluso a una lucha extraordinaria, a un testimonio especial que te ponga más de lo normal “en el punto de mira” del enemigo. Aunque hay que tener siempre presente lo que indicó S. Josemaría en el punto 204 de Camino: “¡Cuántos que se dejarían enclavar en una cruz, ante la mirada atónita de millares de espectadores, no saben sufrir cristianamente los alfilerazos de cada día! Piensa, entonces, qué es lo más heroico“. No se trata de dar espectáculo ni de satisfacer nuestros egocentrismos buscando aplausos. Eso es como lo de los fariseos rezando de forma que los vean todos. Así ya han tenido su paga.

El primer heroísmo es el de cada día. El de vencerse a sí mismo, el de ser coherente. El de atreverse a ser cristiano (¡y que se note!) en un entorno que no solo no es favorable, sino que puede ser hostil. Dar el testimonio de palabras y obras aunque nadie más lo vaya a apreciar, aunque lo único que nos llevemos sean burlas.

El heroísmo de sonreír a ese que me cae tan mal, de defender a la Iglesia cuando el de al lado empieza a despotricar, de rezar por esos que desearían vernos incluso muertos. El heroísmo de ir contracorriente. De no votar a quienes no respetan los principios no negociables que nos recordaba Benedicto XVI. De impregnar toda tu vida de Cristo. Quizá no sea, como dice S. Josemaría, dejarse clavar en una cruz. Pero son muchos y continuados alfilerazos que marcan el carácter y demuestran de qué pasta estamos hechos, si de verdad tenemos fe o es solo un complemento como podría ser un sombrero o un bolso.

El heroísmo cotidiano que te desgasta poco a poco, que define lo que eres, en lo que de verdad crees. Ese, para empezar. Y tal vez el de las grandes luchas también sea necesario. Pero “el que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho” (Lc 16, 10).

Quizá cuando nos decidamos por fin a ser lo que implica ser cristiano consigamos cambiar el mundo. Quizá.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Soy un padre de familia numerosa enamorado de la palabra (y de mi mujer), y estoy convencido de que escribir puede ayudar a cambiar el mundo. Doy forma a mundos que solo existen en mi mente y también escribo no ficción espiritual. Mi objetivo: transformar tu vida.