Hay algo que parece repeler a mucha gente. Algo que, cuando se lo dices, ves cómo cambian la expresión. Quizá poniendo cara de póquer. Quizá añadiendo tensión.
Algo que es lógico y perfectamente normal. Pero que no es cómodo.
Y es tan simple como que cada uno tiene la responsabilidad de su propia vida.
Todo proceso de coaching parte de la base de que el cliente es el único responsable de lo que hace o deja de hacer.
Es decir, si quieres un cambio, tienes que actuar para conseguir ese cambio.
Nadie lo va a hacer por ti.
Absolutamente nadie.
Además, y eso es lo que más duele, estoy seguro, tienes que dejar atrás el victimismo.
Tienes que dejar de responsabilizar a los demás de lo que te ocurre.
Ojo, esto no quiere decir que minimices si alguien te ha hecho daño ni que otros no sean culpables de causarte algún tipo de perjuicio.
Pero culpabilidad y responsabilidad son cosas diferentes.
Tú eres el responsable de lo que haces con lo que te ocurre. De cómo lo utilizas.
Por eso, ante las mismas situaciones, hay quienes se hunden y quienes se elevan como faros para los demás.
Ya me ha ocurrido en alguna ocasión: en una sesión le animo al cliente a dejar atrás el victimismo, a tomar la responsabilidad absoluta de su vida… y desaparece misteriosamente. Ni una sesión más.
Y es que es muy cómodo cargar a nuestras circunstancias con cómo vivimos nuestra vida. Es muy cómodo quedarse en el papel de pobrecito de mí.
Es cómodo. No lleva a nada bueno, pero es cómodo.
En cambio, asumir que sí, en efecto, puede haberme ocurrido tal o cual cosa, pero no voy a permitir que eso me defina. Ni lo que diga mi jefe, ni lo que ocurra en la economía. Que soy el único y absoluto responsable de cómo todo eso afecte a mi interior, a mis creencias, a mis valores, a mis acciones.
Eso cuesta.
Pero eso hace crecer. Eso nos da el gobierno de nuestra vida. No podemos cambiar que se ponga a llover o no, pero está en nuestra mano decidir si eso va a suponer que nos ha arruinado la tarde o que podemos pasarla leyendo, avanzando en algo que teníamos parado o saliendo a pesar de la lluvia.
Todo comienza con una decisión muy sencilla: ¿quieres tener tú el control de tu vida o prefieres seguir dejando que sea tu entorno quien lo tenga?
Y esa decisión solo la puedes tomar tú.
¿Qué eliges?








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