Eligiendo la alegría

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Este artículo ha sido publicado en el número 70 de la revista Punto de Encuentro, de la Obra Social de Acogida y Desarrollo. El hilo conductor de este número ha sido la alegría.

Eligiendo la alegría

Mujer alegreHay una interesante paradoja en lo que se refiere a la alegría, y es que no son raras las situaciones en las que te encuentras a personas que «deberían» estar alegres, sea por lo que tienen, por lo que han logrado en la vida o por lo que sea y, en realidad, basta con fijarse un poco para darse cuenta de que no lo están. Se encuentran en una especie de vacío que a veces tratan de llenar con distintos tipos de sustancias y que, incluso, puede llevarles a querer acabar con su propia vida.

En cambio, otras personas que no «deberían» tener ni siquiera la más mínima gana de estar alegres, hasta arriba de problemas serios, incluso en situaciones por las que a nadie le gustaría pasar, resultan ser como un faro para quienes se ponen cerca. Siempre te iluminan porque su alegría es auténtica y, por tanto, pegadiza.

¿Cómo puede darse este contraste?

Podemos enumerar tres factores que influyen de forma determinante en nuestro nivel de alegría.

Para el primero, permíteme proponerte un experimento: cierra los ojos y piensa únicamente en lo que te falta, en lo que no has conseguido, en lo que has perdido, en las personas que te han hecho daño. Solo en eso. ¿Cómo te sientes?

Ahora, abre los ojos, respira profundamente un par de veces, vuelve a cerrarlos y céntrate tan solo en lo que tienes, en lo que sí has conseguido, en lo que disfrutas, en la buena gente que has conocido, en esa persona que te echó una mano. ¿Cómo te sientes ahora?

No pocas veces nos empeñamos en elegir la tristeza en lugar de la alegría. Porque, en efecto, podemos elegirla. Podemos decidir vivir en positivo, tratando de aprender y salir reforzados de los malos momentos, que siempre los habrá.

Es más fácil estar triste, solo hay que dejarse llevar. Pero podemos cambiar esa tendencia. No se trata de cerrar los ojos a lo negativo, sino de utilizarlo no para que nos lleve al fondo, sino para aprender y seguir adelante, centrándonos en avanzar.

El segundo factor implica pensar que hemos llegado a lo que se supone que teníamos que alcanzar. Entonces, nos preguntamos: y ahora, ¿qué? Ese empuje que teníamos para lograr nuestros objetivos va desapareciendo y nos vamos adormeciendo. Ya no sabemos hacia dónde ir. En teoría, tenemos lo que queríamos. Pero nos falta algo muy importante: un propósito al que dirigirnos. Por eso es necesario que nos paremos con calma y nos interroguemos acerca de lo que queremos que sea nuestra vida. No en términos de tener, sino de algo más importante, algo que esté por encima de todo eso.

Y, de ahí, pasamos al tercer factor: contribuir. ¿No te llama la atención que la gente más alegre suele ser la que más ayuda, la que más hace por los demás? Se trata de una expresión de amor, y el amor lleva alegría incluso en el sufrimiento. El amor es un propósito por sí mismo, ya que trata de mejorar la vida de aquel a quien se ama. Y, si amamos como debemos amar, siempre habrá posibilidad de mejora, de avance, de seguir contribuyendo.

Si elegimos el amor auténtico, el de verdad, elegimos la alegría. Es así de sencillo y de complicado. Pero es una elección que tienes que tomar tú.

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Jorge Sáez Criado escritor ciencia ficción y fantasía
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Jorge Sáez Criado tiene una doble vida: unos días escribe sobre espiritualidad y otros hace sufrir a personajes imaginarios que se enfrentan a épicas batallas entre el bien y el mal. Informático durante el día y escritor durante la noche, este padre de familia numerosa escribe historias con una marcada visión positiva de la vida sin dejar de lado una de las principales funciones de la ficción: explorar la verdad.