Renuncio a Satanás

Un cierto día, al prepararme para la Confesión, al hacer el propósito de enmienda, me di cuenta de que más de una vez, aunque sí que quería cambiar y abandonar mis pecados, se trataba de un propósito un poco “light“, por decirlo de alguna manera. Sí, quiero cambiar, pero a la vez quiero caer.

Es curioso. Creo que muchos de nuestros pecados los cometemos porque queremos que ocurran. Y no sólo me refiero al momento de caer (si no ha sido algo voluntario, poco pecado puede ser). Me refiero a nuestra predisposición. Todos tenemos unos ciertos pecados que vuelven una y otra vez. Van unidos a unas ciertas debilidades que cada uno tiene (y debe conocer). Y, en el fondo, muchas veces queremos perder en la batalla contra la tentación. O, incluso, podemos querer a la vez vencer y perder. Seguramente no nos demos cuenta, pero ahí está.

Entonces, pensé que había que rechazar esos pecados pero de verdad. Y costó. Al final, se trata de renunciar a una serie de apegos que parecen formar parte de ti. Y si no se hace de verdad, es más fácil caer de nuevo. No puedo decir que si se hace no se vuelve a caer, pues somos débiles. Pero sí que puedo decir que rechazarlos de verdad ayuda a que le cueste más al enemigo hacernos caer, porque estaremos realmente queriendo la ayuda de Dios para apartarnos de esos apegos.

Eso me recuerda a las promesas bautismales. ¿Cuántos pensamos seriamente en lo que creemos y a lo que renunciamos? Cuando decimos que renunciamos a Satanás, a sus obras, etc, ¿realmente pensamos en una decisión firme y consciente? ¿Estamos realmente dispuestos a rechazar la pereza, el egoísmo, las malas caras cuando alguien que no nos cae bien se nos acerca? ¿Estamos dispuestos a renunciar para siempre a despotricar sobre aquella persona con la que nos llevamos tan mal? ¿Estamos dispuestos a dejar de utilizar ese lenguaje soez?

Creo que es un buen ejercicio repetirse frecuentemente y lentamente, saboreando y pensando cada palabra, esas promesas, haciéndolas concretas en cada uno.

Renuncio a Satanás.
Renuncio a todas sus obras.

Renuncio a todo lo que me pueda ofrecer.
Renuncio a todas sus apariencias y engaños.
Renuncio a mi pereza para estudiar.
Renuncio a pensar que siempre llevo razón.

Y, de la misma manera, agarrarnos a lo que creemos. A aquel en quien creemos. Expresar nuestra confianza plena en Jesucristo, Dios y Salvador nuestro. Con Él, lo podemos todo.

Jorge Sáez Criado
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Jorge Sáez Criado tiene una doble vida: unos días escribe sobre espiritualidad y otros hace sufrir a personajes imaginarios que se enfrentan a épicas batallas entre el bien y el mal. Informático durante el día y escritor durante la noche, este padre de familia numerosa escribe historias con una marcada visión positiva de la vida sin dejar de lado una de las principales funciones de la ficción: explorar la verdad.