La Iglesia de los héroes
En el trabajo tengo dos fondos de escritorio para el ordenador. Uno de ellos es una especie de caballero cruzado con una ballesta. El segundo tiene una cruz de Jerusalén en el centro y pone: «THE CHURCH OF HEROES… THE HOLY CATHOLIC CHURCH!», que traducido al castellano es «LA IGLESIA DE LOS HÉROES… ¡LA SANTA IGLESIA CATÓLICA!«.
Vivimos en un ambiente en el que prácticamente todo va en contra de la Iglesia. Desde casi todos los estamentos se la intenta acallar y apartar de la vida pública. La gente de a pie se traga con gusto cada tontería que se dice sobre la Iglesia, haciendo generalizaciones ridículas a partir de casos puntuales de personas indignas. Pero que serían igualmente indignas si, en lugar de sacerdotes, fueran profesores, políticos o cualquier otra cosa. Sin embargo, todavía estoy esperando que alguien acuse a todo el profesorado de pederasta, por ejemplo. Porque casos de profesores pederastas han salido. Sin embargo, ahí está esa doble vara de medir que se usa tan a la ligera y ante la que tantos católicos callan o, peor aún, la aceptan.
Nos quieren hacer callar. Y buena parte de la culpa la tenemos nosotros, … Sigue leyendo










Si hay algo que hace falta hoy más que nunca es la comunicación de ideas. Estamos inmersos en un ambiente de pensamiento único que es francamente agobiante. Porque, además, ese pensamiento único es políticamente correcto, débil, incapaz de soportar la más mínima crítica (por eso prefiere aplastar a todo el que piense de otra manera antes que entrar al debate). Es un pensamiento que pretende hacer sentir (siempre sentir, siempre lejos de la razón) rebelde, cuando adoptarlo significa la postración suprema ante los poderes mediáticos (que, si no todos, en su gran mayoría lo han adoptado en mayor o menor medida) y quien los utiliza.
El ser humano es una criatura que podríamos decir que está hecha de historias. Somos animales de historias, están en nuestra naturaleza. Desde los albores de la humanidad, contamos historias. «¿Sabes cómo cacé ese mamut? Ahora te lo cuento…» Las contamos a nuestros hijos, muchas veces en forma de cuentos que le servirán para ir asentando los conceptos del bien y del mal. Y, sobre todo, como decía Chesterton, de que
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«La causa de la condenación es ésta: Que la luz ha venido al mundo y los hombres han amado más las tinieblas que la luz. Sus obras eran malas. Todo el que obra el mal odia la luz; y no viene a la luz para que no vean vituperadas sus obras.» (Jn 3, 19-20)